LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Volver a casa. Desde la publicación de las colaboraciones convocadas por aquella dinámica de nombre La maleta del escritor, me tomé un “tiempo fuera” con la finalidad de realizar el principal objetivo que llevamos al despertar: vivir. (Como el protagonista de Más allá de las nubes, de Michaelangelo Antonioni y Wim Wenders, en vez de buscar historias, preferí que éstas se me acercaran.) Un mes después, llenar este espacio con las cosas que vienen y van, es una forma de volver a casa. Ojalá y en ese empeño, me sigan acompañando como siempre.

(Sólo cuatro palabras más al respecto: ¡Muchas gracias por esperar!)

Aves migratorias en la Roma. El martes 1° de agosto, el firmante de estas Horas se dio cita en El Péndulo de la colonia Roma, para la presentación de Aves migratorias, libro de ensayos de Mariana Oliver, publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro de la Secretarí­a de Cultura. A las 7 pm, ya hací­an acto de presencia tanto la autora y su familia como las presentadoras del libro, todas maravillosas escritoras: Karen Villeda, Isabel Zapata y Marina Azahua. Para fortuna de quien esto escribe, tanto Karen como Marina me saludaron de inmediato, luego de un prolongado tiempo de no coincidir en presentación alguna. “De hecho, tení­a planeado ir a la presentación del Cuaderno de faros de Jazmina Barrera, pero no pude…”, y al escuchar esto, Karen me dijo: “Pero si aquí­ está la autora, deja te la presento”. Acto seguido, me la presentó y para que el encuentro fuera redondo y doblemente grato, bajé a buscar su libro con los dependientes de la librerí­a. Mala suerte: no lo tení­an aún. Y con el rostro desanimado, le conté a Jazmina mi impresión, con la esperanza de que una vez en mis manos, la leerí­a con todo gusto, que la firma vendrá en otra ocasión.

Pasadas las 7:15, comenzó la presentación, donde cada una de las participantes compartió su lectura del libro. Karen Villeda leyó fragmentos de sus textos favoritos (en particular de “Normandí­a”), luego Isabel Zapata ponderó la temática germanófila que une a varios ensayos (producto de su estancia en Alemania), mientras que Marina Azahua resaltó el carácter fragmentario en la estructura de algunos trabajos, a guisa de invitar al lector para que se cuestione sobre sí­ mismo a medida que avanza en la lectura, y finalmente, la propia autora compartió con el público la manera en que nació Aves migratorias.

Al momento en que los lectores se acercaron a la autora para pedirle su firma, hice lo propio con Isabel Zapata, a quien le pedí­ que firmara un artí­culo suyo publicado en la revista Tierra Adentro, y después con Marina Azahua, y sendos ejemplares de Retrato involuntario: uno para mí, y otro para una colega y amiga muy querida, Fernanda Iturbide. Y al momento de formarme para la firma de Aves migratorias, Mariana quedó asombrada al saber que conocí­a a su antiguo tutor en la Fundación para las Letras Mexicanas, Vicente Quirarte. “Le tengo que mandar mi libro, pero ya no está en la Fundación”, me dijo. “¿Por qué no lo buscas en El Colegio Nacional? En estos dí­as dará una conferencia sobre Lovecraft…” “¡Su mero mole, claro!” Luego de compartir ésta y otras coincidencias, nos despedimos con la esperanza de leernos muy pronto. Pero antes de irme, hice lo propio con Karen, Marina y Jazmina, a la que ya se les habí­a unido Nayeli Garcí­a Sánchez, a quien no veí­a desde alguna Venta Nocturna del Fondo de Cultura Económica.

En momento así­, confirmo que la literatura mexicana actual goza de cabal salud con ensayistas de alto calibre, como Mariana Oliver, Jazmina Barrera y Marina Azahua. (Ya merecerán sus respectivas lí­neas, cuenten con ello…)

Cambio de página. Mes a mes, llega hasta la comodidad de mi hogar el nuevo número de la Revista de la Universidad, y en la entrega correspondiente a agosto de 2017, sobre las revistas literarias, leo en el editorial escrito por Guadalupe Nettel, su directora, que la revista cambiará de época a partir de septiembre.

Desde que Ignacio Solares fuera designado director emérito por el rector de la UNAM, Enrique Graue, y se nombrara a Guadalupe Nettel como la nueva directora de la Revista de la Universidad, ya se veí­a venir el cambio de vientos. Solares se despidió en el número de marzo, y Nettel comenzó sus labores en la dirección desde mayo, con una edición dedicada al centenario de Juan Rulfo. (El número de abril, cabe decirlo, fue coordinado por Mauricio Molina, a guisa de “transición” entre dos épocas.)

Justipreciar el papel de las revistas literarias, tema del presente número de la Revista de la Universidad, es una manera de mirar el camino trazado previamente, en aras de seguir adelante y valorar mejor el legado que se nos presenta. Para serles franco, me entristece el fin de una época, pero conservo una esperanza (como debe de ser, claro) por el nuevo día a la vuelta del tiempo. (Sólo el presente nos pertenece…)

Nota telegráfica para José Francisco Conde Ortega. En la edición anterior de estas Horas, comenté muy de pasada la presencia de José Francisco Conde Ortega como invitado de La república de las letras, programa radiofónico de Humberto Musacchio, y al momento de compartir con el público sus grandes poetas mexicanos de todos los tiempos, quedé sorprendido por su respuesta, porque la suscribo por entero, por donde quiera que se vea: Ramón López Velarde, Efraí­n Huerta y Rubén Bonifaz Nuño, quienes, a tí­tulo personal, conforman la “santí­sima trinidad” de la poesí­a mexicana.

(A lo que sigue.)

Roberto López Moreno: 75 años poéticamente bien vividos. El viernes 11 de agosto, mi siempre admirado Roberto López Moreno cumplió 75 años de vida; dos dí­as antes, en la sala “Adamo Boari” del Palacio de Bellas Artes, se realizó un homenaje, con música y danza incluidos, y el martes 15, en la Casa del Poeta “Ramón López Velarde”, en la colonia Roma, un maratón de poesí­a suya se hizo en su honor.

Sin picarme de original, mi manera particular de celebrar su vida, obra y milagros, es compartiendo una estampa personal: en algún número de la revista El Búho, Roberto publicó un texto ¡sobre mí­!, lo cual todaví­a me tiene sorprendido, he de confesarlo. (Un dí­a de éstos, y con permiso de sus herederos, lo reuniré en el tomo de mi poesí­a reunida.)

Pero donde su gratitud poética se afianzó por entero, fue en la presentación de Sirenas del mp3, primer poemario de quien esto escribe (y cuya segunda edición, corregida y aumentada, esperamos tener en nuestras manos a finales de año); además, en este mundo ancho y ajeno, contar con amigos en común siempre es un privilegio.

(Al momento de escribir estas lí­neas, terminé de leer un libro suyo de poesí­a, que lleva como tí­tulo la famosa ecuación de Albert Einstein. Nunca dejará de sorprenderme, sin duda.)

Irse para quedarse. En mi cuenta de Twitter, solté las siguientes palabras al vuelo: “Aquellas personas que dejan la vida antes de tiempo, nos recuerdan, a quienes seguimos aquí­, una toral misión: vivir para contarla.” Cuando la fuerza de un obituario nos deja en silencio, sólo palabras así­ quedan frente a nosotros.

La semana pasada, la noticia del fallecimiento de Jesús Aranda, periodista del diario La Jornada y decano de los reporteros en la fuente que cubría las actividades de la Suprema Corte de Justicia, nos tomó muy de sorpresa. Un periodista generosamente inteligente, que cultivó la amistad en todas sus formas, empezando por la página de cada día, parte de esa “historia de lo inmediato” (como Renato Leduc denominó al periodismo), para que sus amigos desconocidos (los lectores) tuvieran algo de luz entre palabrerías y murmuraciones -vueltas pulpa de pasquines maniqueos y tabloides chayoteros.

Quede en nosotros honrar el legado de Jesús Aranda (así­ también como el de nuestros colegas caí­dos en batalla, contra la mentira y la impunidad), haciendo lo que mejor sabemos hacer: escribir, escribir y escribir. Para su hija Nisla, mucha fuerza, un enorme abrazo y la gratitud de un colega y amigo que busca quitarle un gajo a la memoria, porque cada día es una batalla contra el tiempo.

(Gracias, don Jesús; muchas gracias, colega.)

La feria de la vida… académica. Cierro esta entrega con una invitación doble para asistir a la Feria Internacional del Libro Universitario, organizado por la UNAM, donde además de reunir los fondos editoriales de las universidades nacionales e internacionales, busca sentar un precedente en cuando a la interacción entre instituciones de enorme alcance académico, con la Universidad de Salamanca como invitada de honor. (Del 22 al 27 de agosto, el centro universitario de convenciones, sobre Av. del Imán, en Ciudad Universitaria, se llenará de libros, autores y universidades, y allí­ estaremos, para dar santo y seña de todo.)

Y como broche de oro, en unas horas se inaugurará la Feria Internacional del Libro del IPN, en el lugar más emblemático de la cultura politécnica: el Centro Cultural “Jaime Torres Bodet” (El Queso, de cariño), del 25 de agosto al 4 de septiembre. (E igualmente con la FILUNI, tendrán noticias de la FIL Politécnica en este espacio.

(Nos leemos muy pronto. ¡¡Gracias!!)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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