REMATE DE BUENAS MEMORIAS

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Hace una semana, el firmante de esta columna se dio tiempo para disfrutar de la 12ª edición del Remate de Libros en el Auditorio Nacional, realizado del 27 de marzo al 3 de abril, casi a la par de la semana santa (como cada año). Con todo y que la semana mayor la dediqué a limpiarme de pendientes en casita, me propuse ir, aunque fuera un solo día. Y así fue.

El lunes 2, aprovechando la hora de comida, y sin más equipaje que mi bolsa de viajero librario -con libreta, botella de agua y libro del momento-, me dirigí al Auditorio Nacional. Pasadas las 3:30, y al momento de subir las escalinatas, alguien que bajaba me hacía señas y al ver que no daba pie con bola, se acercó y mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que se trataba de Mónica Soto Icaza, con un atuendo muy rockstar. ¡Nos saludamos, y antes que otra cosa, saqué de la bolsa mi ejemplar de Grab my pussy!, lo firmó gustosa y después de ello, Mónica se fue a comer y yo, a disfrutar del Auditorio Nacional.

Desde el primer momento, ya tenía en la mira las editoriales donde haría escala obligada. Primero pasé al puesto de Penguin Random House, y ver si entre los libros allí expuestos, estaba uno que me encargó un abogado amigo mío. No tuve suerte, pero no me fui con las manos vacías: compré dos ejemplares de Octavio Paz: el misterio de la vocación de Ángel Gilberto Adame; uno de Saberes y delirios, novela sobre Alexander von Humboldt de José Iturriaga de la Fuente, y La Emperatriz de Lavapiés, del siempre querido Jorge F. Hernández. (Los de Paz y el de Jorge F., para obsequiar, desde luego.)

Seguí recorriendo los puestos en el Auditorio, y en cuanto llegué con la gente de Trilce ediciones, vi que habían puesto a buen precio Escribo a ciegas, de Jorge F. Hernández; sin dudarlo mucho, lo compré de inmediato. “Será un excelente regalo para un amigo mío”, le dije a la encargada, y ésta, me sugirió llevarme todos los ejemplares. “No se preocupe, ya le enviaré gente para ello…”

Subí al segundo piso del Auditorio para bien atender una recomendación de una colega y amiga mía, Guadalupe Vera, y en el stand de Endira compré su novela La ceiba de Zyanya; siete puestos más adelante, en el de la Academia Mexicana de la Lengua, conseguí a precio de risa un libro de José Rojas Garcidueñas, El erudito y el jardín, con prólogo y selección de José Luis Martínez (glorioso centenario de este año).

Casi daban las 4 pm, y con el tiempo encima, me di chance de pasar a dos puestos más: en el de la Universidad Autónoma Metropolitana, compré un libro sobre John Maynard Keynes (para un colega abogado, metido a temas económicos) y Concierto para varias voces y un intérprete, volumen de entrevistas de Dionicio Morales; mientras que en Planeta hice lo propio con La estirpe del silencio de Sandra Lorenzano, su novela más reciente. (Y de ahí, de vuelta a tierras norteñas…)

Y como al azar no le basta un solo día para sorprendernos, el martes 3 -último día del remate- tuve la oportunidad de ir nuevamente: primero acudí al foro “Juan José Arreola” para escuchar a Sandra Lorenzano, quien, al término de su conferencia, firmó mi ejemplar de su novela, adquirida el día anterior, y de ahí me lancé nuevamente al puesto de Penguin Random House por otro ejemplar de La Emperatriz de Lavapiés, y a buscar, de nueva cuenta, el libro que me encargó mi abogado. No tuve suerte con este último, pero el azar me obsequió algo mejor: El reino que no estaba para mí. Conversaciones con Álvaro Mutis de Fernando Quiroz, mismo que no dudé en comprarlo.

Como el tiempo -¡ahora sí!- estaba contado, resolví hacer un recorrido por todo el Auditorio, sin detenerme en más puestos. Al momento de llegar al segundo piso, por la parte derecha del recinto, varias de las editoriales me hacían ojitos para llevarme, al menos, un libro de bajo precio. En el puesto de una editorial de reciente nacimiento, Canto de Libro, vi que una portada me removía un poco la memoria: Buenas noches, desolación, de Sue Zurita. “¡Claro! La misma que vi muy anunciada en Twitter”, me dije. Y la sorpresa se redondeó cuando su autora se estaba tomando fotos con sus lectores. (Un día se me hará conseguir ese libro, y conocer a Sue de primera fuente… Ojalá.) Seguí mi recorrido, e hice de nueva cuenta escala con Endira: ahí seguían las novelas de Guadalupe Vera, esperando lectores nuevos. Con la gente de la Academia Mexicana de la Lengua, además de confirmar que su “éxito de ventas” -para ser su primera vez en el remate- era la antología de José Rojas Garcidueñas, recibí de obsequio un ejemplar de Plus Ultra, de Agustín Yáñez, que disfrutaré llegado el momento.

Al llegar al puesto de Amarillo ediciones, saludé a Mónica Soto Icaza, ataviada con un hermoso vestido, y quien me comentó sobre la poca asistencia al Auditorio Nacional, a diferencia del año anterior; ambos llegamos a la conclusión de que las vacaciones de Semana Santa hicieron de las suyas. Luego de conocer sus libros más vendidos, me mostró uno que, de buenas a primeras, me sorprendió desde el nombre: Monoretrato autólogo. “Le tengo un cariño enorme a este libro y de todos, es el menos comprendido”, me confesó. Más bien, le dije, sigue en espera de su lector ideal, y sin esperarlo siquiera, me obsequió un ejemplar, con todo y firma. “Hay un texto de ese libro en Grab my pussy!, ya sabrás cuál…” Luego de firmarlo con la estilográfica legendaria, platicamos brevemente sobre plumas fuente, y del cómo la mía había sobrevivido a todo tipo de percances desde hace más de diez años. “Le prometí a Sandra Lorenzano hacer una microhistoria de esa pluma”, y Mónica sólo me alcanzó a decir que ya es hora… (Un día, seguro que sí.)

Después de despedirme de Mónica, bajé las escaleras del segundo hacia el vestíbulo en la planta baja, y como suelo hacer en cada visita, me despedí del Auditorio Nacional, como si de un viejo amigo se tratase…

Tanto en el Remate de Libros como en las demás ferias del libro, es ineludible encontrarse grandes sorpresas, con todo y que lleves planeado tu itinerario, así también rostros conocidos, y, por qué no, la satisfacción de llevarse el libro que le cambie la vida, o por lo menos, el día presente. Por ahora, las buenas memorias rematan muy bien mi escala de este año. (¿Qué más resta por decir?)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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