Foto: pixabay.com

LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Los días de hace rato. Dicen que un rayo nunca cae dos veces en el mismo sitio, pero cuando se da el caso, no sabemos qué pensar, ni en cómo reaccionar.

Dos horas después del simulacro general, que se hace cada 19 de septiembre (en conmemoración por aquel suceso de 1985), el azar nos agarró de sorpresa, con un sismo de 7.1 grados Richter, ocasionando daños en Puebla, Morelos y en la Ciudad de México. (Al momento en que escribo estas líneas, todavía siguen las labores de rescate en los edificios derrumbados, el acopio de víveres en varios lugares de la ciudad y zona conurbada, y la recepción de donativos en cuentas bancarias de instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Y para los meses que vienen, seguro que duplicarán su acción.)

Muchas de las cosas que solemos (solíamos, quizá decirlo así) hacer antes de aquel martes 19, ya no serán las mismas; la organización de la gente, al momento del siniestro, se intensificó a tal grado que las ayudas (víveres, albergues, brigadistas, ayuda de todo tipo) no faltaron, e inclusive, para aquellos que estábamos a la distancia (física, virtual) la disyuntiva de ir hacia las zonas de desastre o quedarnos en nuestros puestos (trabajo, casa, redes, etc.) se hacía presente.

¿En dónde estaba ese martes 19, pasadas las 13 hrs? En mi segunda casa, la FES Acatlán, escuchando a un profesor de Derecho y de cómo se quejaba de que los estudiantes se tomaron tan a la ligera el simulacro de las 11. En el momento más álgido de su alegato, el edificio donde estábamos, mis compañeras y yo, empezó a moverse y de inmediato, pusimos pies en polvorosa. (Aún así, cerré con cuidado las puertas, y una vez hecho esto, ¡a correr!) Una hora después del movimiento, las autoridades evacuaron a toda la comunidad, y nos enviaron a nuestras casas. (Hice lo propio con una maestra, vecina de municipio, que me dio muy buena encaminada.)

Durante los dos días que no asistí a la facultad, estuve en casa, literalmente, incomunicado, por falta de luz eléctrica. Sólo el radio FM del celular nos daba algo de noticias, y música, sobre todo, para no desquiciarnos demasiado. Al inicio del tercer día, y luego que personal de la CFE arreglara el desperfecto, en casa se encendieron televisores y radios para estar al tanto de las últimas noticias.

Cuando se dio el sismo de 1985, quien esto escribe tenía cuatro años y poca memoria sobre aquel suceso. (Sólo recuerdo que la guardería donde mi madre me dejaba, tuvo algunas cuarteaduras, pero nada que no corrigieran algo de cemento y pintura.) En años anteriores me ha tocado sentir varios temblores, pero no tan intensos como éste, del martes 19.

Se dice en todos lados que la vida no volverá a ser la misma a partir de ese día (caso similar en 1985), pero una cosa es segura: la vida cambia a cada instante, aquí el punto es no detenerse, porque, como decía una colega y amiga mía, al final del día uno hace lo que puede, lo que quiere y lo que debe. Y si las tres coinciden con una causa justa, habremos ganado la mitad de la batalla.

(#FuerzaMéxico)

Aunque detenida, la Cultura sigue… A partir de los sucesos recientes, todas las instancias del medio cultural han suspendido sus actividades hasta nuevo aviso: desde la Secretaría de Cultura hasta El Colegio Nacional, todas conscientes de los tiempos que corren.

Sin embargo, una forma de salir avante de los embates del presente, es, precisamente, la cultura. Brigadas como #CuentiAyuda llevan alegría y buenas historias a los niños de albergues y campamentos surgidos después del sismo; Educal y el Fondo de Cultura Económica llevan libros y cuentacuentos, y, claro, la música suena en varias partes, a cambio de víveres e insumos para comunidades afectadas.

Por otro lado, en edificios de enorme valor histórico, se hacen esfuerzos titánicos para evitar su desaparición, luego de sufrir daños en su estructura; aunque haya autoridades empeñadas en derrumbarlos, gente del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y habitantes del lugar, no cejan empeños para cuidar el poco patrimonio que les queda. (Si varias ciudades de Europa se reconstruyeron, escombro por escombro, después de la guerra, no dudo que después del sismo, así sea con pueblos y ciudades de historia reluciente.

Y por el lado de los que tenemos una tribuna impresa que virtual, sólo nos resta hacer nuestro trabajo, es decir, informando a la gente sobre cómo asimilar los días que corren, con la esperanza y la memoria como nuestras armas. (No estaría de más decir, como fray Luis de León al volver a su cátedra, “decíamos ayer…”, pero el esfuerzo nos llevará un poco más de tiempo… Ojalá y no sea muy pronto, ni demasiado tarde.)

Un Zócalo solidario. Con todo y los sucesos recientes, las ferias del libro programadas para finales de septiembre y principios de octubre se cancelaron, a excepción de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, a realizarse del 12 al 22 de octubre, bajo el lema Cultura solidaria.

¿Por qué una feria del libro en tiempos de desastre? Para recordarnos que sólo los libros nos salvarán, como siempre predica nuestro querido Jorge F. Hernández; para decirle al tiempo presente que, a pesar de todo, la gente sigue dando batalla, y, claro, porque el mejor homenaje que podemos ofrendar a quienes hemos perdido (por cualquiera que sea la causa, natural, social, política, qué importa) es mantener vivo su recuerdo a través de las palabras, y continuar una conversación con la vida de todos los días.

(En días posteriores, este espacio en línea se pondrá a mano con la crónica respectiva. Cuenten con ello.)

Cita (a guisa de recuerdo). “Para quien posee la belleza total, resulta difícil, pero no imposible construir una desgracia insondable. La desdicha llega con los vientos, y más con las revoluciones, pero es también labor de picapedrero, tesón de albañil del aire que labra túneles y eleva puentes hacia muros seductores precisamente por imbatibles. La maldad llega también con los vientos, y más con las revoluciones, y es labor de cerrajero que abre todas las furias del corazón. Más aún cuando el corazón oculta un amor indecible” (Luis González de Alba, Olga).

[A un año de la muerte de su autor, un fragmento de la novela que leo por estos días…]

Queremos tanto a René. El próximo martes 10 de octubre, a las 7 pm, colegas y amigos del gran René Avilés Fabila nos reuniremos en la sala “Manuel M. Ponce” del Palacio de Bellas Artes, para recordarlo, a un año de su partida. Miguel Sabido, María Luisa la China Mendoza, Óscar de la Borbolla y Jairo Calixto compartirán mesa donde lecturas y recuerdos en torno al autor de Fantasías en carrusel se alternarán sucesivamente, así como para anunciar la publicación de su libro póstumo, Retablos y altares de la literatura universal, publicado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

(Nos leemos muy pronto. ¡Gracias!)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someoneShare on LinkedInPrint this page

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario