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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Lucía Rivadeneyra en la Casa del Poeta. El pasado miércoles 14, el firmante de estas Horas tuvo la dicha de asistir a la presentación de la nueva plaquette de Parentalia ediciones: De culpa y expiación, de Lucía Rivadeneyra (con quien coincidí allí mismo y semanas antes, en la presentación de la plaquette de Alberto Ruy Sánchez).

A diferencia de aquel día (donde casi no llego, con todo y que traté de salir de un vagón bastante abultado), mi trayecto de ida fue más sencillo y aún alcancé lugar; por fortuna, ya el café-bar “Las Hormigas”, en la planta alta de la Casa del Poeta, ya había mucha concurrencia. Al llegar, me senté en la mesa de mis abogados favoritos y una vez que acomodé mis cosas, pasé a saludar a Julia Santibáñez (a quien le obsequié unos ejemplares de la gacetilla de la FES-Acatlán, en cuyas páginas salió una nota sobre la conferencia que dio a finales de febrero) y a Claudia Hernández de Valle-Arizpe, de quien me acordé en abril pasado en el Remate de Libros en el Auditorio Nacional. (“Vi tu libro sobre Bonifaz y me acordé de ti. Lo dejé pasar y ya cuando iba a comprarlo, se había agotado”, le dije. “No te preocupes, yo te doy uno”, me respondió, “avísame con tiempo y te lo dejo con Carmen, quien hoy se encarga de los eventos en la Casa del Poeta”.) Y, por supuesto, a la protagonista de la tarde. “Lo prometido es deuda, Lucía, aquí estamos”. De vuelta en mi mesa, otra sorpresa me esperaba en los siguientes cinco minutos: Marcos Daniel Aguilar, joven colega (y a quien conocí gracias al gran Jorge F. Hernández) hacía su llegada al lugar; de inmediato fui a saludarlo con la siguiente exclamación: ¡Agua de azar! Se sorprendió al verme y le comenté que de pura casualidad traía La terquedad de la esperanza en mi maleta. (Doble sorpresa.)

Quince minutos después de la hora convocada, comenzó la presentación con las palabras previas del editor en jefe de Parentalia, Miguel Ángel de la Calleja, quien ponderó la plaquette y su presencia en lo que va de la colección Fervores; al término de su participación, Silvia Pratt, una de las presentadoras, confesó que ya casi no acepta invitaciones para presentar libros (“puesto que no hay tiempo y hay que emplearlo para escribir nuestras cosas”), pero por tratarse de una gran colega y amiga como Lucía, más que privilegio, es un deber, por seguir muy de cerca su obra.

La siguiente en participar, Julia Santibáñez, también compartió con el público asistente una confesión: siempre ha querido presentar una plaquette (o “plaqueta”, como le dicen en Uruguay, por su reciente visita al país sudamericano), y más de Parentalia, por el cuidado en la edición, sobre todo, para revelar el misterio parentálico por excelencia: el poema del colofón. (Por respeto al lector, omitiremos ese detalle… y se animen a comprar la plaquette para descubrirlo por cuenta propia.)

Finalizó la presentación de De culpa y expiación con el agradecimiento a las presentadoras y al editor (de quien, confesó Lucía, ¡le gusta mucho su nombre!), pero en especial al público que le privilegió con su presencia. Y antes de tomar una copa en su honor, De la Calleja hizo un anuncio: el domingo 9 de julio, en la sala “Manuel M. Ponce” del Palacio de Bellas Artes, se presentará la ronda más reciente de la colección Fervores; así que quienes no pudieron asistir a las presentaciones anteriores, o quieren completar su colección de plaquettes, ya saben dónde y cuándo. (Y el firmante de esta columna, allí estará para saludarles y compartir el milagro de la poesía.)

Una vez hecho el anuncio, colegas, amigos y alumnos de Lucía hicimos fila para obtener su firma; una bellísima e inteligente mujer, al ver mi ejemplar del primer libro de Lucía, Rescoldos, se sorprendió. “¿Cómo lo conseguiste?” Una vez que me formé detrás de ella, entablamos plática mientras llegaba nuestro turno; me comentó que fue su maestra hace algún tiempo, y en reciprocidad, le comenté que supe de ella en una lectura de escritores michoacanos en Minería, hace varias ferias del libro. Por fin, llegó nuestro turno, y después que la autora firmó su ejemplar, Mary me pidió que le tomara unas fotos con Lucía: dicho y hecho. Seguí yo y luego que Lucía me firmara su plaquette con su tinta especial, le pedí que Rescoldos lo firmara con mi pluma fuente especial (“la legendaria”, como la bautizó Susana Quintanilla), para lo cual accedió de inmediato. Una de sus alumnas, que estaba a dos personas de mí, vio mi libro y exclamó con sorpresa: “Miren, ¡alguien tiene Rescoldos! ¿Dónde lo conseguiste?” “En un bazar de libros en la FES Acatlán. Lo vi y sin preguntas de por medio, lo compré…” Agradecí a la autora y me regresé a mi lugar. (Antes de ello, Mary me pidió correo electrónico y demás datos de contacto para proseguir la conversación… y enviarme la fotografía que me había tomado con Lucía.)

Guardé mis ejemplares autografiados (los de Lucía, y el de Marcos Daniel Aguilar, aprovechando el grato encuentro) y busqué afanosamente una copa de vino tinto, pero no lo conseguí, hasta que Carmen Nozal me la consiguió; y en el momento de tomar el primer sorbo, Julia Santibáñez pasó a despedirse de todos. (¡Por poco y derramo mi copa sobre la guayabera blanca que traía yo esa tarde-noche!) Acto seguido, mis abogados emprendieron la retirada, pues ya los esperaban a cenar por la zona. Mientras llegaba mi hora, me batí a duelo intelectual con Alejandro Rodríguez Castillo (joven colega y amigo, e integrante del equipo editorial de Parentalia) y estuve un breve instante con Sophie y Cintli, charlando sobre plumas fuente recobradas y otras cuestiones periféricas. “Oye”, me dijo Cintli, “¿por qué no le das una de tus plumas a Sophie?” Me sonrojé un poco y sin mucho pensar respondí: “Ya la tiene, seguro que sí, pero no me pregunten cuándo, eh…”

Las nueve y media en mi reloj y, como Julia media hora antes, pasé a despedirme de todos. De camino hacia el metro Insurgentes (casi enfrente de Casa Lamm), se dio un maravilloso reencuentro con Irasema Fernández, escritora y chelista, a quien no veía desde la presentación del libro más reciente de Tedi López Mills. “Me acordé de ti cuando se dio la noticia de Piglia, sabes”. “Me publicaron en la revista La Tempestad la entrevista que le hice cuando estuvo en Oaxaca”, me dijo. Le pedí que me pasara el enlace para leerla, a lo que me respondió: “No suelen subir sus contenidos en redes, pero en cuanto me manden revistas te lo haré saber…” Nos despedimos con la esperanza de volvernos a ver. (“Son tantos años de no vernos ¿verdad?” “Días, Irasema, son sólo días…” Y ella sonrió.)

Dos libros que se volvieron uno. No están para saberlo ni yo para contarlo, pero el pasado viernes 16 quien esto escribe cumplió añitos (9 x 4, seis al cuadrado, la mayoría de edad en segunda vuelta, etc.) y como suele hacer cada año, se tomó un “tiempo fuera” para darse un auto-regalo, sea en papel o en compact disc. (El año pasado, con algunos días de diferencia, fue un paquete de discos “2 x 1” de Javiera Mena y Ellis Paprika, que aún escucho como si fuera la primera vez…)

En este año, decidí darme dos libros de regalo (ambos, del Fondo Editorial Tierra Adentro, de la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura) y para ello, debía hacer una escala en la librería Educal, pero ¿en cuál de todas las sucursales? Después de pensarlo un poco, me bajé en Metro Revolución y al término de quince minutos (hubieran sido diez, pero me detuve un poco frente a la sede nacional de cierto partido político, dada una exposición fotográfica sobre el centenario de la Constitución de 1917), llegué a la sucursal de la Biblioteca Vasconcelos. Entré con la esperanza de encontrar sendos ejemplares de Tierra Adentro, pero sólo pude ver uno en existencia, así que me retiré de allí, para seguir mi búsqueda en la sucursal de la Ciudadela.

Luego de un transbordo muy rápido y de echarle un ojo a los libreros de la Ciudadela, llegué a la Biblioteca de México en cuyo interior se encuentra la librería “Alejandro Rossi” de Educal, y lo primero que hice al entrar fue revisar el anaquel con los libros de Tierra Adentro; mismo caso que en la Vasconcelos, y me retiré de allí. Como el metro estaba muy cerca, viajé hacia Pino Suárez donde seguramente en la sucursal del Pasaje Zócalo-Pino Suárez lo encontraría. Lamentablemente, ninguno de los libros buscados lo tenían ahí. Y el mismo caso se dio en las sucursales del Templo Mayor y del Palacio de Bellas Artes, ante lo cual me di por vencido.

Una vez que salí del Palacio de Bellas Artes, y ya resignado por mi poca suerte en la búsqueda, pasé a la librería del pacificador hindú sólo para no irme “en ceros” en cuanto a nuevos datos bibliográficos. Al revisar el anaquel de literatura mexicana, un libro me atrajo enormemente la atención: la novela Campeón gabacho de Aura Xilonen Arroyo. Vi el precio y sin pensarlo dos veces, lo compré y en el camino de regreso, lo empecé a leer.

Al principio de mi travesía, el objetivo por alcanzar era conseguir dos libros, pero el agua de azar se empeñó en convertirlo en uno solo, el cual, dicho sea de paso, ya le traía muchas ganas… pero por el precio de entonces era poco probable. (En otra ocasión volveré a buscar los primeros, que adquiriré de inmediato llegado el momento. Seguro que sí.).

El Crisol de Elisa Cuevas. Mañana, martes 20, mi queridísima colega y amiga Elisa Cuevas presentará en la Casa Tonalá el número más reciente de la revista Crisol Acatlán, esfuerzo editorial que reúne colaboraciones de maestros y alumnos de la FES-Acatlán (UNAM). Además de la directora general, Ximena Rodríguez Rodríguez y Daniela Arochi López participarán como presentadoras.

La cita será a las 6 pm, en el número 107 de la calle Tonalá, en la colonia Roma. Si el tiempo y la cuenta nos dan licencia, fuerzas y luz verde para asistir, allí estaremos, entonces. (Nos leemos pronto. ¡Gracias!)

 

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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Comentarios (1)

  • Elisa

    |

    Gracias mi queridísimo Ulises.
    Sabes que te admiro, eres un excelente escritor.

    Responder

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