LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Primera del año. A un mes del fallecimiento de mi maestro, colega y amigo Raymundo Ramos, familiares, colegas y amigos suyos no dejamos de preguntarnos sobre el futuro de su obra, entre manuscritos listos para imprenta, inéditos y demás sorpresas que nos depare el archivo; así también de su inmensa biblioteca, resguardada en esa cálida y generosa Casa Morada.

Tal y como lo mencioné al final de mis “pequeñas memorias” sobre Ramos (publicadas en este mismo espacio), en el preciso instante en que su nombre se mencione, un nuevo lector saldrá al paso de su genio y figura, para hacerse de sus libros de creación y de investigación, porque el mejor de todos los homenajes habidos y por haber, es una generosa y dedicada lectura.

(Todavía le debemos la presentación de su novela Mi diario sobre ti, de la que muy pronto tendrán noticias. Cuenten con ello…)

Otros aniversarios para 2018. En la última entrega de 2017 de estas Horas, mencioné los aniversarios a cumplirse en este flamante 2018. Mientras preparaba mi listado anual de lecturas y limpiaba de papeles mi escritorio, recordé otros más, importantes dentro de las letras mexicanas.

Una poeta de altos vuelos, Guadalupe Amor, se volverá gloriosa centenaria en 2018; tal vez éste sea el momento de reunir su obra poética y narrativa en un solo volumen, y de justipreciar su enorme valía literaria (porque de las anécdotas y los arranques de biografía, ya tendremos noticias, por donde quieran verlo).

En 2018 llegarán a los 90 años el escritor hidalguense Gonzalo Martré y el investigador Alfonso Rangel Guerra. El primero, creador de dos obras fundamentales en la literatura mexicana del siglo XX: su novela sobre el movimiento de 1968, Los símbolos transparentes, y su afamada trilogía del Chanfalla, que, en décadas recientes, sufrió la negativa de una importante editorial para publicarse en una canónica colección. Afortunadamente, el tiempo comienza a hacerle justicia, porque Alfaguara publicó la edición definitiva de Los símbolos transparentes, y su obra narrativa reciente halló cabida en una editorial independiente, Cofradía del Coyotes, del siempre aullador Eduardo Villegas.

Sobre el generoso e inteligente regiomontano, cabe decir que buena parte de su obra de investigación reside en un tocayo y paisano no menos importante, de nombre Alfonso Reyes. (Me decía Lídice Ramos que en la Universidad Autónoma de Nuevo León, ya se organizó un comité para celebrar presencia y obra de Rangel Guerra, todo un orgullo para dicha casa de estudios del norte de México.) Por mientras, para abrir boca, bien vale acercarse a sus trabajos en torno a Reyes, entre éstos, el volumen del Diario que tuvo en suerte cuidar, y, claro, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, en carácter de correspondiente en Monterrey: La pérdida de la mansión dorada. Notas sobre un olvidado poema de Alfonso Reyes.

Un poeta y traductor que hubiera cumplido 80 años en 2018, sin duda, es el queretano Francisco Cervantes, en cuya obra poética se respiran aires de la cultura portuguesa, y su figura se rodea de un aura de leyendas por los senderos de las letras mexicanas: que si rescataba gatos de las cantinas, que si le volaban finas plumas en continuos asaltos, que si le sacaba canas verdes a Jaime García Terrés, director de una importante editorial, etcétera. Para fortuna nuestra, una editorial del circuito independiente ha reeditado parte de su obra, y para los alcances del aniversario venidero, el Fondo de Cultura Económica nos debe la tercera edición de Cantado para nadie, su poesía completa. (Más los dimes y diretes que se acumulen en la semana…)

Con todo y que nos sigan faltando aniversarios, efemérides y demás fechas, el mejor de todos los homenajes hacia la gente de letras, sin duda alguna, será su lectura. (Ahora es cuando.)

José Luis Martínez en la Ciudadela. El jueves 18 de enero, en la Biblioteca de México, comenzaron las actividades en torno al centenario del escritor y crítico José Luis Martínez. Ese día, veinte minutos antes de las 7 pm, el firmante de esta columna llegó muy a tiempo, y aunque en un principio encontró asiento en la parte central del Patio de los Escritores (la antigua Sala de Consulta), divisó a lo lejos a Alejandro Higashi y pasó a sentarse junto a él. (“Aquí se tiene muy buena panorámica de la mesa redonda”, me dijo.)

Luego de una breve intervención de la Secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, se dio inicio a la mesa redonda en torno a José Luis Martínez, con la participación de Eduardo Lizalde, director de la Biblioteca de México, quien ponderó el papel de Martínez como incansable promotor de la literatura mexicana. Entre las cosas que mencionó Lizalde, está la mención de que en algún periódico de circulación nacional, apareció una carta de Jaime Sabines a José Luis Martínez, pródiga en elogios sobre la biografía de Hernán Cortés, obra del crítico y bibliófilo. (Comentaba con Alejandro: “¿Sabrá ese dato Pilar Jiménez Trejo, biógrafa de Sabines?”)

El historiador Enrique Krauze, breve en su intervención, mencionó que José Luis Martínez, como parte de las generaciones literarias en México, era “nieto del Ateneo de la Juventud”, generación de donde resuenan los nombres de Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Julio Torri y Pedro Henríquez Ureña, por decir algunos. También, mencionaba Krauze, fue un “hijo de la generación de 1915”, por su afán de continuar con varias empresas culturales, tras los pasos de Jaime Torres Bodet (el integrante menos comprendido del grupo Contemporáneos). Las cualidades de ambas genealogías, permeó en ulteriores proyectos, entre los cuales, uno surgido de su breve paso por Ferrocarriles Nacionales de México. (Establecer, la palabra favorita de J. L. Martínez, predominó en todos los proyectos que realizó en diversos momentos de su vida.)

Al término de la intervención de Krauze, subió al estrado la actriz Angélica Aragón, quien leyó el texto de Miguel León-Portilla, historiador y colega de José Luis Martínez, por hallarse ausente del recinto por motivos de salud. Entre las cosas a resaltar del texto de León-Portilla, se encuentra el interés de su colega por la cultura prehispánica, donde sobresale su colección de códices, y su admiración por la señera figura de fray Bernardino de Sahagún. Y por el aspecto biográfico, Nezahualcóyotl y Hernán Cortés motivaron interesantes biografías.

Adolfo Castañón, por su parte, compartió con el público algunos instantes junto a José Luis Martínez, cuando pasó a su casa de la colonia Anzures para consultar algunos libros y revistas. Por donde quiera que volteara la vista, había libros bellamente encuadernados de sus maestros -Reyes, Villaurrutia, Pellicer, Novo-, libros de historia, arte -cuyo gusto por ese tema heredó a su hijo mayor, José Luis Martínez Hernández-, y un lugar que suscitó misterio en Castañón: aquél donde JLM guardó los textos de Alfonso Reyes, guardados con el nombre clave Cerro de la Silla. (La vasta obra de JLM, señaló Castañón, tiene enorme afinidad con la de Alfonso Reyes y de Octavio Paz.)

Con el texto “José Luis Martínez, el primer reyista”, Javier Garciadiego resaltó el interés de JLM por la obra de Alfonso Reyes, cuya obra leyó, cuidó y editó; y aunque ya lo conocía por obra y gracia de la lectura, su primer encuentro se dio a principios de 1939, cuando Reyes regresó a México de manera definitiva. A partir de ese encuentro, no cesarían las gratas coincidencias, y las lecturas generosas de la obra alfonsina, como su Guía para la navegación de Alfonso Reyes, y el cuidado de los últimos tomos de las Obras Completas publicadas por el Fondo de Cultura Económica. Un proyecto de grandes alcances, que JLM ya no pudo concretar, fue la edición anotada del Diario de Reyes.

Y para cerrar la mesa de homenaje, el historiador Rodrigo Martínez Baracs compartió con el público lo que nos pareció -dicho a la manera alfonsina- “un arranque de biografía” sobre su padre, José Luis Martínez; en concreto, sobre sus primeros años en Atoyac, Jalisco, donde naciera el sábado 19 de enero de 1918. (A medida que escuchábamos la alocución de Rodrigo, entre murmullos coincidíamos en que esa biografía debe continuarse.)

Finalizó la mesa de homenaje y nos dirigimos hacia la sala “Abraham Zabludowsky”, a un costado del Patio de Escritores, donde se había montado una exposición en torno a José Luis Martínez, en la que reúnen libros provenientes del fondo editorial albergado en la Ciudadela, manuscritos, fotografías y objetos personales -como su máquina de escribir. Además de saludar a Rodrigo, a quien pregunté sobre el epistolario de JLM con Reyes, mismo que saldrá en unos meses, me dijo, hice lo propio con Eduardo Langagne, director de la Fundación para las Letras Mexicanas, y con Laura Sofía Rivero, ensayista de alto calibre (y de quien esperamos un nuevo libro suyo). Luego de una breve charla, dos copas de vino tinto y varios canapés, cerca de las 10 pm, emprendí la gloriosa retirada.

(Para abrir boca en el año del Eje Arreola-Chumacero-Martínez, esta celebración es sólo el comienzo ¿no creen?)

Al paso de los calendarios. Una de las cosas que me agradan sobremanera al inicio de cada año, es la llegada de un nuevo calendario. De pared, para escritorio, no importa, el fin es tener los días al alcance de la mano.

Como a mi querida Claudia Guerrero, en este inicio de año sí me llegó el ansiado ejemplar, pero después se dio la multiplicación de los calendarios. Uno, de escritorio, de conocida óptica; y dos, de pared, sobre “obispos en las tempestades” y jirafas de National Geographic. Pero el más reciente, obsequio de mi hermano Alberto, es de días desprendibles, y con insultos provenientes de obras de William Shakespeare.

¿Por qué esa pasión por los calendarios? ¿Será, acaso, por el diseño, que por el tiempo mismo? (Por mientras, mero coleccionismo.)

EscritorasMX en Acatlan City. Después de una exitosa presentación en el Centro Cultural Elena Garro hace dos semanas, la página web más interesante del orbe cultural llega a la FES Acatlán para compartir historia y nuevos cauces. El miércoles 7 de febrero, a las 10 am, en el Auditorio del Programa de Investigación, Cristina Liceaga y Dulce María Ramón compartirán con la comunidad acatleca su pasión por las escritoras mexicanas de hoy y siempre. (No se lo pierdan, eh…)

(¡¡Gracias!! Nos leemos pronto.)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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