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DE SAINT DENIS A LUZHNIKI

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Hace veinte años, tuve la fortuna de ver los partidos de la Copa Mundial de Futbol, realizada en ese momento en Francia; en la preparatoria todos hacían sus quinielas, que si Brasil, que si Alemania, que si uno u otro equipo, en fin… Una amiga muy querida (hoy radicada en Estados Unidos), luego de compartirme su preferencia por el equipo alemán, me preguntó de sopetón por mi equipo del momento. Luego de pensarlo un poco, le dije, simple y llanamente: Francia. (En ese momento, lo hice por salir del paso, pero el destino se empeñó en consolidar mi preferencia.)

Durante el periodo vacacional, todas las tardes, a la hora de la comida, nos reuníamos mis padres, mis hermanos y quien esto escribe para ver los partidos de Francia 98. Al ver la manera en que se movían los once jugadores del equipo francés, me quedé maravillado, pero más cuando supe su nombre. De esa legendaria alineación (hijos de migrantes, en su mayoría), recuerdo con singular emoción al portero Fabien Barthez (a quien casi emparento con el otro gran Barthes, de nombre Roland), a Thierry Henry (un torbellino en la cancha) y, claro, a Zinedine Zidane, el gran estratega. (Incluso ahora recuerdo que mi primo, alguna vez, me preguntó si tenía una postal de Ronaldo, que una compañía de refrescos te daba a cambio de corcholatas y taparroscas, y luego de responderle que no, le dije que andaba detrás de una de Zidane, por si se daba el caso. ¿Quién nos hubiera dicho que el partido final de la Copa sería entre el Brasil de Ronaldo y les Bleus, con Zidane como capitán?)

El 12 de julio de 1998, la gran final de Francia 98 se dio en el Stade de France, ubicado en el barrio de St. Denis, en la capital francesa. La escuadra verde amarela (en ese entonces, bajo la dirección de Mario Lobo Zagallo) se enfrentaría a los once franceses que habían derrotado a Croacia en semifinales, con Aimé Jacquet en la dirección técnica. Con tres goles (dos de Zidane, uno de Emmanuel Petit), Francia alzó la Copa por primera vez, y aquellos muchachos, que crecieron en la época donde Michel Platini era la leyenda viva del futbol francés, pasaron de ser once jugadores, a volverse los Dioses de St. Denis.

Pero la dicha sólo duró cuatro años: en Corea-Japón 2002, Francia fue eliminada en la primera fase. Y en Alemania 2006, en la gran final, aquellos “dioses” del Stade de France, fueron abatidos por una squadra azurra muy ágil, pero algo tramposa, como el mentado Materazzi, que derrumbó el temple de Zidane, quien fue expulsado del partido. (Recuerdo su imagen, al pasar junto a la Copa con la cabeza baja… y dejando en suspenso su retiro del futbol. Para fortuna nuestra, el tiempo ha sido más clemente con él y ahora sus dotes de estratega las aplica con el Real Madrid.) Al final, todo se definió en penales, e Italia ganó su cuarta copa; el héroe para los aficionados italianos fue Gianluigi Buffon, por su temple en la portería, y por ser un caballero dentro y fuera de ésta. Grandioso retiro hubiera tenido de haber clasificado su equipo a Rusia 2018, pero el tiempo bien sabe por qué hace las cosas. Mis respetos, desde aquí. (Y de Materazzi ¿quién se acuerda? Yo no, eh…)

Tuvieron que pasar dos copas (Sudáfrica 2010, Brasil 2014) para que les Bleus volvieran a figurar entre los mejores del mundo; aquellos niños que presenciaron la proeza de los once Dioses, harían historia en Rusia 2018: Kilian Mbappé, Antoine Griezmann, Paul Pogba, entre otros, sobresalieron de entre otras selecciones nacionales y llegaron al partido definitivo, el grand finale, en el estadio de Luzhniki, que les haría ganar, amén de la segunda Copa para Francia, la admiración y el respeto del público, sea o no francés. (De Croacia, equipo contrincante, bien vale un reconocimiento por su fuerza y aplomo en la cancha; a Luka Modric, como a Davor Suker hace veinte años, le esperan grandes cosas, como el gran jugador que es.)

Como le dije a una colega en Twitter, suscribo y reafirmo mi predilección por el equipo francés; aunque no tuve la suerte de ver a Michel Platini, sí digo con orgullo que he vivido para ver las proezas de Zidane, Barthez y Henry, pero también las de los Caballeros de Luzhniki, frase que, a partir de hoy, usaré para designar a los once jugadores que alzaron la Copa en Rusia. (Después de todo, de St. Denis a Luzhniki sólo han pasado veinte años y tres días, pero la gloria se queda hoy y siempre.)

En estos tiempos, donde todo parece estar en contra nuestra y desconfiamos hasta de nuestra propia fe, recordemos las palabras de un notable escritor francés, Albert Camus, cuya infancia como portero le mostró las claves postreras de la vida: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol.” (De lo demás por venir, no nos faltarán tiempos extra o ronda de penales para descubrirlo por completo.)

Vivez les Bleus!

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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Sofía en el mar, Anna Roig en Chapultepec. El pasado fin de semana tuve la fortuna de asistir a la presentación de la primera novela de Anna Roig, Sofía en el mar, de reciente aparición en la filial mexicana del sello Harper Collins; desde hace algunos meses, ya tenía conocimiento de esta noticia, pero bien dicen que la vida, cuando te lleva por otros derroteros, lo hace para dejarte en el lugar que deseas, y luego de tanto tiempo -y de una escala breve en una conocida librería de Miguel Ángel de Quevedo, para comprar mi ejemplar, a guisa de obsequio cumpleañero-, llegó el momento.

Pasadas las 12 pm, llegué al lugar de la cita: la Librería Porrúa del Bosque de Chapultepec; lamentablemente, ya no alcancé lugar y estuve de pie durante toda la presentación, a cargo de Marisabel Macías Guerrero y uno de los editores de Harper Collins México.

Entre lecturas cruzadas entre la presentadora y el editor, Anna Roig leyó un fragmento de Sofía en el mar, y además compartió con el público cómo fue el nacimiento de su primera novela, la cual tiene elementos de sus viajes por Barcelona y Lucerna, ciudades que dejaron grata huella en el recuerdo como en las libretas que fue llenando con la historia de amor de Sofía y Aleksy. Para concluir la presentación, el público participó con varias preguntas y felicitaciones a una novel narradora, a quien se le desea lo mejor en este ancho y ajeno mundo de las letras.

Luego de una hora y fracción firmando libros y obsequiando saludos a diestra y siniestra, le llegó el turno al firmante de esta columna para obtener la firma de nuestra querida colega, y como ya tenía toda fríamente calculado, saqué la estilográfica de batalla para que Anna hiciera lo propio. “Bien sabemos que eres de tinta sepia -literalmente-, pero hoy es una ocasión especial y amerita un detalle similar: usar la pluma de las escritoras”, le dije. Y Al momento de tomar la estilográfica, Anna se sintió muy cómoda –“le caí muy bien ¿verdad?”-, donde estampó unas cálidas palabras que, al momento de escribir estas líneas, me comprometen a seguir avante en este camino largo que hemos elegido. Y para redondear el momento, cumplí mi deuda con ella: entregarle un ejemplar de Sirenas del MP3 (firmado y toda la cosa), que llevaba tiempo en espera de llegar a sus manos: “Para un primer libro, otro”. Nos despedimos, deseando otras escalas de letras y grata memoria, y, claro, para que este libro viva sus propias aventuras.

Pasadas las 2 pm, y mientras viajaba de regreso a casa, saludé de lejos a un viejo amigo (que sólo veo en abril y en octubre), pero en ese instante, mi alegría de verle fue compartida por el cálido encuentro con Anna Roig, de cuya novela pronto (muy pronto) nos ocuparemos. Por ahora, sólo queda desear que hoy nazca su siguiente lector. (Hoy y siempre, ¡enhorabuena, Anna!)

Diez años de Bonilla Artigas. La semana pasada, me desayuné con la grata noticia de que la editorial Bonilla Artigas cumplió diez años de trayectoria, y cuyo catálogo ha crecido paulatinamente, desde el lanzamiento de su primera publicación, Viaje a México de Adolfo Castañón (que le obsequió el primero de muchos reconocimientos: el Premio Xavier Villaurrutia en 2008).

En la empresa que dirigen Juan Luis Bonilla y Benito Artigas, que lleva más de cien títulos publicados, se han concentrado estudios, antologías y colecciones que recobran la enorme valía de autores como Alfonso Reyes, José Balza, Armida de la Vara (a quien muchos recordamos por textos suyos incluidos en los libros de texto gratuitos), Angelina Muñiz-Huberman, Arturo Souto y hasta una novela no muy conocida de Rodolfo Usigli, todos ellos como parte de Las Semanas del Jardín, bajo el cuidado de Adolfo Castañón, amigo y autor de esta casa editorial.

Mi contacto con Bonilla Artigas se dio a raíz de Viaje a México, que leí con todo gusto y hasta tuve la dicha de asistir a la ceremonia de entrega del Premio Villaurrutia a su autor (cuya crónica se puede leer en mi página personal Nueva República de Babel). Tiempo después, recibí un correo electrónico de Benito Artigas, solicitando mi venia para que aquella crónica se publicara en un volumen de homenaje a Adolfo Castañón, a lo que accedí contento. Luego de hacerle ligeros ajustes, la envié y al paso de los meses, recibí mis ejemplares. (Además del discurso de aceptación del premio, se incluyen textos de Armando González Torres, Alicia Zendejas, Víctor Díaz Arciniega, José de la Colina, Silvia Molina, del escritor dominicano Basilio Belliard… y la crónica de quien esto escribe.)

El mejor homenaje que debe recibir una editorial del calibre intelectual de Bonilla Artigas, es acercándose a sus libros, de variopinta materia. Desde Alfonso Reyes y José Balza hasta Irma Villalpando y Armida de la Vara, no duden en acercarse a su catálogo; se sorprenderán, seguro que sí.

Cita creativa. “Improvisar, a diferencia de lo que pueda pensarse, es algo que surge de la repetición creativa, del ensayo y error cotidiano hasta que el segundo desaparece y sólo resta la magia ensayística. Surge también del trabajo colectivo, en el que cada ejecutante conoce tan bien las posibilidades de su instrumento como las del resto de la banda (o del equipo de investigación), por lo que parece que improvisan, maravillando a todos con un poco de música. La invención tecnológica, como la música de jazz, es apasionadamente cerebral” (Carlos Chimal, Fábrica de colores. La vida del inventor Guillermo González Camarena).

Horas que se quedaron. Mientras revisaba algunas cosas en mi cuenta de Twitter, caí en la cuenta de que me faltó incluir una aportación de una tuitera (que sigo y me sigue), y que, por alguna razón, quedó en la sala de espera. (Hoy le devuelvo su justo lugar, en aras de seguir la conversación.)

Pide al tiempo que vuelva es una agenda. Un apego al tiempo con tinta de colores y pegatinas y todo lo que se le pueda acumular. Por eso, tardo tanto en deshacerme de ellas. (@mauriguza)

Por un reto de lectura. Un viejo amigo, coleccionista de libros firmados, me “etiquetó” en Facebook con un reto muy interesante: mencionar, por veinte días, los libros que hayan cambiado mi vida, susceptibles de releer y que siguen formando parte de mi vida. A decir verdad, me quedé helado al verme involucrado en semejante empresa, pero cuando se trata de libros, no me echo para atrás, acepté gustoso.

Al cumplirse los veinte días, comparto en este espacio hebdomadario el listado de dichas lecturas, en espera de suscitar la conversación como la polémica:

  • Enseres para sobrevivir en la ciudad (Vicente Quirarte).
  • Bartleby, el escribiente (Herman Melville).
  • El mago de Oz (L. Frank Baum).
  • Sostiene Pereira (Antonio Tabucchi).
  • La tempestad (William Shakespeare).
  • Recuento de poemas 1950-1993 (Jaime Sabines).
  • La Emperatriz de Lavapiés (Jorge F. Hernández).
  • El Principito (Antoine de Saint-Exupéry).
  • Sí, ya me acuerdo… (Marcello Mastroianni).
  • Hora de junio y Práctica de vuelo (Carlos Pellicer).
  • Memorias de España 1937 (Elena Garro).
  • La última escala del tramp steamer (Álvaro Mutis).
  • Las ciudades invisibles (Italo Calvino).
  • Del inconveniente de haber nacido (E. M. Cioran).
  • El primer hombre (Albert Camus).
  • Cumpleaños (Carlos Fuentes).
  • Correspondencia 1939-1959 (Alfonso Reyes/Octavio Paz).
  • Un niño en la Revolución mexicana (Andrés Iduarte).
  • Doce cuentos peregrinos (Gabriel García Márquez).
  • Fábrica de colores (Carlos Chimal).

La biblioteca recomienda… Para cerrar el mes cumpleañero (junio, por si gustaban preguntarlo), y en compañía de una maravillosa mujer (a quien obsequié La montaña mágica de Thomas Mann, por cierto), recogí un libro que horas antes había apartado en la sucursal de conocida librería frente al Palacio de Bellas Artes. El título en cuestión: El viaje de los colibríes de Sue Zurita.

Por alguna cosa, cuando me di una vuelta por el remate de libros en el Auditorio Nacional, a principios de abril, no caí en la cuenta de que quien atendía el puesto de Canto de Libro, era, ni más ni menos, que la propia Sue Zurita, pero no fue sino tiempo después, y gracias a una entrevista en la cuenta de Twitter de Escritoras Mexicanas (@escritorasMX_), cuando supe que era ella.

Mi recomendación de esta escala es, precisamente, su primera novela, El viaje de los colibríes. Con todo y que se vea breve (y de fácil lectura, dirían algunos), siempre te deja con ganas de releerla y seguirle encontrando cosas. Y ese efecto sólo lo logran grandes escritoras, cuyas letras sobrepasan todo tiempo. (En algún momento, habré de conocer a Sue en persona, para agradecerle sus letras, su talento, su presencia.)

(Nos leemos pronto, muy pronto. ¡¡Gracias!!)

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COLORES DEL TIEMPO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En su discurso de ingreso a El Colegio Nacional, Jaime Urrutia Fucugauchi define la vida en la academia “en términos de aprender a hacer, saber hacer, hacer y hacer saber”; aunque de todos ellos, el más persistente sea aprender a hacer. En el panorama general de las ciencias, son contados los casos de personas excepcionales que supieron ver más allá del panorama prevaleciente de su época, donde más que seguir trayectorias, de antemano delimitadas, diseñaron su propio mapa de ruta, en aras de aprender a hacer. Sin duda, se trata de los inventores, quienes más allá de las necesidades de su tiempo, fueron conscientes de los pasos de sus antecesores parar abrir brecha propia.

Para el caso de México, encontramos esta figura señera en Guillermo González Camarena, cuyas aportaciones hacen eco hoy en día; sin embargo, una vida como la suya no se define con base a un solo éxito u contribución, sino a los pasos andados para conseguirlo.

LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Julia Carabias en El Colegio Nacional. A mediados de la semana pasada, El Colegio Nacional hizo el siguiente anuncio: la elección de la bióloga Julia Carabias como su nueva integrante. A casi un mes de haber cumplido 75 años de su fundación, la nómina femenina del Colegio va en aumento.

Entre Beatriz de la Fuente (1985) y María Elena Medina-Mora (2006) media una distancia de 21 años; de Medina-Mora a Linda Manzanilla, un año solamente; y de ahí, hasta el ingreso de Concepción Company, diez años. Y de ahí hasta la elección de Carabias, apenas un año.

Todavía es asignatura pendiente el aumento de la presencia femenina en el recinto de Donceles 104, pero como decía un joven clásico, “ahí vamos”. Las ciencias biológicas, sociales y las humanidades ya tienen dignas representantes; para el siguiente anuncio, seguro que recaerá en las ciencias exactas. En fin, es cuestión de esperar.

LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Volver a casa. Desde mi breve escala en el Auditorio Nacional hasta el momento en que escribo estas líneas, han pasado dos meses, en los cuales las lecturas se van acumulando sobre mi mesa de trabajo y las travesías han disminuido por toda suerte de imprevistos. Pero si lo vemos de otra manera, decidí parar el carro.

En mi época de incipiente bloguero, ante la prolongada ausencia de los espacios virtuales, Julia Cuéllar me decía que muchas de las veces, cuando no escribimos, es porque estamos ocupados en vivir las cosas, para luego escribirlas y conservar su esencia, de memoria muchas de las veces.

Ahora que “vuelvo a casa”, es decir, retomar los afanes y los días de esta columna, como en el poema “Ítaca” de Constantino Cavafis, vuelvo lleno de grandes mercancías, entre éstas, las de la memoria, para extender la vida y suscitar enlaces para comprenderla un poco mejor, porque, después de todo, el mejor remedio para soportar la vida de todos los días es el mismo que sugerían los clásicos: Nulla dies sine linea -“ni un día sin escribir”.

REMATE DE BUENAS MEMORIAS

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Hace una semana, el firmante de esta columna se dio tiempo para disfrutar de la 12ª edición del Remate de Libros en el Auditorio Nacional, realizado del 27 de marzo al 3 de abril, casi a la par de la semana santa (como cada año). Con todo y que la semana mayor la dediqué a limpiarme de pendientes en casita, me propuse ir, aunque fuera un solo día. Y así fue.

El lunes 2, aprovechando la hora de comida, y sin más equipaje que mi bolsa de viajero librario -con libreta, botella de agua y libro del momento-, me dirigí al Auditorio Nacional. Pasadas las 3:30, y al momento de subir las escalinatas, alguien que bajaba me hacía señas y al ver que no daba pie con bola, se acercó y mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que se trataba de Mónica Soto Icaza, con un atuendo muy rockstar. ¡Nos saludamos, y antes que otra cosa, saqué de la bolsa mi ejemplar de Grab my pussy!, lo firmó gustosa y después de ello, Mónica se fue a comer y yo, a disfrutar del Auditorio Nacional.

Desde el primer momento, ya tenía en la mira las editoriales donde haría escala obligada. Primero pasé al puesto de Penguin Random House, y ver si entre los libros allí expuestos, estaba uno que me encargó un abogado amigo mío. No tuve suerte, pero no me fui con las manos vacías: compré dos ejemplares de Octavio Paz: el misterio de la vocación de Ángel Gilberto Adame; uno de Saberes y delirios, novela sobre Alexander von Humboldt de José Iturriaga de la Fuente, y La Emperatriz de Lavapiés, del siempre querido Jorge F. Hernández. (Los de Paz y el de Jorge F., para obsequiar, desde luego.)

Seguí recorriendo los puestos en el Auditorio, y en cuanto llegué con la gente de Trilce ediciones, vi que habían puesto a buen precio Escribo a ciegas, de Jorge F. Hernández; sin dudarlo mucho, lo compré de inmediato. “Será un excelente regalo para un amigo mío”, le dije a la encargada, y ésta, me sugirió llevarme todos los ejemplares. “No se preocupe, ya le enviaré gente para ello…”

Subí al segundo piso del Auditorio para bien atender una recomendación de una colega y amiga mía, Guadalupe Vera, y en el stand de Endira compré su novela La ceiba de Zyanya; siete puestos más adelante, en el de la Academia Mexicana de la Lengua, conseguí a precio de risa un libro de José Rojas Garcidueñas, El erudito y el jardín, con prólogo y selección de José Luis Martínez (glorioso centenario de este año).

Casi daban las 4 pm, y con el tiempo encima, me di chance de pasar a dos puestos más: en el de la Universidad Autónoma Metropolitana, compré un libro sobre John Maynard Keynes (para un colega abogado, metido a temas económicos) y Concierto para varias voces y un intérprete, volumen de entrevistas de Dionicio Morales; mientras que en Planeta hice lo propio con La estirpe del silencio de Sandra Lorenzano, su novela más reciente. (Y de ahí, de vuelta a tierras norteñas…)

Y como al azar no le basta un solo día para sorprendernos, el martes 3 -último día del remate- tuve la oportunidad de ir nuevamente: primero acudí al foro “Juan José Arreola” para escuchar a Sandra Lorenzano, quien, al término de su conferencia, firmó mi ejemplar de su novela, adquirida el día anterior, y de ahí me lancé nuevamente al puesto de Penguin Random House por otro ejemplar de La Emperatriz de Lavapiés, y a buscar, de nueva cuenta, el libro que me encargó mi abogado. No tuve suerte con este último, pero el azar me obsequió algo mejor: El reino que no estaba para mí. Conversaciones con Álvaro Mutis de Fernando Quiroz, mismo que no dudé en comprarlo.

Como el tiempo -¡ahora sí!- estaba contado, resolví hacer un recorrido por todo el Auditorio, sin detenerme en más puestos. Al momento de llegar al segundo piso, por la parte derecha del recinto, varias de las editoriales me hacían ojitos para llevarme, al menos, un libro de bajo precio. En el puesto de una editorial de reciente nacimiento, Canto de Libro, vi que una portada me removía un poco la memoria: Buenas noches, desolación, de Sue Zurita. “¡Claro! La misma que vi muy anunciada en Twitter”, me dije. Y la sorpresa se redondeó cuando su autora se estaba tomando fotos con sus lectores. (Un día se me hará conseguir ese libro, y conocer a Sue de primera fuente… Ojalá.) Seguí mi recorrido, e hice de nueva cuenta escala con Endira: ahí seguían las novelas de Guadalupe Vera, esperando lectores nuevos. Con la gente de la Academia Mexicana de la Lengua, además de confirmar que su “éxito de ventas” -para ser su primera vez en el remate- era la antología de José Rojas Garcidueñas, recibí de obsequio un ejemplar de Plus Ultra, de Agustín Yáñez, que disfrutaré llegado el momento.

Al llegar al puesto de Amarillo ediciones, saludé a Mónica Soto Icaza, ataviada con un hermoso vestido, y quien me comentó sobre la poca asistencia al Auditorio Nacional, a diferencia del año anterior; ambos llegamos a la conclusión de que las vacaciones de Semana Santa hicieron de las suyas. Luego de conocer sus libros más vendidos, me mostró uno que, de buenas a primeras, me sorprendió desde el nombre: Monoretrato autólogo. “Le tengo un cariño enorme a este libro y de todos, es el menos comprendido”, me confesó. Más bien, le dije, sigue en espera de su lector ideal, y sin esperarlo siquiera, me obsequió un ejemplar, con todo y firma. “Hay un texto de ese libro en Grab my pussy!, ya sabrás cuál…” Luego de firmarlo con la estilográfica legendaria, platicamos brevemente sobre plumas fuente, y del cómo la mía había sobrevivido a todo tipo de percances desde hace más de diez años. “Le prometí a Sandra Lorenzano hacer una microhistoria de esa pluma”, y Mónica sólo me alcanzó a decir que ya es hora… (Un día, seguro que sí.)

Después de despedirme de Mónica, bajé las escaleras del segundo hacia el vestíbulo en la planta baja, y como suelo hacer en cada visita, me despedí del Auditorio Nacional, como si de un viejo amigo se tratase…

Tanto en el Remate de Libros como en las demás ferias del libro, es ineludible encontrarse grandes sorpresas, con todo y que lleves planeado tu itinerario, así también rostros conocidos, y, por qué no, la satisfacción de llevarse el libro que le cambie la vida, o por lo menos, el día presente. Por ahora, las buenas memorias rematan muy bien mi escala de este año. (¿Qué más resta por decir?)

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LAS HORAS DE MI AGENDA (3° aniversario)

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Arranque de columna. Hace tres años (y conste que apenas caí en la cuenta de ello), quien esto escribe, a un paso de practicar el deporte olímpico del maquinazo, se dio a la tarea de compartir en este espacio los casos y las cosas que en ese instante atraían su atención. El resultado: Las horas de mi agenda. (El origen del nombre lo pueden encontrar en la siguiente dirección: http://florylatigo.org/?p=1154)

Al año siguiente, 2017, se dio un ejercicio interesante de lecturas que atraían otras, como ocurrió en esa ocasión con el epistolario de Octavio Paz y José Luis Martínez; y así como se dan las sorpresas bibliográficas, la sección de comentarios no se quedó atrás con las palabras de un ex compañero de la carrera, que no suscribo, pero tampoco desdeño. (La escena del crimen, aquí: http://florylatigo.org/?p=3612)

MINERÍA ES UN MILAGRO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna ocasión, mencioné que el año -a título personal- no comienza el 1° de enero, sino cuando inicia la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, y este año no puede ser la excepción. Y aunque mis escalas recientes hayan sido más breves que en años anteriores, siempre hay cosas por contar.

El primer día, jueves 23, luego de un ajetreado trayecto de Ciudad Universitaria hasta el Centro Histórico (y sin pila en el celular, para acabarla), llegué al Palacio de Minería para la primera presentación editorial de la FES Acatlán: Lecturas para comprender economía, coordinado por la Dra. Xochitlalli Aroche, y presentado por el Dr. Juan Bravo Zamudio y el Mtro. Luis Ángel Ortiz Palacios. Pero como antes de la presentación tenía unos cuantos minutos a mi favor, pasé al pabellón de la Secretaría de Cultura por algunos libros del Fondo Editorial Tierra Adentro, en particular, cuatro títulos de escritoras de reciente galardón: Ensayo de orquesta de Laura Baeza, Arquitectura del fracaso de Georgina Cebey, El problema de los tres cuerpos de Aniela Rodríguez (muy recomendado en Twitter, por cierto) y el más buscado a lo largo de un año, Todo retrato es pornográfico de Yunuen Díaz. Y de ahí, al Auditorio 4.

Durante cuarenta y cinco minutos, tanto la coordinadora como los presentadores coincidieron en el carácter didáctico del libro, indispensable para los estudiantes de las carreras de Ciencias Socioeconómicas; pero también para los lectores de otras disciplinas, y poner a su alcance los temas económicos, a nivel de suelo, como quien dice. Al final, entre estudiantes de secundaria, preparatoria y hasta universidad, y público asistente a la feria, se llevaron muy buena impresión de ese libro. (A la Dra. Aroche, mi más profundo reconocimiento por el primero de muchos libros, destinados a acercar el conocimiento a todos los lectores.)

Con la pila del celular bien cargada, el viernes 24 hice escala en el palacio para otra presentación de libro: Cuaderno de faros de Jazmina Barrera (a quien conocí en el Péndulo de la Roma, cuando una colega nuestra, Mariana Oliver, presentó sus Aves migratorias). Llegué pasadas las 3 pm, y luego de ingresar por el pabellón de la UNAM, y de pasar al puesto de la CANIEM por mi ejemplar de Pasa el desconocido, antología personal de Alí Chumacero, me encontré con Mariel Damián, quien acababa de presentar su libro La chica que se ha quedado sola, junto con las demás novedades de su casa editorial, Valparaíso México. “No será la primera vez que nos encontremos en Minería”, le dije. Mariel asintió con alegría. Nos despedimos y me lancé a la presentación de Jazmina.

Antes de llegar al salón “Filomeno Mata”, pasé de volada al pabellón del estado invitado, Campeche, y encontrarme con Minerva Margarita Villarreal para así obtener su firma en mi ejemplar de Herida luminosa, y mientras llegaba, me encontré con Armando González Torres, quien acompañaría a Minerva en una siguiente presentación. Le platiqué de mis adquisiciones de Tierra Adentro y al momento que mencioné el libro de Georgina Cebey, me pidió el dato para después comprarlo. (Quedé de pasárselo por Twitter…) Y en ese momento, llegó Minerva Margarita, a quien me acerqué para pedirle su firma y, muy amable, me dedicó mi ejemplar. Y aunque llevaba yo algo de prisa, quedamos en encontrarnos en alguna otra ocasión, donde la poesía tenga la primera (o la última) palabra.

Al entrar al “Filomeno Mata”, noté algunas presencias conocidas entre el público: Paula Abramo, Óscar de Pablo y Paola Velasco. Ocupé mi lugar en la parte trasera del salón y desde ahí, escuché las intervenciones de Bernardo Esquinca y Jorge Solís, quien fungió como moderador. Al finalizar, me acerqué a la mesa para saludar a Jazmina y pedirle su firma en mi ejemplar de Cuaderno de faros, y mientras eso sucedía, me encontré con Paola Velasco, a quien felicité por su nombramiento como nueva directora de Tierra Adentro. “Nada más para terminar el sexenio, sabes”, me dijo. “Mejor un poco de algo que un mucho de nada”, le respondí. Por fin, llegué a la mesa donde estaba Jazmina y en ese momento, la gente de logística de la feria nos invitó a abandonar el recinto para preparar la siguiente actividad. Ya en el pasillo del mezzanine, pedí a Jazmina que firmara mi Cuaderno de faros con mi estilográfica legendaria (“la pluma mágica”, como le bautizó Cristina Liceaga), cosa que hizo con todo gusto. Al momento de despedirnos, le prometí enviarle por Twitter dos datos para su colección de faros.

Tal y como sucedió el jueves 23, es decir, de C. U. al Centro, el martes 27 llegué algo tarde a la presentación de Procesos de la noche, libro de Diana del Ángel sobre Julio César Mondragón, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Tanto el presentador como la autora coincidieron en que el tema del libro sigue siendo una herida abierta en la sociedad mexicana, y que su posterior lectura no debe dejarnos indiferentes, ni aquí ni ahora, a la situación del país.

Terminó la presentación y Diana salió del auditorio acompañada por público en su mayoría adolescente, interesado en leer su Procesos de la noche. Firmó algunos ejemplares, saludó a una colega y amiga suya de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, y hasta se dio tiempo para tomarse fotos con los asistentes. Cuando llegó mi turno para la firma, Diana y quien esto escribe nos saludamos luego de tantos años de no vernos. “Te vi de lejitos, en el metro Tacubaya, y recuerdo que llevabas prisa en esa ocasión…”, le comenté. Se sorprendió al escucharlo. Aproveché la ocasión para invitarla a presentar su libro en la FES Acatlán, donde el tema es de enorme interés. (Quedamos en acordar fecha y hora en semanas posteriores.)

Casi llegaba la hora de regresar a Acatlan City, pero no podía irme del Palacio de Minería sin visitar a mi querida colega y amiga Atenea Cruz al puesto del Instituto de Cultura de Durango: “Lo prometido es deuda, Ate, aquí estamos”. Se alegró por mi visita y lo primero que me comentó fue lo frío del clima dentro de Minería, por el cual llevaba puesta una sudadera. Le dije que se no preocupara tanto, que los fines de semana el calor inundaba el palacio, juego de niños para una duranguense como ella. Y atinó a reír. Prometí pasar a verla el último fin de semana, pero ella me dijo que se “tomaría” el domingo para visitar a una amiga suya al oriente de la ciudad. De cualquier manera, seguiríamos en contacto por Twitter, como en todas nuestras películas.

Por motivos de salud -una gripe de antología-, no se me concedió acudir el domingo 4 a Minería (y apoyar a una joven colega, Mildred Meléndez, en su primera participación en la feria), pero no me angustio del todo, porque en más de diez años que llevo de acudir con suma puntualidad, caigo en la cuenta de que es mejor calidad que cantidad, y que las amistades allí nacidas son el ingrediente principal de cada escala. Además, cuando se trata de darle la palabra a la memoria (a los buenos recuerdos, cabe precisar), siempre hay ocasión idónea para ello.

Después de todo, Minería es un milagro, por donde quieran verlo. (¡¡Gracias!!)

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