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Paradero Político ¡Y ahora…! I Manuel Castañeda Riou

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en Parador Político

A la memoria de Don José Carlos Robles

Fundador de la Revista Electrónica Flor y Látigo

¡Y ahora…!
I
Manuel Castañeda Riou

Mi más profundo pésame y solidaridad, a los familiares, compañeros y amigos de Don José Carlos Robles
Fundador de la Revista Electrónica Flor y Látigo.
Nos encontraremos en el camino.
Adiós.

Un mexicano consciente de su país y sobre todo de su nación ante tales reformas:
• Primero debería de meditar si dichas reformas le irán a beneficiar.
• Si tales reformas le impactarán de corto, mediano y largo plazo, para que no sólo el único beneficiado sea el gobierno o los empresarios, sino que impacte realmente al gobernado promedio.

Paradero Político ¡Y ahora…..! Manuel Castañeda Riou

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en Parador Político

Mi más profundo pésame y solidaridad, a los familiares, compañeros y amigos de Don José Carlos Robles
Fundador de la Revista Electrónica Flor y Látigo.
Nos encontraremos en el camino.
Adiós.

La llegada de la “clase política” al poder, está en proceso de promulgar las leyes en materia energética que entrarán en vigor este año y cuya visión empresarial y “echada pa´ delante” traerá según el discurso peñista: nuevas inversiones; un futuro muy promisorio (no se sabe si para todos); un país más justo (¡en cuanto a qué!, o a quiénes se refiere); pero en materia empresarial es para el gusto de unos y para el conglomerado mexicano, una cuestión a observar con lupa de lo que aquí en adelante hagan en aquella materia que por su complejidad en materias tales como: el sindicalismo (materia laboral); finanzas; hacendaria; técnica petrolera; ingeniería; infraestructura petrolera; contaduría (compra y venta del petróleo); ecología; entre otras materias a discutir, además de una serie de tecnicismos que este tema implicaba, debiéndose de agotar muchos temas, pero que la premura para aprobarla, no implicaba debate sino más bien “claridad de apoyos políticos”, negociaciones con pares políticos (priístas=panistas=verde ecologistas=nuevos aliancistas y uno que otro izquierdista atolondrado que creyó ser visionario), les redituaría apoyos políticos en lo inmediato y con carácter de urgente a elecciones por venir.
¡Pero! ¿Dónde estuvo la visión de Estado?; ¿A qué manos ira a parar ese valioso recurso estratégico?; ¡Verdaderamente aprobaron una reforma, en donde se cuidaron todos los aspectos técnicos y económicos para el aprovechamiento de todos los mexicanos!; ¿Están seguros los Diputados y Senadores que se dicen representantes de la Soberanía y el Federalismo, qué actuaron en función de sus representados?;

Paradero Político Las formas de hacer política Manuel Castañeda Riou

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en Información General, Parador Político

La entrada de los políticos en la escena pública a partir del 2012, cuando acabamos de terminar un sexenio difícil, complejo, para otros tantos terrible por el baño de sangre que se desató contra la delincuencia organizada y para otros pocos exitoso; nos despertábamos con que las elecciones serían limpias, que el PRI posiblemente ganaría (y ganó) que le iría mejor al país si el priísmo volviera al puesto que siempre había ocupado –puesto que en la lógica era mejor el diablo conocido, que diablo por conocer-; al fin de cuentas para el panismo como oposición (y ni tanto) se le había encomendado seguir con el ahora viejo proyecto económico, sin sobresaltos.
Por ello no es raro pensar que el priísmo nunca se fue, siempre estuvo ahí como asesor incómodo, como estratega político, como razón de estado, como protector de intereses, pero siempre seguro de ejercer el poder a como ellos le entienden. Y así fue, con la entrada del nuevo grupo en el poder que ahora lo detenta, puesto que las cosas no iban a mejorar, por lo menos hasta que las reformas no llegarán –claro, lo sostenido por el discurso político actual-. Sin embargo, como viejo zorro, también salió el zorrillo, ya que con dichas reformas todo empezó a analizarse y por el lado contrario a argumentar la defensa del gobierno-gerencial –que también tiene argumento-, pero como siempre del lado de más fuerte, “del que vence sino por la ley, por la fuerza de las grandes influencias siempre económicas”, que por ende no son siempre de la sensatez o de la razón más noble.

Puesto que lo que vemos como ciudadanos (con asombro, espasmo, coraje, tristeza y/o simplemente rabia), es el clásico agandalle gubernamental –te lo digo por la buena, pero si no lo entiendes, simplemente será por la mala, ¡vaya dilema, vaya forma de ejercer el poder!-. Pero no era raro, ya sabíamos cómo hacia la política el viejo partido; ya sabíamos con quienes estaban comprometidos y para que gentes; ya sabíamos que las reformas se implementarían sin el ánimo democrático que todo democracia legislativa debería de tener en el debate que se debería de tener (de altura, ¡no!); ya considerábamos que los partidos entrarían en un tipo de pacto de perversidades y arreglos; ya nos habíamos percatado que el cinismo llegaría a grados considerables, pero no habíamos tomado en cuenta que se irían al pleno extremo; tampoco tomaríamos en cuenta que la realidad tan cambiante en éste país, sería todavía aún más cambiante y con todo lo que va a conllevar esta reformas. Pero lo que más asombra es la impavidez en la que casi todo el pueblo esta, sorprende la falta de interés de lo público, la falta de interesarse de lo que fue alguna vez el estado, -lo que no se tiene para uno, no se tendrá para con los demás-.
Ojalá que éstas reformas traigan un estado más consolidado, más fuerte, más vigoroso, más visionario –eso sería el deseo-.
Pero faltará ver si todo lo que se dijo en el discurso llegará más rápido que tarde, puesto que de tardarse, la sociedad no esperara, seguirá su camino imbatible como históricamente ha sido y sino buscará por todo los medios estar bien, acosta de lo que sea, ya que también esto es una razón de estado.

Soledades a contrapunto

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

“Escribir es, siempre, convocar fantasmas. Escribo: convoco fantasmas. Convoco fantasmas: escribo”, nos dice Julieta Campos en Un heroísmo secreto. Para quienes asumimos a diario las batallas colaterales al oficio de escribir, aquellos fantasmas son de gran ayuda tanto en la confección de un texto como en su consistente lectura, y no es para menos, puesto que la literatura, como aquel cuento de Juan José Arreola, es el lugar de las apariciones.

Cazadora de fantasmas sin remitente, Valeria Luiselli nos entrega su primera novela, Los ingrávidos, a guisa de experiencia en ese “lugar de las apariciones”, donde una voz inusitada habla por persona interpósita para dar fe de su tránsito por el mundo; concretamente, en la ciudad donde radica la autora, Nueva York, escenario dúplex para dos historias en apariencia opuestas.

Entre los quehaceres de una asalariada del ámbito editorial, madre de dos hijos, y lectora en horas 24, para más señas, se le presenta una insólita aparición literaria, Contemporáneo por partida doble, y de quien suscribirá su itinerario por esa ciudad (aunque, por decirlo de alguna forma, ninguna urbe suele ser la misma): Todo empezó en otra ciudad y en otra vida, anterior a ésta de ahora pero posterior a aquélla. Por eso no puedo escribir esta historia como yo quisiera –como si todavía estuviera ahí en fuera sólo esa otra persona–. Me cuesta hablar de calles y de caras como si aún las recorriera todos los días. No encuentro los tiempos verbales precisos. […]

En ese juego de tiempos (y de lecturas, por consiguiente), aparece ese extraño inquilino en la vida de la narradora, de improviso entre sus oficios lectores en la editorial donde trabaja. Entre White y Minni (jefe y compañera de trabajo, respectivamente) y una flota de autores tan disímiles como Carlos Díaz Dufoo Jr., Josefina Vicens e Inés Arredondo, aparece en escena un sujeto llamado Gilberto Owen: primero, como otro autor por editar (en aras de ser absolutamente novedoso, o por lo menos, de salir avante del paso editorial), para después volverse compañero de ruta por una ciudad que, como si en ello se definiera el concepto de ciudadanía, sigue tratando como forasteros a sus habitantes. Un viernes por la tarde, mientras hojeaba libros en la biblioteca de la Universidad de Columbia para llevar a la editorial […] di con una carta del poeta Gilberto Owen a Xavier Villaurrutia: “Vivo en Morningside Av. 63. En la ventana derecha hay una maceta que parece una lámpara. Tiene redondas llamas verdes…”.

Una vez que se convoca al otro narrador de esta historia, tanto la vida de la joven editora como la presencia del autor de Novela como nube, se alterna en un sube y baja de encuentros, vivencias (¿acaso ensoñaciones?) dentro de un ambiente repleto de ausencias. Para Owen, las de sus hijos, las de un prominente Federico García Lorca (aún en proceso de volverse poeta en Nueva York) y los ecos de Clementina Otero, inclusive hasta las de sus compañeros de ruta (Contemporáneos a la distancia); mientras que para ella, éstas se concretan en un marido guionista de entrada por salida, una bebé todavía sin hablar y en el hijo mayor, llamado el mediano, entre dos tamaños del asombro. ¿De qué es tu libro, mamá?/ Es una novela de fantasmas./ ¿Da miedo?/ No, pero da un poco de tristeza./ ¿Por qué? ¿Porque están muertos?/ No, no están muertos./ Entonces no son tan fantasmas./ No, no son fantasmas.

Mientras la narradora transita por los andenes de la edición, en el tiempo que le queda libre se enfrasca en la escritura de una novela, donde personajes tan atípicos como Dakota (experiencia acústica en el abismo de la cubeta) y Moby (falsario vendedor de pasados artificiales) aparecen y desaparecen a su antojo; incluso, de tan subrepticios que son, no sabemos si fueron inventados, o simplemente están de paso, a la vera de otra historia para contar. Todo es ficción, le digo a mi marido, pero no me cree./ ¿No estabas escribiendo una novela sobre Owen?/ Sí, le digo, es un libro sobre el fantasma de Gilberto Owen. (¿Será cierto?)

Respecto a la estructura de la novela, tanto los recuerdos de Owen como las andanzas de la narradora encuentran en el fragmento (llámese párrafo corto, apunte marginal, nota al calce, o tarjeta de visita) su recurso ideal para la sucesión y ulterior desarrollo de ambas historias, hasta finalmente fusionarse en una sola línea, donde se trastocarán dos mundos en oposición aparente, como dos trenes al paso en una estación del Metro (subway). Paréntesis aparte: cada uno de los fragmentos que conforman la novela, funcionan a semejanza de los vagones del Metro, es decir, como pequeños universos donde se delate una sensación inesperada, cita a ciegas con el destino, quizás invitación al viaje: El metro, sus múltiples paradas, sus averías, sus aceleraciones repentinas, sus zonas oscuras, podría funcionar como esquema del tiempo de esa otra novela./ El metro me acercaba a las cosas muertas; a la muerte de las cosas. […].

En las vidas paralelas de Owen y de la narradora editorial, dos personajes funcionan como sus leales correspondencias, enlaces entre el tiempo y la palabra: Homer Collyer y el mediano. En el primero, los recuerdos y el eco que de éstos queda en la vida, para Owen son la guía ineludible por parte de un vidente ciego; para el segundo caso, entre neologismos (trabajorio, Consincara, tornado de giraviento) y una enorme capacidad de asombro, latente en su proteico estado infantil, es para la narradora su tabla de salvación, antes que la realidad o la desmemoria la disperse hacia el silencio, cuyo cerco la bebé comienza a romper…

Con todo, en esta novela se alternan sucesivamente dos universos en apariencia opuestos, con el fin de significarse en una ciudad donde hasta la más nimia ocurrencia (o neologismo, o bagatela coleccionable) resumen los latidos de una vida. Desde el territorio libre de la página en blanco, y en el empeño de conjurar fantasmas, siempre saldrán a nuestro encuentro uno, dos, tres, varias soledades a contrapunto, cuyas travesías interiores ejecutan un secreto mecanismo, capaces de remover hasta la sensibilidad más escondida de su lector en potencia, porque, después de todo, y como asegura Vicente Quirarte respecto de Gilberto Owen, “El escritor es el muerto que nunca acaba de irse”. Y en Los ingrávidos quede ya la evidencia de su transitoriedad. (Lo demás, sólo el tiempo… y los lectores.)

Valeria Luiselli. Los ingrávidos. México, Sexto Piso, 2011.

babelises@hotmail.com

¡CIUDADANOS AL PODER!

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en Información General

Praxis Política: Por Ramón Sifri                                     16-VII-14

“Crear conciencias, es empezar a sacudir voluntades”

Ante el retorno del caciquismo, opacidad, complicidad, cuatachismo, compadrazgo e impunidad, al más viejo estilo tricolor de los 80’s, se abre una vía que debe ser utilizada con prontitud e inteligencia, para cambiar, positivamente, el destino de una sociedad olvidada, marginada, explotada y humillada por una clase política que su único interés sigue siendo mantener privilegios, cotos de poder y control político-económico para aumentar su posicionamiento personal, familiar y sectorial, de eso no queda la menor de las dudas. El destino de los ciudadanos mexicanos NUNCA ha importado y mucho menos contado -a la hora de tomar decisiones- para la clase gobernante, legislativa y judicial de la República. Si gentil lector, los mexicanos bien nacidos, cuentan ya con una opción real para transformar el presente y futuro de sus familiares y de nuestra gran nación, me refiero a la iniciativa ciudadana y candidaturas independientes, que hoy, son toda una realidad. En el caso de candidaturas independientes a cargos de elección popular, podrán utilizarse a partir del próximo año (2015), donde se llevarán a cabo elecciones en más de una docena de entidades federativas. En el tema de la iniciativa ciudadana, también quedó vigente a partir de que la SCJN avalara su legalidad y legitimidad apenas unas cuantas semanas. En otras palabras,   con estas dos nuevas figuras, por fin, los ciudadanos podemos prescindir de los nefastos, carísimos e inútiles servicios de TODOS LOS PARTIDOS POLITICOS y de pseudo-polítiquillos chicharroneros, tranzas y sinvergüenzas, que salvo rarísimas excepciones, se han despachado con cuchara gran-do-to-ta, y han abusado de la representación -quienes fueron electos- del pueblo de México. Es decir, los ciudadanos bien nacidos de la República Mexicana, ya no necesitamos a NINGUN partido y NINGUN coordinador legislativo, “pluris” (que ni sus familiares votaron por ellos) para que lleven o representen las inquietudes, justos reclamos o verdaderos intereses de millones de mexicanos que, sexenio tras sexenio, siguen esperando atención, justicia, salud, educación, vivienda, empleo, alimentos y muchos otros pendientes que siguen en la ignominiosa congeladora legislativa. Y aunque usted no lo crea, esto ya es una realidad, que dependerá de usted y únicamente de usted respetable ciber-lector, utilizar estas dos nuevas figuras, para que, POR FIN, se termine con una bola de ineptos, haraganes, buenos para nada, dizque legisladores y se elijan a ciudadanos, decentes, honestos y trabajadores, porque los hay y muchos, para que se pongan a trabajar TODOS los días en la construcción de un nuevo México y busquen ser un verdadero equilibrio entre los tan presumidos, pero insensibles Poderes de la Unión, que hasta ahora no han servido para absolutamente nada, que no sea para hacer inmensamente ricos a unos cuantos y perversamente pobres a más de 75 millones de mexicanos! Como dice el clásico, el balón está en la cancha ciudadana y el trabajo, por ende, será de las organizaciones civiles y de millones de mexicanos bien nacidos para que asistan al aula, fabrica, mercados, tiendas, plazas públicas, ejidos, comunidades, pueblos, rancherías, estados, alcaldías, municipios y empiecen a organizar y convencer al ciudadano común y corriente, más común que corriente, por supuesto, de las bondades de estar OR-GA-NI-ZA-DOS para postular a los mejores hombres y mujeres (50 y 50 % ) a diputados locales y federales, presidentes municipales, senadores, gobernadores y presidente de la República, sin necesidad de que algún partido político haga “el favor” de postularlos para algún cargo de los anteriormente señalados. En síntesis, ahora los partidos políticos pueden y deben quedar despedidos de toda actividad política o cargo de elección popular por quienes mandan, es decir; por el pueblo. Que ya se ha dicho, en reiteradas oportunidades y por diversos medios, está hasta la madre de tanto microbio, amibas, tarántulas, pulpos chupeteadores, diría mi compadre Palillo y ahora hasta enervados marihuanitos aprendices no del arte de la política, sino de la grilla barata a la que se acostumbraron en los últimos 36 años. Por otra parte, en lo referente a la iniciativa ciudadana, tampoco se va a necesitar de los servicios de ningún partido político, diputados, locales o federales, senadores, gobernadores, ni del mismísimo presidente de la república para que el ciudadano de a pie, haga llegar al pomposo, incipiente e inútil Congreso de la Unión, las solicitudes de nuevas reformas, leyes, reglamentos, peticiones o denuncias ciudadanas que redunden en beneficio del país y de la República. Basta con que la ciudadanía se organice en su calle, colonia, unidad habitacional o en la alameda de su región para que juntos y en armonía, discutan, analicen y hagan llegar por escrito su iniciativa ciudadana para que en su caso, se apruebe o rechace, por los nuevos legisladores ciudadanos que deben surgir de la base de la sociedad y no de las cúpulas partidistas que solamente privilegia la corrupción, componendas, consensos, pactos y acuerdos que beneficia solamente a unos cuantos muertos de hambre de ayer que hoy comen de prisa. Digamos NO a descastados, traidores y pusilánimes legisladores, pseudo dirigentes partidistas de ochentava categoría que tienen secuestrada la democracia, la justicia, igualdad y libertad. Sin temor a equivocaciones, volvemos a reiterar, sin duda alguna: “Los verdaderos líderes que necesita el país, están en la sociedad civil, NO en los partidos políticos”. Se encuentran en la montaña, colonias, fraccionamientos, unidades habitacionales, delegaciones, universidades, centros de trabajo, estados o municipios. Es hora de terminar con la vieja y maliciosa idea que para acceder a un puesto de elección popular, o ser escuchado en sus reclamos, necesidades o legitimas aspiraciones, necesariamente, los ciudadanos bien nacidos, tienen que comprar candidaturas a los presidentes en turno de la partidocracia y entrarle a la mafia de unos cuantos rufianes que se agrupan en los centros de corrupción e infamia más despreciables y ruines, mejor conocidas como las Juntas de Coordinación Política ò para ser congruentes entre lo que se dice y hace sería mejor identificarlas como (Junta de Corrupción Política) que son manipuladas, maiceadas y controladas por los de hasta mero arriba. El que tenga ojos para ver….que vea; y el que tenga oídos para escuchar….que escuche.

Dietario para una vida

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

El bibliófilo y navegante de las letras mexicanas, José Luis Martínez, daba a quienes convivían con él un sabio consejo en cuanto a los menesteres de la investigación: el dato aislado merece el espacio de la ficha de trabajo, mientras que los datos o referencias de largo aliento requieren, ineludiblemente, integrarse a un cuaderno. Aditamento de trabajo infaltable en toda labor de escritura, cuenta con una doble fidelidad: por un lado, es el espacio donde el escritor se compromete a no perder destreza mientras llega el momento de preparar su obra maestra, y, por el otro, como catalizador para los pruritos en turno. Sea como diario, bitácora, logbook, libreta de tránsito, o moleskine, no hay autor sin cuaderno que le acompañe día tras día, para sobrellevar tanto las amarguras en turno como las inusitadas alegrías.

Consciente de esta ineludible relación, Brenda Lozano –usuaria y admiradora del objeto en cuestión– nos entrega, a guisa de segunda novela, un Cuaderno ideal, donde todo se permita, aunque en realidad nada sea para tanto. La narradora, correctora en horas 24, en vista del próximo viaje que hará su pareja, Jonás, y en el tiempo que dure la espera, se propone llevar un cuaderno y así dar libre curso a sus sensaciones, angustias, hallazgos e inclusive dudas respecto a su condición de mujer esperanzada, Penélope reloaded que no requiere nada más aparte del cuaderno de marras y una pluma Bic. Encontré mi combinación: cuaderno Scribe para diario y cuaderno Ideal para la ficción. Éste es mi matrimonio. Géminis por fin se hace uno. Hoy es un día feliz en el que encontré cuadernos Scribe e Ideal arrumbados, empolvados, en una papelería en la calle Alfonso Reyes. Eran los últimos. […]

Alguna vez, Vicente Quirarte decía que de todos los instrumentos imprescindibles del escritor, el cuaderno todavía genera la misma sensación que cuando se estrenan útiles escolares en la primaria. Con una libreta (entre más bonita, menos tentados estaremos de usarla) hacemos tareas nunca pedidas, como aquella que la narradora se impone desde el principio de su espera, buscando en el cuaderno personal un (posible) espejo: No dije que le regalé a Jonás un cuaderno igual a éste para que tuviera un gemelo. Un cuaderno en el DF, otro en Madrid. Como los gemelos de Siracusa. Un cuaderno Ideal que compré para Jonás, iguales como dos gotas de agua, un gemelo que no conoce las andanzas del otro. Quizás si el mío se cae el otro se mancha súbitamente. (Placer de döppelganger, ¿no creen?)

Mientras se desata la espera de esta Penélope que teje calceta con bolígrafo y letra pequeña, también se suscita una serie de hallazgos donde el mundo que tiene por suerte en leer, se torna igual de asombroso que desconcertante. Tercera noche sin Jonás. Tengo sueño. Estoy acostada. El gato juega en la sala con el lápiz que se me cayó; yo tengo cada vez más sueño. El gato y yo somos como los dos turnos en la recepción de una oficina: alguno de los dos atiende el mostrador. No sé, desde luego, qué quiere decir eso, pero es el tipo de cosas que escribo como jugando con este lápiz. Escribir es mi forma de ser gato y de tirar pelos o frases, en el sillón.

Hagamos un alto en el camino. ¿Qué entendemos por ideal? (Según como se vea, me atrevo a responder.) Cuando deseamos deshacernos de una angustia que no nos deja en paz, verterla en hojas blancas (o rayadas, como las olas del mar) es un alivio; pero cuando una cosa vista en el trajín del día tras día suscita el asombro, nos saca una sonrisa, o por lo menos, fragmente toda rutina; por supuesto, esto también constituye un alivio. Mi cuaderno ideal es música de bolsillo. Un cuaderno ideal es también un karaoke. Un cuaderno ideal en su infancia sirve de posavasos, en edad madura sirve para trabar puertas. Un cuaderno ideal en edad reproductiva abre sus dos páginas aunque sea tarde, se abre de páginas incluso un domingo en la madrugada, como ahora. Un cuaderno ideal también es un teléfono. […] (Es decir ¿lo que guste y mande el autor? ¿Aquello que es imperioso rescatar del olvido? ¿Las palabras que no caben un correo electrónico, un SMS o una tarjeta de visita? No dudaría en suscribir alguna de esas posibilidades, aunque todas se quedarían cortas.)

La metamorfosis es la continuación de la historia de un personaje: puede ser un castigo o un regalo. Me pregunto si la palabra escrita tiene el mismo poder, si las palabras nos cambian así. Si escribir o leer nos metamorfosean. La diferencia entre un texto de largo aliento y la celeridad de un post-it, se destaca por la cantidad de lecturas hechas a lo largo de una vida; para los fragmentos que conforman Cuaderno ideal, el transcurso del tiempo puede enunciarse en batallas campales entre un gato y el alambrito del pan, en diatribas a favor del aromatizante para pisos Poet, en las vidas paralelas de su familia allende el Atlántico, y hasta en la disyuntiva de elegir la mejor interpretación de Wild is the wind: si con Nina Simone o con David Bowie. A final de cuentas, lo que parece suntuosa bagatela, se convierte en crónica del instante: Cambiar. Desconocerse es más importante que conocerse. Y qué mejor manera de confirmarlo que escribiendo a ciegas, como quien lanza una botella al mar; o un tuit en la clandestinidad de la madrugada.

Si sabemos descifrar sus hojas de ruta, encontraremos tres referencias primordiales en cuanto al carácter fragmentario de la novela; se escucha el eco de Cómo es –novela compuesta en fragmentos falsamente inconexos– de Samuel Beckett, como también el punzante rigor de los aforismos de E. M. Cioran. Sin embargo, Cuaderno ideal cumple una deuda de admiración con El libro vacío de Josefina Vicens. Si encontrara una primera frase, fuerte, precisa, impresionante, tal vez la segunda me sería más fácil y la tercera vendría por sí misma. El verdadero problema está en el arranque, en el punto de partida. Estas líneas de la novela antes referida resuenan al momento de urdir una frase nueva, o un párrafo pendiente que consigne la constancia del escritor, en recompensa por una paciencia lectora del mundo no escrito, suscribiendo una expresión de Italo Calvino. (La piñata de Proust, los Beatles por la mañana, y hasta invocaciones a la Santa del Bond, la Virgen de la Papelería, la Madonna del Xerox, o el Santo Niño de las Becas, son apenas pequeñas muestras sobre cómo trasladar el mundo no escrito hacia la otra orilla… del cuaderno en turno.)

¿Por qué leer Cuaderno ideal? ¿Para descubrir, de una vez por todas, que hay mucho de Ulises en Penélope? ¿Para develarnos lo más profundo de lo más banal? ¿O quizá para entender que somos seres de fragmentos, cuya disposición definitiva reside en un oráculo de tinta y papel? Sobra decir que para todas las preguntas la respuesta es afirmativa, aunque habría que agregar una respuesta más: para descubrir minúsculos mundos posibles (como los que sueña el gato que lucha contra el alambrito del pan) donde la realidad sea menos accidentada, ni toda espera se prolongue cada vez que la libreta de guardia se acabe; dietario para una vida en proceso de construcción, donde todos los incidentes y temas periféricos adquieren notoriedad gracias a un sano contrapunto entre una pluma constante y un cuaderno leal, a prueba de tiempo. (Para lo demás, borrón y cuenta nueva…)

Brenda Lozano. Cuaderno ideal. México, Alfaguara, 2014.

(babelises@hotmail.com)

Cartas de navegación

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna entrevista (de las pocas que se permitió conceder), el escritor rumano E. M. Cioran declaró a los cuatro vientos que sólo existen los autores que son releídos; razón no le faltaba –al menos, en parte– porque al releer a los autores que suelen acompañarnos a lo largo de una vida, les regalamos una ración de vida para que su presencia sea notoria y no exenta de sorpresas ante nuestros ojos. (Sucede igual con los biógrafos: al adentrarse aún más en el universo de sus biografiados, éstos recuperan fuerza y prosiguen si vida, sin presentarle cuentas a nadie.)

En el caso de las antologías literarias (como en los Best Of en la música), suele darse el mismo caso: viejos conocidos aparecen ante nuestros ojos para contarnos, nuevamente, su historia. Tal es el caso de Un montón de piedras de Jorge F. Hernández, volumen que consigna por partida doble una constancia en el oficio de Scherezada, y una selección de sus mejores cuentos, aquellos que han resistido la prueba del tiempo, y cuya lectura sigue siendo la primera de todas. Habrá quienes se preocupan por hacer cuentas, cuadrarlas y sumarlas; el escritor, por el contrario, se ocupa en hacer cuentos, encuadrarlos y restarlos… Habrá quienes viven la realidad en constante ajuste de cuentas; el escritor rinde cuentos y, al hacerlo, intenta otra realidad. (Como quien dice, un “corte de caja”.)

Para los viajeros frecuentes de la narrativa de Jorge F. Hernández, resulta francamente familiar encontrarse con viejos conocidos como el pasajero transatlántico de “El huevo de Colón”, donde un vuelo en clase turista se convierte en una comedia delirante enbusiness class; o aquella travesía en el nostálgico blanco y negro de dos pasajeros que suman a su manda épica a un piloto de tierra firme, cuya sustancia –de la que, me imagino, están hechos los sueños– conforma “En las nubes”. (Paréntesis aparte: esos extraños viajeros, parecidos a sendos personajes de la películaCasablanca, son un guiño de ojo a la pasión cinematográfica del autor; por cierto, en su primera novela,La Emperatriz de Lavapiés, el protagonista es parecido al Marcello Mastroianni deSostiene Pereira. Si “el cine es mejor que la vida”, como decía Emilio García Riera, la vida es el mejor de todos los cuentos.)

En este desfile de luminarias, Rosendo Rebolledo, Patrimonio Balvanera, Wang Feng y el dichoso Avellaneda, viajeros del pretérito, conjugan aquellas formas de escribir la historia según el ilustre vecino de la Rue Broca, Pierre Gripari: la historia con hache mayúscula –materia prima de académicos y gambusinos del pasado– y con hache minúscula, restringida a las charlas de sobremesa o al anecdotario familiar. Aún así… Lejos de la pretensión y el acartonamiento, el oficio de historiar ofrece viajes ilimitados y sus circunstancias, aunque registrables y narrables, son alimento ideal de la imaginación y del ensueño.

Por otro lado, cabe resaltar tres cuentos que tienen como hilo conductor a la noche, donde otras historias se dejan fluir y la sorpresa es cosa de esperarse: una delirante vivencia de la ciudad expuesta en “Noche de ronda”; el aprendizaje de unos tránsfugas de la realidad en su empeño por convertirse en glorias del toreo (“Un farol en la noche”), o la deuda de amor de un maestro hacia el autor en espera de sualternativa literaria en “De regalo”: […] siempre he creido… Creo… que no hay mejor universidad que los libros y no te confundas: uno se juega la vida tanto o más que con escribir que con andar toreando… Lo dicho: escribir es torear. […].

Otro cuento digno de resaltar es “True friendship”, donde un hombre que justifique toda omisión y/o ausencia inoportuna, detona en la historia secreta de un fantasma que, luego de muchos artificios, aparece ante el individuo que lo conjuró, para bien, para mal. (Si uno nunca sabe de la amistad verdadera hasta no conocer a Bill Burton, bien diría que el agua de azar –materia prima de todos sus textos– no funciona a la perfección sin la presencia de Jorge F. Hernández.)

El deseo de volverse enano, una partida fantasmal de dominó o una extraña liturgia que desaparece las urnas de una votación, son sólo algunas de las maravillas encontradas en este volumen, que por igual reúne fantasmas entañables (Ángela, hermana del autor), viajes conjurados a la vera del sueño (“El fuego clásico”) y hasta objetos que encierran una historia de amor (“Un romance antiguo”).

Para quienes seguimos con suma devoción la obra de Jorge F. Hernández, esta antología es un glorioso regreso a territorios ya conocidos, así también una incursión por los primeros pasos de un narrador sin par; producto de muchas lecturas (homenajes) de los autores que lo acompañan cada día de su vida. Un sendero de maestros, augurio para una nueva forma de contar una historia.

Un montón de piedras funciona como el remedio que Bastian Baltazar Bux le dio a Fantasía, como la travesía del Rey Mono hacia el Oeste, o como la Ítaca de Constantino Cavafis: un viaje y un destino. (El primero, permitido por gracia de la lectura; el segundo, la experiencia obtenida, es decir, una historia por contar.) Sea como sea, ya no vemos la vida igual después de leer alguno de los cuentos de esta antología. Según el autor, esto obedece a una decisión personal, pero luego que el lector de a pie logra reconocerse, se vuelve un tópico estrictamente personal. Quien lea estas páginas decide si merecen olvido o contarse o contagiarse y compartirse en voz alta en el diálogo del silencio… como hacemos con los recuerdos.

En suma, esta maravillosa antología de cuentos escritos por Jorge F. Hernández, es apenas una mínima muestra de una consumada maestría en el oficio de contar historias (con hache mayúscula y minúscula, por supuesto); cartas de navegación a la espera de un viaje interior, donde sus lectores asiduos continuamos acumulando millas de viajero frecuente (otras historias en espera de contarse) y para que los nuevos pasajeros conozcan “el mejor de los mundos imposibles” –Abel Quezada dixit– que sólo la imaginación, o el mero afán de compartir una historia, puede otorgar en esta vida. Para todo lo demás, queda la lectura. (Así sea.)  

Jorge F. Hernández. Un montón de piedras. Antología de cuentos. México, Alfaguara, 2012.

(babelises@hotmail.com)

Una vida bien narrada

Escrito por Flor y Látigo el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En el empeño ineludible de narrar la vida, hay tres disciplinas literarias (todas hermanas) que se disputan ese privilegio: la historia, la novela y la biografía. La primera se sirve de datos duros y estadísticas, mientras que en la novela su espectro de invención es aún mayor. Ante este panorama, la biografía queda en vilo sobre su posterior proceder, o mejor dicho, busca ser fiel a los datos duros, pero también al interés por parte del lector mediante un estilo atractivo. Como el de una novela. (Difícil tarea, cierto, mas no imposible del todo…)

Una joven e inteligente historiadora, Adriana Fernanda Rivas de la Chica, incursiona en el género biográfico con este primer trabajo en torno a una de las principales figuras de la guerra de Independencia, Ignacio Allende, y cuya intención se dirige en develar más cosas sobre él, y que no fue el personaje secundario como se piensa comúnmente: El interés por este personaje venía de tiempo atrás, pero he de decir que en mucho creció porque era un personaje poco mencionado en comparación con insurgentes como Miguel Hidalgo y Costilla o José María Morelos y Pavón. […] (Aunque se diga hasta el hartazgo que los biógrafos no eligen a su objeto de estudio, sino al contrario, en este libro ambas circunstancias actúan en igualdad de fuerzas; ya veremos qué le deparará en esta empresa.)

Dividido en cuatro capítulos, Ignacio Allende: una biografía da cuenta del desarrollo y acción de este personaje, así como el contexto social, económico y político que le rodeaba, y que de alguna forma hizo mella en su proceder posterior. En el primero, sobre el entorno social y familiar, hay un problema presente en la génesis y formación del futuro insurgente: la agricultura al interior de la Nueva España, al igual que los diversos negocios que los criollos manejaron en sus lugares de origen; todo ello aunado al estira y afloja de los sucesos en la metrópoli, es decir, la España imperial. En estas provincias, con una acendrada organización político-económica, nace Ignacio José de Allende y Unzaga, de quien conoceremos (mediante la mirada ecuánime de Adriana Rivas) su gusto por las labores de su hacienda, el efecto que causaba su interesante personalidad y sobre todo cómo el trato peninsular hacia los suyos prendió en él un firme deseo de corregir las cosas, cambiar su suerte y la de sus familiares. Digno es de notar […] que era una persona que contaba con la amistad de personas reconocidas, que ingresó a la milicia provincial y que desde aproximadamente 1807 ya asistía a tertulias donde se discutían los principales hechos que acaecían en el virreinato. Estos tres factores sin duda desempeñaron un papel importante en la manera en que Allende reaccionó ante los eventos políticos que afectaron a Nueva España a partir de 1808.

Para el segundo capítulo, vemos como su ingreso a en el ejército modeló su carácter algo levantisco; a la par de su aprendizaje militar, fue testigo de los caprichos del poder virreinal: que si contar con un ejército bien dotado era una necesidad o un capricho, que si los tejemanejes del gobernante en turno, en torda circunstancia donde el ejército tuviera presencia importante, siempre habría alguna injerencia del biografiado al respecto. Incluso, en su formación castrense, habría de conocer a varios personajes con quienes se confrontaría una vez iniciada la guerra de Independencia. A fines de 1800 […] Allende viajó a San Luis Potosí, junto con parte de su regimiento, para hacer una estancia de seis meses con el objetivo de apoyar a la compañía de granaderos que se encontraba ahí encantonada. El comandante en jefe de las tropas […] era nada menos que Félix María Calleja del Rey, y al parecer tuvo en muy buen concepto a Allende, ya que lo puso al mando de la compañía de granaderos.

Paréntesis aparte: durante el servicio de Allende en la compañía de Calleja, Rivas de la Chica menciona que fue en ese periodo cuando se persiguió al llamado indio Mariano, Máscara de Oro, quien encabezara el primer levantamiento en contra de la monarquía española a principios del siglo XIX; lo que para nuestra joven historiadora es una nota al pie de página, para Jean Meyer fue tanto un volumen de documentos para la historia de Nayarit como su primera novela, A la voz del Rey. (En algún momento de la vida, historia, novela y biografía debían unirse en esta gloriosa coincidencia. Vivir para ver.)

Con su amplio conocimiento de los problemas imperantes tanto en la península ibérica como en Nueva España, Allende simpatiza con varios círculos conspiracionistas, y respecto a esta faceta se desarrolla el tercer capítulo, donde descubriremos cómo adquirió un enorme compromiso político por generar un cambio en la postrera conducción de su patria; para él, los sucesos de 1808 –que las colonias españolas en América tuvieran cierta autonomía sobre sus asuntos de índole política y económica, sin separarse por entero de la metrópoli– fueron su motivo conductor para buscarle un nuevo porvenir. Sin embargo, Allende no alcanzaría a comprender los alcances de la conspiración de Querétaro, de la que formaba parte junto con el corregidor Miguel Domínguez, su esposa Josefa Ortiz y Miguel Hidalgo, cura del pueblo de Dolores, entre otros personajes de la época, pero ninguno de sus participantes se imaginaría los alcances de ésta, como detonador de un levantamiento armado. Aquel militar de San Miguel el Grande […] se topó con un movimiento que no había imaginado, con una serie de aristas que su mente non contempló y que muchas veces se le fueron de las manos. El movimiento que tanto él como muchos otros tenían en la mente, se desmoronó desde la madrugada del 16 de septiembre de 1810 y no quedó más recurso que tomar las más importantes decisiones sobre la marcha.

El cuarto y último capítulo es el más importante de todos, pues nos presenta a un Ignacio Allende en su justa dimensión, como un hombre de ideas propias y no como suscriptor de los hechos del cura Hidalgo; aunque el movimiento armado los tuviera como sus más confiables líderes (que sí lo eran, claro está), la diferencia entre ellos era abismal. Mientras Hidalgo conducía a un pueblo sin otra cosa que un resentimiento acumulado, Allende, en cambio, buscaba a toda costa mantener el orden y aplicar algo de disciplina militar en los nuevos adherentes a la causa libertaria; lamentablemente, luego de grandes triunfos y sonadas derrotas –como en Puente de Calderón, frente a su antiguo superior Calleja– las fricciones entre ambos se hicieron muy evidentes. Y sin caer en parcialidades y excesos de otras biografías, Adriana Rivas justiprecia la figura de ambos, aun cuando el enemigo verdadero (¿acaso lo hay?) se encuentre dentro del propio ejército. En otras palabras, ninguno negaba las cualidades del otro, pese a que la situación marcara lo contrario. Eso sí, ambos estaban conscientes de no vivir para ver consumada su empresa.

¿Por qué leer Ignacio Allende: una biografía? Para develar mejor la figura del militar insigne, un estratega en potencia que para demostrar su maestría e ingenio encabezó un movimiento armado no destinado a ganar pero sí a generar inquietudes libertarias. También, para convencernos por entero que no hay figuras predominantes en una lucha armada, sino que la suma de varias fuerzas es la que realmente escribe la historia, una que baje a los caudillos del pedestal y del caballo y, a ras de tierra, los haga más próximos a nosotros; una vida bien narrada en aras de ponderar mejor a los personajes esenciales, así también de los sucesos que les dieron forma.

Al finalizar la lectura de esta biografía, no dudaría ni un ápice que Adriana Fernanda Rivas de la Chica ha sabido unir aquellas tres disciplinas literarias referidas al principio de estas notas, porque después de todo, por nimia o sobrevaluada que sea una vida, siempre se puede leer como la más apasionada novela o como la más justa de las historias. Y que el tiempo haga lo suyo. (De verdad.)

Adriana Fernanda Rivas de la Chica. Ignacio Allende: una biografía. México, Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Históricas, 2013 (Historia Moderna y Contemporánea, 62).

 

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