IMBATIBLE COMO LA MEMORIA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Con la pericia que le caracterizaba, Renato Leduc denominó con suma justeza al periodismo como historia de lo inmediato, es decir, que todos los sucesos y cosas de cada día no suelen ocurrir más que en su propio ambiente, donde sólo adquieren vida y valía cuando se leen (o se conocen) en el mero instante de haber sucedido. Sin embargo, hay sucesos, personas y cosas que trascienden esa frontera de tinta, y se vuelven (con todo y los riesgos que esto conlleva) una historia sin tiempo, dejando la inmediatez para las reacciones periféricas.

En el caso de Rafael Cabrera, esta circunstancia se dio en el preciso instante de conocer a una maravillosa e interesante mujer, creativa por los cuatro costados, pero sujeta a los altibajos del tiempo que sufrió en carne propia: Elena Garro, cuya sola mención de su nombre, desata tempestades e ilumina senderos al unísono. El resultado de ese encuentro, y la persistencia en conocer todas las aristas de una mujer sin par, se concentra en éste, su primer libro: Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro.

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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

La maleta del escritor. Para celebrar el sexto aniversario de La marcha de las Letras (columna de quien esto escribe), invito a ustedes, colegas, amigos y lectores, a que participen en la serie de entregas especiales (a publicarse del 24 al 31 de julio), bajo la siguiente temática: ¿qué se guarda en la maleta del escritor? Todas sus propuestas (con extensión mínima de una frase, y con una máxima de un párrafo -diez líneas-) serán bien recibidas al correo electrónico que aparece al final de la columna.

Del día de hoy hasta el viernes 21 de julio, se recibirán todas sus propuestas, de las cuales se conformará la serie especial #lamaletadelescritor, que verán dentro este espacio en el periodo de tiempo arriba señalado.

Porque siempre es mejor sumar que restar, cuento con ustedes. (¡¡Gracias!!)

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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Lucía Rivadeneyra en la Casa del Poeta. El pasado miércoles 14, el firmante de estas Horas tuvo la dicha de asistir a la presentación de la nueva plaquette de Parentalia ediciones: De culpa y expiación, de Lucía Rivadeneyra (con quien coincidí allí mismo y semanas antes, en la presentación de la plaquette de Alberto Ruy Sánchez).

A diferencia de aquel día (donde casi no llego, con todo y que traté de salir de un vagón bastante abultado), mi trayecto de ida fue más sencillo y aún alcancé lugar; por fortuna, ya el café-bar “Las Hormigas”, en la planta alta de la Casa del Poeta, ya había mucha concurrencia. Al llegar, me senté en la mesa de mis abogados favoritos y una vez que acomodé mis cosas, pasé a saludar a Julia Santibáñez (a quien le obsequié unos ejemplares de la gacetilla de la FES-Acatlán, en cuyas páginas salió una nota sobre la conferencia que dio a finales de febrero) y a Claudia Hernández de Valle-Arizpe, de quien me acordé en abril pasado en el Remate de Libros en el Auditorio Nacional. (“Vi tu libro sobre Bonifaz y me acordé de ti. Lo dejé pasar y ya cuando iba a comprarlo, se había agotado”, le dije. “No te preocupes, yo te doy uno”, me respondió, “avísame con tiempo y te lo dejo con Carmen, quien hoy se encarga de los eventos en la Casa del Poeta”.) Y, por supuesto, a la protagonista de la tarde. “Lo prometido es deuda, Lucía, aquí estamos”. De vuelta en mi mesa, otra sorpresa me esperaba en los siguientes cinco minutos: Marcos Daniel Aguilar, joven colega (y a quien conocí gracias al gran Jorge F. Hernández) hacía su llegada al lugar; de inmediato fui a saludarlo con la siguiente exclamación: ¡Agua de azar! Se sorprendió al verme y le comenté que de pura casualidad traía La terquedad de la esperanza en mi maleta. (Doble sorpresa.)

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LAS HORAS DE MI AGENDA

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Ulises Velázquez Gil

Alegato radiofónico. Hace unas semanas, me sorprendió una noticia que todavía no sé cómo verla: varias estaciones de amplitud modulada (AM) -todas, pertenecientes a Grupo Radio Centro- salieron del aire sin explicación aparente y algunas “comparten” programación: Formato 21 (790 am) ahora se transmite en el 1110 (donde estaba Radio Red, que ahora se fue al 92.1 fm) y Radio Centro (1030 am) y El Fonógrafo (1150 am) comparten espacio: de la medianoche a las 10 a.m el primero, y el segundo, hasta la medianoche.

Se me hace una enorme falta de respeto que estos “cambios” ocurran, sin avisarle al público que sigue con puntualidad su programación; los escuchas del 1030, ahora “huérfanos” por la ausencia de programas de buen contenido, y los del Fonógrafo, ahora con “medio día” para programar canciones del recuerdo. (La versión que se maneja es una reubicación de antenas para que la señal sea mayor en el futuro, pero a estas alturas, nada se sabe…)

Y como si no fuera suficiente, el 1° de junio, el programa Entrelíneas de Radio Red, programa conducido por Alberto Barranco se “despidió” del aire, para que días después, dicho espacio fuera ocupado por ¡¡el Panda Zambrano!! (¿De qué se trata? Es innegable que el locutor de marras, de mamífera estampa, tenga su público, pero incluirlo en la programación de Radio Red, por la cual han pasado luminarias del calibre de Paco Prieto, Ikram Antaki, Pavel Granados y Humberto Musacchio, se me hace de una enorme estupidez, que nadie sabe a qué jugarle.) Pese al “cambio”, Barranco Chavarría aún conserva su programa dominical Leyenda urbana, pero escucharlo entre semana, era sinónimo de pluralidad.

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EL CENTRO DE LAS COSAS

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Ulises Velázquez Gil

“Si escribo mis recuerdos en papel, es más para que no se pierdan […] minutos de oro, horas que resplandecen como soles en el cielo tumultuoso e inmenso que es la memoria. Cosas que son también, junto con otras más, mi vida”. Estas palabras de José Saramago, para quienes emplean la escritura como una extensión de la memoria, marcan un camino a seguir, en aras de guardar instantes para comprender mejor nuestra estancia en el mundo; aunque la producción de libros de viaje ya no resulte tan copiosa como en otros años, mientras los viajes susciten nuevas conversaciones, lo demás vendrá por añadidura.

Para Julieta Campos (1932-2007) esta constante empresa encontró puerto seguro en las libretas que llevaba consigo en cada viaje que le salía al paso, y que hoy se reúnen en el libro Cuadernos de viaje, un año después de su partida, con el fin de presentar una faceta menos conocida de la escritora, sólo reservada al ámbito familiar y que comprendió un periodo importante de su vida: de 1975 a 1999, con todo y las “pausas” hechas por la vida que pasa frente a nuestra mirada.

Trece escalas comprenden estos cuadernos: cada una, al dar fe y seguimiento de los sucesos y de las cosas que su autora presenció en diversos lugares, tal y como podemos ver en el apartado correspondiente a 1975, escrito a veinte años del primer (y definitivo) encuentro que le diera destino y patria cuando conoce a Enrique González Pedrero, futuro esposo y compañero en andanzas académicas, culturales y hasta políticas.

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Ulises Velázquez Gil

Alberto Ruy Sánchez en la Casa del Poeta. Hace una semana, se presentó en la Casa del Poeta Ramón López Velarde, en la colonia Roma, la nueva plaquette de Parentalia ediciones: Escrito con agua, de Alberto Ruy Sánchez, conformada por once poemas, en torno a visiones de China y Vietnam, vueltas poesía por el autor.

En el café-bar “Las Hormigas”, ubicado en la planta alta de la Casa del Poeta, minutos antes de la hora pactada (7 p.m.), ya se encontraban colegas, amigos y público asistente a la presentación; desde Margarita de Orellana, esposa del autor, hasta otros autores de la editorial –Lucía Rivadeneyra y Luis Tiscareño –todos esperábamos ya con gusto el comienzo, para escuchar de viva voz algunas de las andanzas que se suscitaron en paralelo a los poemas reunidos en la plaquette.

Un poco magullado por la intentona de salir de un vagón en hora pico, el firmante de estas Horas llegó rayando la hora, y luego de encontrar muy buen lugar, se encontró con una colega y amiga de grato recuerdo, Daniela Ivonne Méndez, hoy columnista del Huffington Post México. Además de intercambiar impresiones y dos que tres coincidencias en el arduo oficio del columnista en línea, Alberto Ruy Sánchez se acercó a nuestra mesa y nos compartió algunas cosas sobre el periodismo en línea, donde las grandes firmas dejan a la cultura en un plano muy alejado. (Soft news, como se le llaman en inglés.) Y entre charla y charla, Alberto nos dedicó sendos ejemplares de Escrito con agua (Ivonne) y Luz del colibrí (obsequio del programa Bazar de letras, de Julia Santibáñez). Pasadas las 7:15 p.m, comenzó la presentación.

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Ulises Velázquez Gil

Andrés Iduarte, 110 años de letras y recuerdos. En esta semana (concretamente, el 1° de mayo) se cumplieron 110 años del natalicio de Andrés Iduarte, escritor, periodista y académico tabasqueño, autor de una copiosa obra periodística y de raigambre memorialista -reunida en ocho tomos, hace más de tres décadas por la editorial Joaquín Mortiz. (Al momento de escribir esta nueva entrega de las Horas, todavía me pregunto si persiste en la conciencia colectiva que la sola mención de su nombre remite de inmediato a Frida Kahlo, puesto que Iduarte era Director de Bellas Artes al momento de las exequias de la pintora, cuando se coloca en su féretro la bandera del Partido Comunista Mexicano, suceso que, posteriormente, desencadenó la “renuncia” del tabasqueño. Ojalá y ya no tanto…)

¿Qué decir sobre Andrés Iduarte sin picarme de exagerado? La respuesta, aunque sencilla, parece más difícil de lo que se ve (pero ahí vamos, diría Gustavo Cerati). Hablar de Andrés Iduarte es hacerlo en torno a un escritor memorialista de alto calibre, fiel al recuerdo vivido y lo presenta frente a nosotros, lectores, sin adjetivos de más, tal y como sucedieron los hechos. Así también, su ágil pluma hace retratos acertados, generosos e inteligentes de sus contemporáneos: desde sus familiares más cercanos (y con quienes compartió el infortunio de dos revoluciones, la armada de 1910 y la universitaria de 1929) hasta maestros y colegas de impecable proceder, pasando por su particular lectura del mundo que corre allá afuera. Ante lo anterior, queden como evidencia Un niño en la Revolución mexicana, El mundo sonriente y En el fuego de España.

Por la vertiente del periodismo, digno es de mencionar aquella legendaria columna llamada Lunes de El Nacional, donde lo mismo compartía sus encuentros con maestros del exilio español en Nueva York que sus experiencias con Frida Kahlo en la Preparatoria 1, o en el París de los años 30. También resaltan en su trayectoria periodística México en la nostalgia, Pláticas hispanoamericanas y Familia y patria (antología suya, con prólogo y selección de Raymundo Ramos, cuya reedición es más que necesaria).

LAS HORAS DE MI AGENDA

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Ulises Velázquez Gil

Sergio González Rodríguez (1950-2017). Hace una semana, me llegó una noticia que, para serles franco, me dejó con emociones encontradas: el fallecimiento del escritor y periodista Sergio González Rodríguez.

El quid de las “emociones encontradas” se debe a lo siguiente: por un lado, siempre me caía muy mal su listado anual de libros (mismo que se publicaba en el diario Reforma, donde fue columnista que parroquiano del suplemento El Ángel), por parecerme un acto de pedantería suprema, y era el suceso más esperado al final del año, casi casi como las nominaciones para el Nobel o los Oscars, por así decirlo. Seamos francos: un listado de libros, venga de donde venga, no es definitivo. Y el sector cultural de México así lo veía… (Pocas veces suscribí sus elecciones, pero de que era arbitraria la intención, ni duda me cupo.)

Por otro lado, y suscribiendo aquella sentencia de Voltaire (“los muertos merecen la verdad”), sus investigaciones de alto calibre periodístico, como Huesos en el desierto o El hombre sin cabeza, y libros notables de ensayo como El centauro en el paisaje o Campo de guerra le merecen igual respeto que admiración, por evidenciar los yerros de un sistema podrido desde la estructura. (Valientes lecciones de periodismo para generaciones presentes y venideras, sin lugar a dudas.)

Desde diciembre de 2014 hasta el número reciente de este mes, he seguido su columna mensual “Tras la línea” en las páginas de la Revista de la Universidad de México, que, como dije en mi cuenta de Twitter, merecerá señero homenaje cuando el total de todas sus entregas se transforme en un libro con todas las letras.