ME ACUERDO DE ENNIO MORRICONE

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

1.- La primera vez que escuché música de Ennio Morricone, fue una serie de promocionales sobre naturaleza, por el Canal 5. Y volví a escuchar esa misma música a manera de rúbrica de un programa de radio en la XEW, Más allá de las palabras. Tiempo después, supe que aquella música pertenecía a la banda sonora de la película La misión, en torno al trabajo de evangelización en Sudamérica. (En todos los casos arriba referidos, la esencia es la misma: la unión de lo celestial con lo terrenal.)

2.- Entre los discos que había en la casa, siempre me atrajo la atención uno, con música para westerns, sea para la televisión, sea para el cine. En esa compilación resaltaban varias composiciones de Ennio Morricone para las películas Por un puñado de dólares, Por unos dólares más; El bueno, el malo y el feo, y Érase una vez en el Oeste, todas dirigidas por su compatriota y amigo Sergio Leone. (Hoy día, tanto las películas como la música son referente obligado en cuanto a la historia del western… y de la cultura popular.)

3.- Una de las películas que vi con mi padre cuando solíamos pasar al videoclub, fue Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore. Siempre que escucho la música de Morricone para esta película, me remite a esa época en donde ir al cine era una experiencia espectacular; a título personal, mi “cinema Paradiso” fue el Ópera, en San Cosme, y como Totó adulto, me pesa mucho el estado actual de aquel cine, donde sólo quedan recuerdos, gratos recuerdos…

4.- Cuando me volví asiduo del Canal Once, en la década de los 90, entre todas las películas allí programadas, tuve la fortuna de ver, además de La misión, de Roland Joffe; La jaula de las locas, de Edouard Molinaro; Todos están bien, de Giuseppe Tornatore; ¡Átame!, de Pedro Almodóvar; Queimada y La batalla de Argel, de Gillo Pontercorvo, y Érase una vez en América, de Sergio Leone, por mencionar sólo algunas, pero todas con una cosa en común: la música de Ennio Morricone. Veinte años después, gracias a la programación de TV UNAM, he vuelto a ver esas películas, y la conmoción resultante de mi escucha de sus bandas sonoras, me regresa a esos años, de incipiente cinefilia, renovada y presente, al momento en que escribo estas líneas.

5.- Durante varios años, en Radio UNAM existió un programa llamado Música en imágenes, producido por Rafael Castanedo, que se dedicaba a la música compuesta para la pantalla de plata; entre los compositores que descubrí en el tiempo que fui su fiel radioescucha, se encontraba Ennio Morricone. Ahí tuve la dicha de conocer sus trabajos para Dos mulas para la hermana Sara, de Don Siegel (protagonizada por Clint Eastwood, actor principal de la trilogía de spaghetti westerns de Sergio Leone) y Sostiene Pereira, de Roberto Faenza (con Marcello Mastroianni en el papel principal). En el caso de Sostiene Pereira, lloré de principio a fin con la canción emblema donde el talento de Morricone encontró en la cantante portuguesa Dulce Pontes a una de sus máximas intérpretes.

6.- Además de su estrecha colaboración con el cineasta Sergio Leone (viejo compañero suyo en años escolares), Ennio Morricone ha colaborado con suma frecuencia con Giuseppe Tornatore, en los ya mencionados Cinema Paradiso, Todos están bien, y en otras películas como El fabricante de estrellas, La leyenda de 1900, Una simple formalidad, Malèna, Baaria o El mejor postor. Con El fabricante de estrellas me sucedió algo extraño. La historia de un supuesto descubridor de talentos que recorre toda Sicilia vendiéndole a la gente el sueño de irse a Hollywood a triunfar, me recuerda en algo que los escritores somos “fabricantes de estrellas”, que al hacer propias las ilusiones ajenas, al final del día encontramos las propias, como Joe Morelli (interpretado por Sergio Castellitto), quien encuentra en Beata, joven pueblerina, a su gran ilusión para vivir, con el pretexto de una nueva vida de película.

7.-   Una de las cantantes favoritas de mi gran amiga Rosalía Velázquez Estrada, es la estadounidense Joan Baez, quien, a principios de los años 70, colaboró con Ennio Morricone en la banda sonora del filme Sacco y Vanzetti, de Giuliano Montaldo, en torno a dos inmigrantes italianos en Estados Unidos, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, víctimas de un proceso injusto y oprobioso en los años 20. La participación de Joan Baez en la banda sonora radica en dos canciones: “The ballad of Sacco and Vanzetti” y la famosísima “Here’s to you”, favorita de Rosalía. (“Tengo ese disco, por cierto…”, me dijo alguna vez.) Cada vez que la escucho, no resisto las ganas de llorar, porque me recuerda mucho a ella, a su espíritu combativo, a su generosa inteligencia…

8.- Hace algunas semanas, se anunció desde España la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes a Ennio Morricone, junto a su colega estadounidense John Williams, distinción que se une a sendos premios Oscar que recibió en 2006 (de manera honoraria) y diez años después, por la partitura de Los ocho más odiados, de Quentin Tarantino, dentro de su sexta nominación en la categoría de Mejor Banda Sonora. (Las cinco nominaciones previas fueron por Días de gloria, de Terence Mallick; La misión; Los intocables, de Brian De Palma; Bugsy, de Barry Levinson, y Malena.) La mejor distinción para un compositor de enorme genialidad reside en su atenta escucha.

9.- Al enterarme de la noticia del fallecimiento de Ennio Morricone, lo primero que hice fue buscar la música de las películas que iba recordando en ese momento: La misión, Queimada, Todos están bien, Cinema Paradiso, El fabricante de estrellas, La jaula de las locas, Búsqueda frenética (de Roman Polanski), Los intocables, Dos mulas para la hermana Sara, Sacco y Vanzetti, Érase una vez en América y Sostiene Pereira, cuya canción emblema, “A brisa do coração”, compartí en mi cuenta de Twitter, acompañada de las siguientes palabras: “Como el protagonista de Sostiene Pereira, supo escuchar las razones del corazón… para obsequiarnos grandes partituras para cine”. En algún momento de la vida, siempre hay una obra de Ennio Morricone que se vuelve parte primordial, y otra que nos saldrá al paso del tiempo, sin lugar a duda.

(Grazie, maestro!)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

Oscar de la Borbolla

AZARES Y LECTURAS

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta borbollesca para Atenea Cruz)

Querida Atenea:

Luego de ver tu más reciente video en tu canal de YouTube (Libros, Libros, Libros), sobre cuentistas mexicanos, y de suscitarse la lluvia de tuits y de recuerdos (y una que otra proposición libresca) en Twitter, me quedé pensando sobre un personaje singular ambos conocemos: Óscar de la Borbolla. Y para entrar en materia, es preciso volver la vista hacia atrás, cuando quien esto escribe tenía veinte años menos…

A principios del año 2000, y luego de un paro de varios meses que tuvo a la UNAM en un impasse sin término, ingresé a la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán; pero antes de ello, ya contaba con un hábito que, andando el tiempo, se hizo adicción: la compra de libros, y de literatura, desde 1999, cuando supe de una colección de variopinta materia: ¿Ya leíssste?, esfuerzo editorial del Instituto de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

RÉQUIEM POR EL 97.7

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Recuerdo que hace más de treinta años, cuando mi madre salía a trabajar, me dejaba en casa de unos vecinos, cuyas hijas escuchaban la radio, y la estación que siempre sintonizaban era una de corte pop, ubicada en la frecuencia modulada: Stereo 97.7. Durante muchos años, Arturo Flores fue la voz emblema de la estación, con la cual lo mismo se anunciaban las canciones, la hora y el estado del tiempo, así también los bloques y programas, como Las famosas de… y la siempre imitada jamás igualada Oldies but goodies.

Con el tiempo, Stereo 97.7 se hizo de un público muy amplio, conformado por guerreros de la música y chicas 97.7, atentos a las promociones y regalos que hacía la estación, desde discos de sus cantantes favoritos, hasta boletos para conciertos y enseres promocionales. (Pues, claro, dicha estación pertenecía a la Organización Radio Centro, en cuyo portafolio de estaciones ya existía esa dinámica de promoción, como una de Radio Variedades con una gallina por delante, o ya la clásica “Oigo Radio Centro”.)

Irán Flores

HACIA LA PROPIA OBRA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta preceptiva para Irán Flores)

Querida Irán:

En primer lugar, te felicito por tu participación por el chat en vivo que organizó tu casa editorial, donde además de responder todas las dudas de tus fans, compartiste algunas cosas relacionadas con los personajes de tu trilogía de novelas (Enamorada de la apuesta, Acepta que nos hemos enamorado y Enamorada para siempre) y la escritura de tu nueva novela, El viaje de Gres, aún en proceso.

La razón de esta misiva es para compartirte algunas impresiones que me surgieron a lo largo del chat, y que espero te sean de utilidad en los escritos que realices más adelante. Vayamos por partes.

Cuando escuché que ya no vas a escribir otra trilogía, y que prefieres una sola novela bien hecha, me sorprendió por entero, porque finalmente ya le tomaste la medida a un oficio que, por sobre todas las cosas, debe privilegiar más la calidad que la cantidad; aunque la historia de Courtney dio para tres partes, tus siguientes historias se volverán un poco más cortas en extensión, pero con historias más sólidas para contarse. Por ahora, El viaje de Gres representa ese compromiso, y aunque su escritura sea un poco lenta, no te desanimes, hay pausas que se agradecen.

Andrea Chapela

CIUDADES AL INTERIOR DEL TIEMPO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguno de sus Escenarios del sueño, Jorge F. Hernández dice que hay ciudades que se leen y ciudades que se escriben; que las primeras “nos quedan mejor en la imaginación”, mientras que las segundas “se dibujan con cada aventura personal”. Dentro de la literatura es posible hallarse dentro de ambas ciudades, donde, entre intención e invención, se busca un lugar a salvo del tiempo, y a este respecto, en el cuento se cumplen todas las condiciones.

Luego de conocer los altos vuelos de una saga de fantasía, Andrea Chapela nos entrega Un año de servicio a la habitación, volumen de cuentos donde la imaginación y la experiencia habitan el mismo lugar, a la espera de encontrar a sus propios personajes.

Compuesto por veinticuatro cuentos, tiene como escenarios un hotel de Madrid, donde se suceden diversos personajes, a quienes la autora les asigna un lugar específico, en que habremos de conocer su propia historia, entre marcadas rutinas e inusitadas maravillas. En “Check-in”, por ejemplo, conocemos a Mari, gobernanta del hotel, cuyo día no comienza precisamente a primera hora, sino en el ritual previo de acoplar sus propias taras al ritmo de trabajo por llegar, y aunque en apariencia esto no sea del todo atractivo, la mirada de Andrea Chapela nos convence de lo contrario. Nadie que trabaje con ella esperaría que su rutina matutina incluyera poner la radio, quitarse los zapatos y estirar los pies por debajo del escritorio disfrutando de los minutos antes de las medias y los zapatos ortopédicos. O tal vez sí deberían esperarlo. Aunque raramente sonríe, directa y eficientemente frente a los huéspedes, Mari lleva el cabello suelto, rizado, le crece hacia arriba desafiando la gravedad, como una melena negra, blanca y gris. Es un claro signo de que no es lo que parece. (Una vez puesta en su papel, sólo le resta aparecer de forma incidental en otras historias.)

ENTRE PALABRAS AJENAS

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta autógrafa para Daniela Medugorie Castell)

Dani querida:

Hace un año, y a resultas de nuestras charlas y encuentros en la División de Ciencias Socioeconómicas, tuve la fortuna de obsequiarte un ejemplar de Pequeña crónica de días excepcionales de Octavio Paz; tiempo después, en otra “conversación de pasillo”, me llegaron un agradecimiento y un reclamo: el primero, por ese pequeño detalle, mientras que el segundo, mediante la siguiente aseveración: “Todos mis libros están dedicados. Te faltó ponerme unas palabras”. “Pero si no soy el autor”, respondí intrigado, “a lo más que puedo hacer es escribirte una tarjeta de puño y letra, para que la encartes al libro”. Y, claro, insististe en que estampara unas líneas autógrafas.

Para serte franco, mi negativa a dedicar libros que no son míos data de hace muchos años (24, para ser precisos), cuando comenzaba a formar mi biblioteca y en la primera página escribía mi nombre completo y la fecha en que adquiría el libro. Tiempo después, mi maestro del taller de creación literaria, en la preparatoria, mi hizo saber que aquella acción -con todo y su candidez juvenil- era, simple y sencillamente, un atentado, y que en lo sucesivo la evitara, o en su defecto, nada como usar un lápiz, si seguía en ese empeño. Al final del día, adquirí la costumbre del lápiz y libro que llegaba, libro al que estampaba mi ex libris (en ese tiempo, en la última página, casi pegado al lomo).

Antonio Alatorre (La migraña)

ARRANQUE DE MEMORIA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En el primer párrafo de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, se puede leer la siguiente frase: “Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”. Cuando se trata de ajustar cuentas con una vida tercamente vivida, digno es realizar un ejercicio de memoria y así justipreciar los pasos dados a lo largo del tiempo. Sin embargo, para que esto se concrete a cabalidad, es preciso partir del principio.

Dentro de una extensa obra (donde lo mismo abordó el genio y la figura de Sor Juana Inés de la Cruz como los avatares de la lengua española en un milenio de presencia), Antonio Alatorre (1922-2010) dejó escrita una novela, inédita durante varios años y que llega a nuestras manos por obra y gracia del azar.

La migraña, breve en extensión, nos cuenta la historia de Guillermo, profesor universitario y director de una revista, a quien, al momento de revisar algunos papeles correspondientes a su labor académica, le ocurre un chispazo de memoria que le orilla a escribir un capítulo olvidado de su vida. […] Me ha venido al recuerdo -a la fantasía, más bien- un pasaje de mi vida, un pasaje que puede ser dramático y patético, o simplemente tierno, provocador de lástima, un pasaje que puede ser muchas cosas, significar muchas cosas; esto depende del lector, o más bien depende de mí, es decir, de la manera como ahora lo siento, de la manera de decirlo, de la “escritura” que resulte. […] Se me ha ocurrido un pasaje y no me lanzo a contarlo como esos escritores que lo maduran todo, y que no sé si me dan envidia.

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VOLVER A LA PARROQUIAL

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Hace pocos días, en los juegos que colegas y amigos han compartido en redes sociales, se me pidió participar en uno sobre palabras y la que elegí para entrar al juego fue la siguiente: milagro. Y sí, en estos días, de contingencias y boletines vespertinos (donde todo se resume en tres palabras: quédate en casa), no dejo de creer en lo acertado de esa palabra.

Luego de atender varios pendientes en la zona aledaña a Ciudad Universitaria, y de entregar algunos documentos en el metro Aquiles Serdán, emprendí camino de nuevo hacia el sur, pero no tan al sur: la estación Refinería. Una vez ahí, caminé hacia el este y a tres calles de ahí estaba un lugar muy entrañable en mis años de estudiante: la Librería Parroquial de Clavería, a la que no volvía desde hace más de una década. Resolví entrar.

Galería 2

  • El metro en contigencia sanitaria por el COVID-19
    Estación del Metro, Salto del Agua. Foto: Alfredo Martínez
  • Entrada a Celebrando la Eternidad
    Entrada Bosque de Chapultepec. Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad
    Celebrando la Eternidad en el Bosque de Chapultepec. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad II
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad I
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Parque Ecológico Xochitla
    Ofrenda de Día de muertos Parque Ecológico Xochitla en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • El xoloitzcuintle.
    elebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Grabados de José Guadalupe Posada
    Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ofrenda Monumental Tepotzotlán
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Día de Muertos en Tepotzotlán
    Día de muertos en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Catrina 2019
    Catrina en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Olas de mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Nubes
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de carretera
    Fotografía: Carolina Bello
  • Playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Camino a la pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Vista de la pirámide de la Luna
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje panorámico de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pieza del museo de la Cultura Teotihuacana
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres