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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Escritoras MX en Acatlan City. Hace unos días, la página web más coqueta e inteligente, Escritoras MX, se presentó en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (UNAM), en el marco del ciclo “Modernidad, arte y política”, coordinado por la Dra. Laura Páez.

Durante hora y media, Cristina Liceaga y Dulce María Ramón, integrantes del equipo en línea, platicaron con el público (conformado, en su mayoría, por estudiantes de la carrera de Pedagogía), donde se mencionó la importancia de una página como ésta, en tiempos donde la voz y el talento desmedido de las escritoras mexicanas se hace sentir por doquier. A raíz del centenario de Elena Garro, se hizo necesario contar con un lugar como foro de expresión y de divulgación de la obra de escritoras mexicanas de ayer, hoy y siempre.

Desde la entrevista (campo donde se mueve muy bien Dulce María Ramón) hasta colaboraciones ex profeso para la página, pasando por la cartelera del momento (presentaciones, mesas redondas, donde se cuente con la participación de una o de varias colegas), Escritoras MX está marcando tendencia. Y al final de la presentación, varias alumnas de Pedagogía se acercaron a las invitadas para pedir más informes sobre cómo colaborar; una de ellas, muy entrada en la literatura fantástica, por cierto.

LAS HORAS DE MI AGENDA

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Ulises Velázquez Gil

Primera del año. A un mes del fallecimiento de mi maestro, colega y amigo Raymundo Ramos, familiares, colegas y amigos suyos no dejamos de preguntarnos sobre el futuro de su obra, entre manuscritos listos para imprenta, inéditos y demás sorpresas que nos depare el archivo; así también de su inmensa biblioteca, resguardada en esa cálida y generosa Casa Morada.

Tal y como lo mencioné al final de mis “pequeñas memorias” sobre Ramos (publicadas en este mismo espacio), en el preciso instante en que su nombre se mencione, un nuevo lector saldrá al paso de su genio y figura, para hacerse de sus libros de creación y de investigación, porque el mejor de todos los homenajes habidos y por haber, es una generosa y dedicada lectura.

Raymundo Ramos

RAYMUNDO RAMOS: PEQUEÑAS MEMORIAS

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Ulises Velázquez Gil

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¿Cuándo fue la primera vez que escuché el nombre de Raymundo Ramos? Seguro que fue hace veinte años, cuando compraba los sábados el diario Unomásuno, a la salida de mis clases sabatinas de computación en la preparatoria. Aunque le echaba un vistazo a buena parte del diario, siempre leía completo el suplemento cultural Sábado, de cuya plana de colaboradores despuntaban nombres que hoy ya son noticia.

Una sección en particular atraía mi atención en cuanto abría el suplemento: “Mesa abierta”. Su autor, Raymundo Ramos. “¿Será el mismo que escribe de política en la primera plana?”, me preguntaba. Tópicos de literatura, algún cuento de cuando en cuando, ensayos, retratos, entre otras vertientes, conformaban el panorama de aquella mesa abierta. En algún suplemento de aniversario, varios de los colaboradores compartieron su testimonio, entre ellos Ramos, quien hizo un “pequeño” recuento de su vida en el periodismo cultural: de la legendaria revista La Capital, de Alfredo Kawage Ramia, hasta el suplemento de marras, por obra y gracia de un colega suyo, Huberto Batis, director de Sábado. (De aquel testimonial, me quedó muy marcada una frase: Experiencia de locos ungidos a la crónica y corrección de planas en horas 24. La leo ahora, y sin saberlo en ese momento, me marcó un camino a seguir.)

ESCALAS DE LA GENEROSIDAD

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Ulises Velázquez Gil

Una de las maravillas de este mundo que no deja de sorprender a Jorge F. Hernández, es la amistad a primera vista, la cual se presenta frente a nosotros de maneras poco frecuentes; en la lectura se manifiesta bajo el feliz hallazgo de un escritor nuevo, o en las palabras de un lector agradecido dentro de un e-mail. (A final de cuentas, en ambas destella un mismo sentimiento: la gratitud.)

Para el escritor colombiano Álvaro Mutis (1923-2013) esa generosidad se evidencia en el sinnúmero de páginas escritas desde y para el país que le acogió desde finales de los años 50 hasta su muerte en 2013, y que, gracias a su hijo y colega Santiago Mutis Durán, tenemos en nuestras manos: “En los cincuenta años que dura esta segunda patria, Mutis ha escrito toda su obra, y aunque ha hablado del ‘exilio’, él no se considera uno de esos seres ajenos, gracias a las cualidades de esta inagotable estación y de quienes allí nacieron”.

Estación México. Notas 1943-2000 se conforma por setenta y un textos, entre prólogos, artículos periodísticos y textos incluidos en volúmenes colectivos, que dan cuenta de la vida, obra y milagros de colegas y amigos mexicanos: desde la pintura -a la que Mutis dedica bastantes líneas, pese a su “desconocimiento” de la crítica de arte- hasta la literatura, sea prólogo, retrato a vuelapluma, o en el mero ejercicio de la remembranza.

QUINCE DEL 17

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Ulises Velázquez Gil

Cada año, se intensifica la labor de leer en horas 24, pues a cada párrafo, verso o cita a pie de página, un libro se convierte en dos, y luego el segundo, con sus propias características, de igual forma se “duplica”, y así nos podemos seguir hasta el infinito.

Sin embargo, en el afán de hacer el listado anual de cada año, la asombrosa multiplicación de los libros juega a favor nuestro, siempre en aras de compartir algunas cosas encontradas en la travesía lectora de todos los días (y donde no faltarán escritoras por conocer y admirar, la lectura mediante). Hoy les comparto a los pasajeros más notables de mi viaje por 2017.

(Si en algún momento, ustedes encuentran ciertas ausencias, excesivas inclusiones o simplemente hacer expreso un reclamo, quien esto escribe los recibirá con todo gusto. Sin más que decir, he aquí mi listado.)

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Ulises Velázquez Gil

Alberto Ruy Sánchez, Premio Nacional de Artes y Letras 2017. Una buena noticia que no se me puede ir de las manos (y menos en esta última entrega del año) es la concesión del Premio Nacional de Artes y Letras -antes, de Ciencias y Artes-, en la categoría Lingüística y Literatura, al escritor y editor Alberto Ruy Sánchez, quien durante este 2017 estuvo muy sonado por donde quiera que se vea: la aparición de sendos libros nuevos: Escrito con agua, plaquette publicada por Parentalia ediciones, y Los sueños de la serpiente, novela aparecida bajo el sello de Alfaguara; y en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, fue distinguido con la máxima distinción Homenaje al Bibliófilo. Y para coronar un año de amplio reconocimiento, le llega el Premio Nacional de Artes y Letras, en acto de suma justicia.

Al momento en que me llegó la grata noticia, en este 2017 tuve la dicha de coincidir con Alberto, por lo menos, en un par de ocasiones, por obra y gracia de Parentalia ediciones: una, cuando la presentación de Escrito con agua, en la Casa del Poeta “Ramón López Velarde”, y semanas después, en el Palacio de Bellas Artes, en la “reunión de familia” de las nuevas plaquettes de Lucía Rivadeneyra, Luis Miguel Aguilar, Roxana Elvridge-Thomas, Hernán Bravo Varela y Raúl Renán (cuya ausencia todavía se resiente en el aire).

¿Cuándo fue la primera vez que leí algo suyo? Según recuerdo, fue en el último número de la revista Vuelta, donde salió su texto “La inmarcesible”, que tiempo después redescubrí en Cuentos de Mogador, antología publicada en la tercera serie de la colección Lecturas Mexicanas de Conaculta. Y en ese tiempo, también llegó a mis manos la primera edición de Los nombres del aire, primera parte de su hoy conocido Quinteto de Mogador. Quedé maravillado por una prosa bien cuidada, que siguió apareciendo en mi vida cuando llegaron más libros suyos, tres por obsequio: Los jardines secretos de Mogador, por una trivia del programa El Tal Chou de Canal Once; Luz del colibrí, por el programa Bazar de Letras, de Código CDMX Radio, y La mano del fuego, por obra y gracia de una colega investigadora.

Foto: pixabay.com

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Ulises Velázquez Gil

Escalas en el Circo Ataibo. En la entrega anterior, mencioné muy de botepronto la feria navideña de la Brigada Para Leer en Libertad, localizada a un costado del Palacio de Bellas Artes, y que terminó ayer con una respuesta inusitada. Pero vayamos por partes.

El lunes 11, y luego de llevar documentos a Ciudad Universitaria, quien esto escribe se dio tiempo para echar un ojo a todos los puestos de la feria; en uno, por poco y me desmayo, con sólo ver una mesa de libros publicados por Era ¡¡en 10 pesos!! Eché un vistazo y los títulos no estaban de mal ver: un tomo de homenaje a Adolfo Gilly, poemarios de Malva Flores, Julián Herbert, Tedi López Mills y una joya: la Oración del 9 de febrero de Alfonso Reyes, con todo y el facsímil del manuscrito. Y como sugería uno de mis maestros, “si ves uno, compras dos”. Así lo hice. Seguí recorriendo puestos y en uno, donde se remataban libros a 30 pesos, encontré La Invencible de Vicente Quirarte, y en el de la brigada, por fin se me hizo conseguir uno de Miguel Ángel Granados Chapa sobre Francisco Zarco y la libertad de expresión. (Como era de esperarse, adquirí dos ejemplares: uno para mí, otro para regalar.)

Después de una breve conferencia (y de conseguir dos ejemplares -¡los últimos!- de una novela de Leonard Cohen, en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez), volví al Circo Ataibo (como cariñosamente le llamo al espacio que ocupa la feria de la brigada) al mismo lugar de la vez pasada: el puesto donde estaban los libros de Era; lamentablemente ya no estaba la mesa de 10 pesos, pero ahí seguían los ejemplares del Diario abierto de Vicente Rojo que no dudé en comprar. Y algunos me guiñaban el ojo para llevármelos el domingo 17…

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Ulises Velázquez Gil

Guadalupe Dueñas en Bellas Artes. Comienzo estas líneas con un breve recuerdo: en los meses en que se debatía mi destino como estudiante universitario, mi “salvación” siempre fueron los libros que adquirí en la Educal del Pasaje Zócalo-Pino Suárez, entre ellos, Tiene la noche un árbol de Guadalupe Dueñas. (Confieso que en ese tiempo leía como obseso, pero cuando leía una prosa muy bien cuidada, simplemente quedé sin palabras.) Viene a colación este chispazo memorialista porque el domingo 3 de diciembre, en la sala “Manuel M. Ponce” del Palacio de Bellas Artes, se presentaron las Obras reunidas de Guadalupe Dueñas, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica; la investigadora Patricia Rosas Lopátegui fue la encargada de compilar y reunir toda la obra en un solo tomo, entre cuentos y artículos ya publicados, además de poesía y una novela, géneros inéditos hasta la fecha.

Con el reloj en contra, el firmante de esta columna llegó al Palacio de Bellas Artes para la presentación; para fortuna suya, sólo había veinte personas al interior de la sala Ponce, entre familiares y amigos de Guadalupe Dueñas, y una joven parejita de sociólogos de la FES Acatlán, a quienes saludé y me dieron chance de sentarme junto a ellos. No menos de cinco minutos después de tomar asiento, el agua de azar hizo encontrarme a Cristina Liceaga, editora en jefe de EscritorasMX (espacio que varias veces se ha mencionado en anteriores entregas), quien se sentó junto a mí y así tener una gran vista de la presentación.