IMG_20200919_192550177

EL MILAGRO DE CADA DÍA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta sobre la Lotería Nacional para María de Guerra)

Querida María:

Hace una semana, luego de responderle a una joven colega de la FES Acatlán sobre su disyuntiva de comprar o no un cachito para el sorteo de la Lotería Nacional del pasado 15 de septiembre, me saliste al encuentro para responderme, entre otras cosas, lo siguiente: “Yo sí me compré dos cachitos. Los fui pagando a lo largo de varias quincenas, más como un posicionamiento político que por la pretensión de ganar algo”. En el tiempo que llevo de saber la existencia de la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, nunca creí que ésta se dejara llevar por un capricho de una persona que detenta el poder, y menos que echara mano de una institución bicentenaria. Vamos por partes.

Cuando era niño, acompañaba a mi padre a su trabajo en la Secretaría de Agricultura, y en aquellos paseos, hacíamos escala en varios expendios de lotería, donde -me imagino- él compraba sus billetes; pero lo que más atraía mi atención era una figurita de color rojo en el mostrador del expendio, la cual volví a ver en la televisión, dados los comerciales de Lotenal. (Incluso, hoy día recuerdo la música de fondo, que he buscado por todos lados. Ni YouTube ha podido hacerme el quite…) Esa figurita correspondía a un personaje fundamental de la lotería: el famoso gritoncito, que en cada sorteo leía los números y los premios en una ceremonia que tenía como escenario el auditorio principal del llamado Edificio Moro, en la esquina de Reforma y Plaza de la República.

No fue sino años más tarde cuando tomé conciencia de su papel como hacedora de alegrías (para quienes compraban sus cachitos y enteros), y cuyos recursos se destinaban a obras de beneficencia pública, como ambulancias y equipo médico para hospitales, mobiliario y enseres para escuelas, entre otras. Y el encantamiento generado cuando niño, se acrecentó cuando en la emisión de los billetes se le rendía homenaje a algún prócer de la historia de México, o para recordar la presencie señera de alguna institución; aunque también tenían cabida figuras de la cultura y el entretenimiento, como María Félix en algún sorteo de diciembre, o el personaje televisivo Huicho Domínguez, protagonista de la telenovela El premio mayor.

Con todo y que he comprado esporádicamente varios billetes, o que tuvieran un motivo especial (el centenario de Octavio Paz, el aniversario luctuoso de Sor Juana Inés de la Cruz y los quince años de las Lunas del Auditorio), mi contacto más cercano con la Lotería Nacional se dio hace más de un año, cuando en el mes de febrero de 2019, en la cuenta de Twitter de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, salió una dinámica para ganarse un paquete de libros: tomarse una fotografía portando un cachito para el sorteo Zodiaco en honor del cuarenta aniversario de la FIL Minería. Salí de inmediato hacia el expendio más cercano a casa, a quince minutos a pie; al llegar, ya no había, pero el vendedor, con la esperanza de hacer una venta, me ofreció su versión electrónica. “El de hoy lo necesito en físico, pero en otra ocasión le compraré uno así…”, le dije. Casi a punto de rendirme, recordé que había otro expendio en la zona, al que llegué después de quince minutos de caminata, y el ventiúnico cachito que había, de signo Capricornio y terminado en cero, ya me estaba esperando. Fue tanta la emoción de llegar a casa y tomarme la dichosa foto, que no me importó caminar media hora de regreso.

Lamentablemente, no resulté ganador en la dinámica de redes sociales, pero tuve una recompensa mejor: al día siguiente del sorteo, tuve la dicha de ser entrevistado para los videos especiales de la FIL Minería. Al término de la grabación, salió a comentario el sorteo. “¿Y se ganó algo?”, me preguntaron las chicas que me entrevistaron, a lo que respondí: “Ser partícipe de los cuarenta años de mi feria del libro favorita, es el mejor premio” y les encantó ese gesto. (Además, me obsequiaron libreta y separador de la feria, y un ejemplar del libro de Abel Quezada, que salió el año anterior por el Día Nacional del Libro.)

A los dos días de la entrevista, y después de comer, pasé al expendio cercano a la FES Acatlán y checar los resultados del sorteo. Revisé el listado de ganadores y al momento de ver los reintegros, éstos cayeron en cero y en Capricornio, es decir, ¡un doble reintegro! Pasé a la ventanilla, le entregué el billete a la encargada y con una sonrisa de oreja a oreja me dijo lo siguiente: “Efectivamente, usted obtuvo doble reintegro, así que puede elegir su equivalente en billetes”. Sin pensarlo, pedí uno para el siguiente sorteo Zodiaco, y otro para el de ese día, De Diez. Llegando a casa, revisé los resultados y ¡sorpresa!, otro reintegro. Y a la semana siguiente, otro, y así hasta que la racha me duró siete semanas. Pero ahí no acabó la cosa: un martes de junio, que pasé a cambiar el reintegro, la otra señora encargada del expendio me dijo “¿No se va a llevar para hoy? Ya sólo me quedan dos…” Sin pensarlo dos veces, pedí un cachito (pude comprar ambos, pero mi economía sólo me permitió llevarme uno) y al llegar a casita para saber los resultados, me llevé una gran sorpresa: ¡ese número salió premiado!

Pasaba el año y entre reintegros y números premiados (con cuya fracción correspondiente me hacía de nuevos cachitos), me hice cliente de aquel expendio, lleno de magia y de ilusión. Y, claro, coincidía con otros personajes -sí, María, ya me habías dicho que no lo son, pero, ni modo, así me entiendo mejor- que le hacían el día a las señoras del expendio: una viejecita que compraba sus boletos rascables -y que siempre pedía sus cachitos en ocho- y un señor bastante mayor que se gastaba más de quinientos pesos en quinielas de Melate y en cachitos electrónicos. “Es nuestro mejor cliente, y es el consentido…”. Lo que resulta casi inverosímil es que ese señor y quien esto escribe cuando coincidíamos en el expendio, alguno de mis billetes salía premiado o con reintegro, por lo menos. (¿Algún arcano de la fortuna, quizás? Me atrevería a decir que sí…)

La última vez que pasé al expendio fue a principios de marzo de este año, donde luego de comprar mi cachito para el sorteo del 18 de marzo (en honor de mi mamá, por su cumpleaños) y algún otro, una de las señoras me preguntó si no pensaba comprar el billete para el “sorteo del avión presidencial”, a lo que respondí que no. “Hace bien usted, porque ese sorteo es puro circo…”, me dijo. Además, le comenté que me hacía más ilusión en septiembre el sorteo de fiestas patrias que esa pantomima. “Y con lo que cuesta un cachito, ¡me aviento un mes de sorteos!”, rematé. (Ahora que me acuerdo, en Twitter compartí esa impresión, y un politólogo amigo mío, simple y sencillamente me lanzó el siguiente tuit: “Y tú, tan de derecha como siempre…” Y como no tenía -ni tengo- el ánimo de pelearme con él, le contesté lo siguiente: “Creo en la Lotería, es todo. Es la única que ha resistido…”)

En esa resistencia, querida María, la Lotería Nacional para la Asistencia Pública no puede someterse al capricho de algún gobernante, sólo por serle fiel a una promesa de campaña; claro está que Lotenal depende directamente de la Secretaría de Hacienda (y que tiene cierta fama como “caja chica” en sexenios anteriores), pero no se vale jugar con las ilusiones de la gente. ¿Quién se puede “ganar” semejante armatoste? Ni en otros doscientos años comprando enteros y cachitos. Y luego, modificar su Ley Orgánica para que ello pasara por legal, caray… Es jugarle al vivo.

Bien sé que tú, que mi amigo politólogo, que mucha gente se privó de algún dinero para comprarse un cachito, y más que la emoción de ganar primó el significado político. Sólo el tiempo les dirá si hicieron bien o mal. (Eso sí, el anecdotario tendrá mucha tela…) Por mi parte, seguiré comprando mis billetes, sin mayor pretensión que la de serle fiel a ese niño emocionado por los gritoncitos en los expendios o por participar de los homenajes a instituciones e importantes figuras de México, y conservar el billete sin premio a manera de recuerdo. Y ya que hablamos de recuerdos, me quedo con el de aquel expendio y las señoras tan atentas que ahí trabajaban. (Ni modo, es un saldo de la pandemia aún presente…) Todavía espero una señal para comenzar una nueva temporada en otro punto de venta, con su respectivo heraldo de la suerte, en cuyas manos se realice el milagro de cada día.

Si después de la lectura de esta carta, querida María, sigues pensando que hice mal en no sumarme a esa parafernalia en donde, más que un avión, se jugaban las ilusiones de mucha gente, recibiré tus reclamos sin poner resistencia de mi parte. Después de todo, no dejará de tener razón nuestro siempre recordado Ramón López Velarde en alguna parte de su Suave Patria: “vives al día y de milagro, como la Lotería”.

Recibe la admiración y el afecto, a prueba de tiempo, de

Ulises Velázquez Gil

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

Luz armada VQ

ACENTOS DE LA QUERENCIA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En una escena de Memorias de Antonia, la bisnieta de la protagonista, por obra del recuerdo y la escritura, reúne a todos los personajes de su pueblo natal, a su vez que observa a su bisabuela bailar un vals, quizás el último de su vida. Si en algo se distingue la literatura es en conjurar fantasmas, inclusive los propios, a fin de encontrar nuestro lugar en el mundo.

Luego de incursionar por la geografía íntima de su padre en La Invencible, Vicente Quirarte prosigue ese empeño biográfico, pero en esta ocasión hacia los lares de la figura materna, y así obsequiarnos un volumen, ya de antemano, esperado: Luz armada.

Compuesto por cinco capítulos, Luz armada es una exploración por lo fundamental que fue la presencia de su madre, y del cómo ese temple con que se enfrentó a toda suerte de tribulaciones permeó en el quehacer ulterior de Vicente Quirarte. Para primera muestra, un fragmento de “Lucita en Nutrición”: Mamá era de ese linaje sedentario y en su ser territorial reside uno de los secretos de su fuerza. Nosotros, en cambio, como buenos y auténticos melancólicos, debemos estar cambiando de hábitos y sitios para escapar a los zarpazos sorpresivos de la bestia, que a veces nos sorprende en plena nomadía y se encarga de arruinarnos la existencia.

El Principito (libro)

AMISTAD Y ELOCUENCIA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta sobre El Principito para Mónica Vargas)

Querida Mónica:

Hace varias semanas, tuve la fortuna de encontrar tu canal de YouTube, dedicado a la difusión de la lectura (booktuber, le llaman), y varios videos me llamaron la atención; y aunque he seguido muy de cerca varios canales al respecto, en el tuyo encontré algo que ya hacía mucha falta: honestidad. (Y esa cualidad bien se echa en falta en estos días, cabe decirlo.)

La razón de esta misiva tiene mucho que ver con el video donde compartes los ocho libros que han marcado tu vida. Luego de verlo, me quedé pensando en cuáles han sido los míos, aquéllos que siguen haciendo mella en mi vida de lector. Y mira lo que son las cosas, varios de los autores de tus ocho, son también los míos, aparecidos en diferentes momentos de la vida, pero sólo uno tiene una larga historia.

Desde que tengo uso de razón, siempre me veía leyendo algo: una revista (Tele-Guía, Impacto, las revistas médicas de mi mamá, o los números de Geografía Universal, que eran de mi papá), periódicos (El Universal) y los libros de texto gratuitos, en cuyo libro de lecturas descubrí varios autores que, andando el tiempo, se volverían fundamentales, desde Octavio Paz y Rosario Castellanos, hasta Armida de la Vara y Jaime Sabines, entre otros autores. (Un día leí un texto sobre el diario, escrito por un tal Julio Cortázar, que no supe valorar en ese tiempo. Vaya ingenuidad de entonces.)

PRIMERAS LIBRERÍAS (3 y última)

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Abril 2004. En algún momento de la vida, me nació la curiosidad por conocer las librerías del Fondo de Cultura Económica, dada la presencia de sus anuncios en el Canal Once. La única que me sonaba familiar era la “Octavio Paz”, ubicada casi enfrente de la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo. Al entrar, me sorprendió la sobriedad del lugar: estantes de madera, empleados con chaleco elegante y música clásica de fondo. A primera vista, la mesa de novedades, otra “de promociones”, es decir, de editoriales con un descuento significativo, y una más con obras de y sobre Octavio Paz. (Recuerdo que ahí encontré el estuche de La experiencia de la libertad, memoria de aquel encuentro de la revista Vuelta, algo caro para mi bolsillo de entonces…)

PRIMERAS LIBRERÍAS (2)

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Agosto 1998. Corría mi último año de preparatoria y ya sabía de mi siguiente destino: Lengua y Literatura Hispánicas, en la UNAM. Un año antes cambié el coro de la escuela por el taller de creación literaria, coordinado por Luis Tiscareño, a quien tiempo después volvería a ver. Gracias a las sesiones del taller, además de conocer de ritmo, métrica y rima (y las rigas versales donde se aplicaban, de la décima al soneto), leíamos a varios escritores mexicanos contemporáneos, como Raúl Renán, René Avilés Fabila, David Huerta, Alberto Blanco, Ignacio Trejo Fuentes y Vicente Quirarte. Y entre los comentarios del coordinador, salía la mención de una dichosa librería con nombre de pacificador: Gandhi. Poco después, conocí a la joven recepcionista de la dirección, a quien le debo el gusto por Emil Cioran; recuerdo que al preguntarle dónde podía conseguir los libros de aquel escritor rumano, simple y sencillamente me dijo: “En Gandhi, pero no son nada baratos…” Por fortuna, un colega de mi profesor de matemáticas, al saber de mi interés por Cioran, me dio un “mal consejo”: en la tienda de “los tecolotitos” cercana a la preparatoria, podría encontrar el Breviario de podredumbre, cosa que hice de inmediato. (Pero la inquietud por ir a Gandhi seguía latente…)

PRIMERAS LIBRERÍAS (1)

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Hace algunas semanas, cundió la alarma en las redes sociales por el cierre de una sucursal de una importante cadena de librerías, la cual, cabe decirlo, fue su primer local hace más de cuarenta años, y que hasta ese momento fungía como sucursal dedicada a las ofertas (u oportunidades). Con todo y la polémica generada en torno a su desaparición o su reestructuración dentro de la misma cadena, la nostalgia predominó en buena parte de publicaciones en línea, donde dicho lugar fue lugar de reunión, oficina informal para escritores, punto de encuentro para parejas en noviazgo (el Tinder de aquellos años) y hasta opción de última hora para conseguir las lecturas escolares.

Para quien esto escribe, la noticia no dejó de sorprenderme, sin embargo, al saber del ulterior destino de esa emblemática sucursal, quedé un poco más tranquilo. Pero ante la conmoción, me quedé pensando en la primera vez que pisé una librería (fuera de las visitas obligadas en temporada escolar, acompañado por mis padres) y luego de un buen rato haciendo memoria, caigo en la cuenta de que no es una, sino varias que califican en esa primera visita. (Dejemos que hable el recuerdo…)

Narrativa Actual Mexicana

ACENTOS DE UNA COLECCIÓN

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta coleccionista para Alejandra Inclán)

Alejandra, colega y amiga:

Hace poco, leía en tu cuenta de Twitter la siguiente perla de tu parte: La palabra “colección” muchas veces sólo es una trampa para acumular indiscriminadamente. Luego de varios segundos de reflexión, te respondí lo siguiente: Recuerda que “cada colección tiene su acento”. De esto y de su carácter acumulativo, mucho sabía José Luis Martínez, bibliófilo a morir. Horas después de ese lance tuitero, mientras buscaba un libro para consulta, me quedé mirando los libreros y caí en la cuenta de que muchas de las maravillas que éstos resguardan, se basan principalmente en colecciones. ¿Cuándo comenzó aquella fijación bibliográfica?

Por el año de 1999, entre los últimos días de la preparatoria y un forzado semestre de asueto (porque huelga en la UNAM), comencé mi pequeña biblioteca gracias a las colecciones de libros que se vendían en los puestos de revistas; un fascículo semanal (o quincenal, según nos fuera), o por lo menos el paquete de introducción (con todo y su “oferta de lanzamiento”). Las colecciones que cumplieron ese cometido: Grandes Obras del Pensamiento Contemporáneo, de la editorial Altaya, y Narrativa Actual Mexicana, de Planeta y Conaculta. Cada ejemplar costaba 70 pesos (cantidad irrisoria frente a su precio “real” en librerías de prestigio). En la primera leí a Friedrich Niezsche, Claude Levi-Strauss y Emil Cioran, mientras que, en la segunda, a Elena Garro, Rosario Castellanos y Ángeles Mastretta, entre otros autores. Gracias a esas colecciones, reafirmé mi decisión de entrar a Letras Hispánicas una vez abierta la UNAM.

NUEVE AÑOS

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta retrospectiva para una amiga lejana)

Querida amiga:

Hace pocos días, luego de ponerle punto final a una de mis ya habituales Cartas de Minería, caí en la cuenta de que este espacio hebdomadario, es decir, semanal, cumple nueve años el 26 de julio. A decir verdad, con estos días, de pandémica esencia, el ritmo de muchas cosas se ha ralentizado, inclusive detenido, porque el ánimo de hacerlo decayó por completo. Sin embargo, cuando volví a tener noticias tuyas, recordé aquella vez que la primera opinión favorable de esa incipiente columna fue gracias a ti, lo que me motivó a seguir adelante con un empeño para el cual no estaba preparado. (Aun así, aquí estamos ¿verdad?)

Pero ésa no era la primera vez que me enfrentaba a la página escrita. Fue a mediados de 1997 cuando tuve la fortuna de conocerte; por esos días, acaba de integrarme al taller de creación literaria de la preparatoria, el cual me sirvió bastante, al grado de estudiar más adelante Letras Hispánicas en la universidad. (A la distancia del tiempo, reconozco que el joven aquel era vanidoso al extremo, pero ¿qué joven no lo es? La propia vida se encargó varias veces de bajarme del ladrillo y seguir aprendiendo. Hoy no dejo de agradecerlo…) De todas las cosas que escribí en esos años de tallerista, fuiste sin proponértelo mi primera lectora; incluso de una “novela” que ante tu mirada no pasaba de cuento político. Recuerdo que me pediste que te obsequiara el manuscrito, a lo que accedí casi de inmediato. (Cuando le platiqué de esto a varios de mis compañeros de Letras, de idiota no me bajaron, porque no se deben regalar las buenas ideas. La verdad, lo que se dice la verdad, ese intento de novela no me interesa, y si te lo obsequié fue en agradecimiento por leerme.)

Galería 2

  • El metro en contigencia sanitaria por el COVID-19
    Estación del Metro, Salto del Agua. Foto: Alfredo Martínez
  • Entrada a Celebrando la Eternidad
    Entrada Bosque de Chapultepec. Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad
    Celebrando la Eternidad en el Bosque de Chapultepec. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad II
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad I
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Parque Ecológico Xochitla
    Ofrenda de Día de muertos Parque Ecológico Xochitla en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • El xoloitzcuintle.
    elebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Grabados de José Guadalupe Posada
    Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ofrenda Monumental Tepotzotlán
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Día de Muertos en Tepotzotlán
    Día de muertos en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Catrina 2019
    Catrina en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Olas de mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Nubes
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de carretera
    Fotografía: Carolina Bello
  • Playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Camino a la pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Vista de la pirámide de la Luna
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje panorámico de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pieza del museo de la Cultura Teotihuacana
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres