MINERÍA ES UN MILAGRO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna ocasión, mencioné que el año -a título personal- no comienza el 1° de enero, sino cuando inicia la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, y este año no puede ser la excepción. Y aunque mis escalas recientes hayan sido más breves que en años anteriores, siempre hay cosas por contar.

El primer día, jueves 23, luego de un ajetreado trayecto de Ciudad Universitaria hasta el Centro Histórico (y sin pila en el celular, para acabarla), llegué al Palacio de Minería para la primera presentación editorial de la FES Acatlán: Lecturas para comprender economía, coordinado por la Dra. Xochitlalli Aroche, y presentado por el Dr. Juan Bravo Zamudio y el Mtro. Luis Ángel Ortiz Palacios. Pero como antes de la presentación tenía unos cuantos minutos a mi favor, pasé al pabellón de la Secretaría de Cultura por algunos libros del Fondo Editorial Tierra Adentro, en particular, cuatro títulos de escritoras de reciente galardón: Ensayo de orquesta de Laura Baeza, Arquitectura del fracaso de Georgina Cebey, El problema de los tres cuerpos de Aniela Rodríguez (muy recomendado en Twitter, por cierto) y el más buscado a lo largo de un año, Todo retrato es pornográfico de Yunuen Díaz. Y de ahí, al Auditorio 4.

Durante cuarenta y cinco minutos, tanto la coordinadora como los presentadores coincidieron en el carácter didáctico del libro, indispensable para los estudiantes de las carreras de Ciencias Socioeconómicas; pero también para los lectores de otras disciplinas, y poner a su alcance los temas económicos, a nivel de suelo, como quien dice. Al final, entre estudiantes de secundaria, preparatoria y hasta universidad, y público asistente a la feria, se llevaron muy buena impresión de ese libro. (A la Dra. Aroche, mi más profundo reconocimiento por el primero de muchos libros, destinados a acercar el conocimiento a todos los lectores.)

Con la pila del celular bien cargada, el viernes 24 hice escala en el palacio para otra presentación de libro: Cuaderno de faros de Jazmina Barrera (a quien conocí en el Péndulo de la Roma, cuando una colega nuestra, Mariana Oliver, presentó sus Aves migratorias). Llegué pasadas las 3 pm, y luego de ingresar por el pabellón de la UNAM, y de pasar al puesto de la CANIEM por mi ejemplar de Pasa el desconocido, antología personal de Alí Chumacero, me encontré con Mariel Damián, quien acababa de presentar su libro La chica que se ha quedado sola, junto con las demás novedades de su casa editorial, Valparaíso México. “No será la primera vez que nos encontremos en Minería”, le dije. Mariel asintió con alegría. Nos despedimos y me lancé a la presentación de Jazmina.

Antes de llegar al salón “Filomeno Mata”, pasé de volada al pabellón del estado invitado, Campeche, y encontrarme con Minerva Margarita Villarreal para así obtener su firma en mi ejemplar de Herida luminosa, y mientras llegaba, me encontré con Armando González Torres, quien acompañaría a Minerva en una siguiente presentación. Le platiqué de mis adquisiciones de Tierra Adentro y al momento que mencioné el libro de Georgina Cebey, me pidió el dato para después comprarlo. (Quedé de pasárselo por Twitter…) Y en ese momento, llegó Minerva Margarita, a quien me acerqué para pedirle su firma y, muy amable, me dedicó mi ejemplar. Y aunque llevaba yo algo de prisa, quedamos en encontrarnos en alguna otra ocasión, donde la poesía tenga la primera (o la última) palabra.

Al entrar al “Filomeno Mata”, noté algunas presencias conocidas entre el público: Paula Abramo, Óscar de Pablo y Paola Velasco. Ocupé mi lugar en la parte trasera del salón y desde ahí, escuché las intervenciones de Bernardo Esquinca y Jorge Solís, quien fungió como moderador. Al finalizar, me acerqué a la mesa para saludar a Jazmina y pedirle su firma en mi ejemplar de Cuaderno de faros, y mientras eso sucedía, me encontré con Paola Velasco, a quien felicité por su nombramiento como nueva directora de Tierra Adentro. “Nada más para terminar el sexenio, sabes”, me dijo. “Mejor un poco de algo que un mucho de nada”, le respondí. Por fin, llegué a la mesa donde estaba Jazmina y en ese momento, la gente de logística de la feria nos invitó a abandonar el recinto para preparar la siguiente actividad. Ya en el pasillo del mezzanine, pedí a Jazmina que firmara mi Cuaderno de faros con mi estilográfica legendaria (“la pluma mágica”, como le bautizó Cristina Liceaga), cosa que hizo con todo gusto. Al momento de despedirnos, le prometí enviarle por Twitter dos datos para su colección de faros.

Tal y como sucedió el jueves 23, es decir, de C. U. al Centro, el martes 27 llegué algo tarde a la presentación de Procesos de la noche, libro de Diana del Ángel sobre Julio César Mondragón, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Tanto el presentador como la autora coincidieron en que el tema del libro sigue siendo una herida abierta en la sociedad mexicana, y que su posterior lectura no debe dejarnos indiferentes, ni aquí ni ahora, a la situación del país.

Terminó la presentación y Diana salió del auditorio acompañada por público en su mayoría adolescente, interesado en leer su Procesos de la noche. Firmó algunos ejemplares, saludó a una colega y amiga suya de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, y hasta se dio tiempo para tomarse fotos con los asistentes. Cuando llegó mi turno para la firma, Diana y quien esto escribe nos saludamos luego de tantos años de no vernos. “Te vi de lejitos, en el metro Tacubaya, y recuerdo que llevabas prisa en esa ocasión…”, le comenté. Se sorprendió al escucharlo. Aproveché la ocasión para invitarla a presentar su libro en la FES Acatlán, donde el tema es de enorme interés. (Quedamos en acordar fecha y hora en semanas posteriores.)

Casi llegaba la hora de regresar a Acatlan City, pero no podía irme del Palacio de Minería sin visitar a mi querida colega y amiga Atenea Cruz al puesto del Instituto de Cultura de Durango: “Lo prometido es deuda, Ate, aquí estamos”. Se alegró por mi visita y lo primero que me comentó fue lo frío del clima dentro de Minería, por el cual llevaba puesta una sudadera. Le dije que se no preocupara tanto, que los fines de semana el calor inundaba el palacio, juego de niños para una duranguense como ella. Y atinó a reír. Prometí pasar a verla el último fin de semana, pero ella me dijo que se “tomaría” el domingo para visitar a una amiga suya al oriente de la ciudad. De cualquier manera, seguiríamos en contacto por Twitter, como en todas nuestras películas.

Por motivos de salud -una gripe de antología-, no se me concedió acudir el domingo 4 a Minería (y apoyar a una joven colega, Mildred Meléndez, en su primera participación en la feria), pero no me angustio del todo, porque en más de diez años que llevo de acudir con suma puntualidad, caigo en la cuenta de que es mejor calidad que cantidad, y que las amistades allí nacidas son el ingrediente principal de cada escala. Además, cuando se trata de darle la palabra a la memoria (a los buenos recuerdos, cabe precisar), siempre hay ocasión idónea para ello.

Después de todo, Minería es un milagro, por donde quieran verlo. (¡¡Gracias!!)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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