LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Sofía en el mar, Anna Roig en Chapultepec. El pasado fin de semana tuve la fortuna de asistir a la presentación de la primera novela de Anna Roig, Sofía en el mar, de reciente aparición en la filial mexicana del sello Harper Collins; desde hace algunos meses, ya tenía conocimiento de esta noticia, pero bien dicen que la vida, cuando te lleva por otros derroteros, lo hace para dejarte en el lugar que deseas, y luego de tanto tiempo -y de una escala breve en una conocida librería de Miguel Ángel de Quevedo, para comprar mi ejemplar, a guisa de obsequio cumpleañero-, llegó el momento.

Pasadas las 12 pm, llegué al lugar de la cita: la Librería Porrúa del Bosque de Chapultepec; lamentablemente, ya no alcancé lugar y estuve de pie durante toda la presentación, a cargo de Marisabel Macías Guerrero y uno de los editores de Harper Collins México.

Entre lecturas cruzadas entre la presentadora y el editor, Anna Roig leyó un fragmento de Sofía en el mar, y además compartió con el público cómo fue el nacimiento de su primera novela, la cual tiene elementos de sus viajes por Barcelona y Lucerna, ciudades que dejaron grata huella en el recuerdo como en las libretas que fue llenando con la historia de amor de Sofía y Aleksy. Para concluir la presentación, el público participó con varias preguntas y felicitaciones a una novel narradora, a quien se le desea lo mejor en este ancho y ajeno mundo de las letras.

Luego de una hora y fracción firmando libros y obsequiando saludos a diestra y siniestra, le llegó el turno al firmante de esta columna para obtener la firma de nuestra querida colega, y como ya tenía toda fríamente calculado, saqué la estilográfica de batalla para que Anna hiciera lo propio. “Bien sabemos que eres de tinta sepia -literalmente-, pero hoy es una ocasión especial y amerita un detalle similar: usar la pluma de las escritoras”, le dije. Y Al momento de tomar la estilográfica, Anna se sintió muy cómoda –“le caí muy bien ¿verdad?”-, donde estampó unas cálidas palabras que, al momento de escribir estas líneas, me comprometen a seguir avante en este camino largo que hemos elegido. Y para redondear el momento, cumplí mi deuda con ella: entregarle un ejemplar de Sirenas del MP3 (firmado y toda la cosa), que llevaba tiempo en espera de llegar a sus manos: “Para un primer libro, otro”. Nos despedimos, deseando otras escalas de letras y grata memoria, y, claro, para que este libro viva sus propias aventuras.

Pasadas las 2 pm, y mientras viajaba de regreso a casa, saludé de lejos a un viejo amigo (que sólo veo en abril y en octubre), pero en ese instante, mi alegría de verle fue compartida por el cálido encuentro con Anna Roig, de cuya novela pronto (muy pronto) nos ocuparemos. Por ahora, sólo queda desear que hoy nazca su siguiente lector. (Hoy y siempre, ¡enhorabuena, Anna!)

Diez años de Bonilla Artigas. La semana pasada, me desayuné con la grata noticia de que la editorial Bonilla Artigas cumplió diez años de trayectoria, y cuyo catálogo ha crecido paulatinamente, desde el lanzamiento de su primera publicación, Viaje a México de Adolfo Castañón (que le obsequió el primero de muchos reconocimientos: el Premio Xavier Villaurrutia en 2008).

En la empresa que dirigen Juan Luis Bonilla y Benito Artigas, que lleva más de cien títulos publicados, se han concentrado estudios, antologías y colecciones que recobran la enorme valía de autores como Alfonso Reyes, José Balza, Armida de la Vara (a quien muchos recordamos por textos suyos incluidos en los libros de texto gratuitos), Angelina Muñiz-Huberman, Arturo Souto y hasta una novela no muy conocida de Rodolfo Usigli, todos ellos como parte de Las Semanas del Jardín, bajo el cuidado de Adolfo Castañón, amigo y autor de esta casa editorial.

Mi contacto con Bonilla Artigas se dio a raíz de Viaje a México, que leí con todo gusto y hasta tuve la dicha de asistir a la ceremonia de entrega del Premio Villaurrutia a su autor (cuya crónica se puede leer en mi página personal Nueva República de Babel). Tiempo después, recibí un correo electrónico de Benito Artigas, solicitando mi venia para que aquella crónica se publicara en un volumen de homenaje a Adolfo Castañón, a lo que accedí contento. Luego de hacerle ligeros ajustes, la envié y al paso de los meses, recibí mis ejemplares. (Además del discurso de aceptación del premio, se incluyen textos de Armando González Torres, Alicia Zendejas, Víctor Díaz Arciniega, José de la Colina, Silvia Molina, del escritor dominicano Basilio Belliard… y la crónica de quien esto escribe.)

El mejor homenaje que debe recibir una editorial del calibre intelectual de Bonilla Artigas, es acercándose a sus libros, de variopinta materia. Desde Alfonso Reyes y José Balza hasta Irma Villalpando y Armida de la Vara, no duden en acercarse a su catálogo; se sorprenderán, seguro que sí.

Cita creativa. “Improvisar, a diferencia de lo que pueda pensarse, es algo que surge de la repetición creativa, del ensayo y error cotidiano hasta que el segundo desaparece y sólo resta la magia ensayística. Surge también del trabajo colectivo, en el que cada ejecutante conoce tan bien las posibilidades de su instrumento como las del resto de la banda (o del equipo de investigación), por lo que parece que improvisan, maravillando a todos con un poco de música. La invención tecnológica, como la música de jazz, es apasionadamente cerebral” (Carlos Chimal, Fábrica de colores. La vida del inventor Guillermo González Camarena).

Horas que se quedaron. Mientras revisaba algunas cosas en mi cuenta de Twitter, caí en la cuenta de que me faltó incluir una aportación de una tuitera (que sigo y me sigue), y que, por alguna razón, quedó en la sala de espera. (Hoy le devuelvo su justo lugar, en aras de seguir la conversación.)

Pide al tiempo que vuelva es una agenda. Un apego al tiempo con tinta de colores y pegatinas y todo lo que se le pueda acumular. Por eso, tardo tanto en deshacerme de ellas. (@mauriguza)

Por un reto de lectura. Un viejo amigo, coleccionista de libros firmados, me “etiquetó” en Facebook con un reto muy interesante: mencionar, por veinte días, los libros que hayan cambiado mi vida, susceptibles de releer y que siguen formando parte de mi vida. A decir verdad, me quedé helado al verme involucrado en semejante empresa, pero cuando se trata de libros, no me echo para atrás, acepté gustoso.

Al cumplirse los veinte días, comparto en este espacio hebdomadario el listado de dichas lecturas, en espera de suscitar la conversación como la polémica:

  • Enseres para sobrevivir en la ciudad (Vicente Quirarte).
  • Bartleby, el escribiente (Herman Melville).
  • El mago de Oz (L. Frank Baum).
  • Sostiene Pereira (Antonio Tabucchi).
  • La tempestad (William Shakespeare).
  • Recuento de poemas 1950-1993 (Jaime Sabines).
  • La Emperatriz de Lavapiés (Jorge F. Hernández).
  • El Principito (Antoine de Saint-Exupéry).
  • Sí, ya me acuerdo… (Marcello Mastroianni).
  • Hora de junio y Práctica de vuelo (Carlos Pellicer).
  • Memorias de España 1937 (Elena Garro).
  • La última escala del tramp steamer (Álvaro Mutis).
  • Las ciudades invisibles (Italo Calvino).
  • Del inconveniente de haber nacido (E. M. Cioran).
  • El primer hombre (Albert Camus).
  • Cumpleaños (Carlos Fuentes).
  • Correspondencia 1939-1959 (Alfonso Reyes/Octavio Paz).
  • Un niño en la Revolución mexicana (Andrés Iduarte).
  • Doce cuentos peregrinos (Gabriel García Márquez).
  • Fábrica de colores (Carlos Chimal).

La biblioteca recomienda… Para cerrar el mes cumpleañero (junio, por si gustaban preguntarlo), y en compañía de una maravillosa mujer (a quien obsequié La montaña mágica de Thomas Mann, por cierto), recogí un libro que horas antes había apartado en la sucursal de conocida librería frente al Palacio de Bellas Artes. El título en cuestión: El viaje de los colibríes de Sue Zurita.

Por alguna cosa, cuando me di una vuelta por el remate de libros en el Auditorio Nacional, a principios de abril, no caí en la cuenta de que quien atendía el puesto de Canto de Libro, era, ni más ni menos, que la propia Sue Zurita, pero no fue sino tiempo después, y gracias a una entrevista en la cuenta de Twitter de Escritoras Mexicanas (@escritorasMX_), cuando supe que era ella.

Mi recomendación de esta escala es, precisamente, su primera novela, El viaje de los colibríes. Con todo y que se vea breve (y de fácil lectura, dirían algunos), siempre te deja con ganas de releerla y seguirle encontrando cosas. Y ese efecto sólo lo logran grandes escritoras, cuyas letras sobrepasan todo tiempo. (En algún momento, habré de conocer a Sue en persona, para agradecerle sus letras, su talento, su presencia.)

(Nos leemos pronto, muy pronto. ¡¡Gracias!!)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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