DE SAINT DENIS A LUZHNIKI

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Hace veinte años, tuve la fortuna de ver los partidos de la Copa Mundial de Futbol, realizada en ese momento en Francia; en la preparatoria todos hacían sus quinielas, que si Brasil, que si Alemania, que si uno u otro equipo, en fin… Una amiga muy querida (hoy radicada en Estados Unidos), luego de compartirme su preferencia por el equipo alemán, me preguntó de sopetón por mi equipo del momento. Luego de pensarlo un poco, le dije, simple y llanamente: Francia. (En ese momento, lo hice por salir del paso, pero el destino se empeñó en consolidar mi preferencia.)

Durante el periodo vacacional, todas las tardes, a la hora de la comida, nos reuníamos mis padres, mis hermanos y quien esto escribe para ver los partidos de Francia 98. Al ver la manera en que se movían los once jugadores del equipo francés, me quedé maravillado, pero más cuando supe su nombre. De esa legendaria alineación (hijos de migrantes, en su mayoría), recuerdo con singular emoción al portero Fabien Barthez (a quien casi emparento con el otro gran Barthes, de nombre Roland), a Thierry Henry (un torbellino en la cancha) y, claro, a Zinedine Zidane, el gran estratega. (Incluso ahora recuerdo que mi primo, alguna vez, me preguntó si tenía una postal de Ronaldo, que una compañía de refrescos te daba a cambio de corcholatas y taparroscas, y luego de responderle que no, le dije que andaba detrás de una de Zidane, por si se daba el caso. ¿Quién nos hubiera dicho que el partido final de la Copa sería entre el Brasil de Ronaldo y les Bleus, con Zidane como capitán?)

El 12 de julio de 1998, la gran final de Francia 98 se dio en el Stade de France, ubicado en el barrio de St. Denis, en la capital francesa. La escuadra verde amarela (en ese entonces, bajo la dirección de Mario Lobo Zagallo) se enfrentaría a los once franceses que habían derrotado a Croacia en semifinales, con Aimé Jacquet en la dirección técnica. Con tres goles (dos de Zidane, uno de Emmanuel Petit), Francia alzó la Copa por primera vez, y aquellos muchachos, que crecieron en la época donde Michel Platini era la leyenda viva del futbol francés, pasaron de ser once jugadores, a volverse los Dioses de St. Denis.

Pero la dicha sólo duró cuatro años: en Corea-Japón 2002, Francia fue eliminada en la primera fase. Y en Alemania 2006, en la gran final, aquellos “dioses” del Stade de France, fueron abatidos por una squadra azurra muy ágil, pero algo tramposa, como el mentado Materazzi, que derrumbó el temple de Zidane, quien fue expulsado del partido. (Recuerdo su imagen, al pasar junto a la Copa con la cabeza baja… y dejando en suspenso su retiro del futbol. Para fortuna nuestra, el tiempo ha sido más clemente con él y ahora sus dotes de estratega las aplica con el Real Madrid.) Al final, todo se definió en penales, e Italia ganó su cuarta copa; el héroe para los aficionados italianos fue Gianluigi Buffon, por su temple en la portería, y por ser un caballero dentro y fuera de ésta. Grandioso retiro hubiera tenido de haber clasificado su equipo a Rusia 2018, pero el tiempo bien sabe por qué hace las cosas. Mis respetos, desde aquí. (Y de Materazzi ¿quién se acuerda? Yo no, eh…)

Tuvieron que pasar dos copas (Sudáfrica 2010, Brasil 2014) para que les Bleus volvieran a figurar entre los mejores del mundo; aquellos niños que presenciaron la proeza de los once Dioses, harían historia en Rusia 2018: Kilian Mbappé, Antoine Griezmann, Paul Pogba, entre otros, sobresalieron de entre otras selecciones nacionales y llegaron al partido definitivo, el grand finale, en el estadio de Luzhniki, que les haría ganar, amén de la segunda Copa para Francia, la admiración y el respeto del público, sea o no francés. (De Croacia, equipo contrincante, bien vale un reconocimiento por su fuerza y aplomo en la cancha; a Luka Modric, como a Davor Suker hace veinte años, le esperan grandes cosas, como el gran jugador que es.)

Como le dije a una colega en Twitter, suscribo y reafirmo mi predilección por el equipo francés; aunque no tuve la suerte de ver a Michel Platini, sí digo con orgullo que he vivido para ver las proezas de Zidane, Barthez y Henry, pero también las de los Caballeros de Luzhniki, frase que, a partir de hoy, usaré para designar a los once jugadores que alzaron la Copa en Rusia. (Después de todo, de St. Denis a Luzhniki sólo han pasado veinte años y tres días, pero la gloria se queda hoy y siempre.)

En estos tiempos, donde todo parece estar en contra nuestra y desconfiamos hasta de nuestra propia fe, recordemos las palabras de un notable escritor francés, Albert Camus, cuya infancia como portero le mostró las claves postreras de la vida: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol.” (De lo demás por venir, no nos faltarán tiempos extra o ronda de penales para descubrirlo por completo.)

Vivez les Bleus!

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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