LA MARCHA DE LAS LETRAS

EN DEFENSA DE MI CASA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

 (A Juliana Castellanos y Elisa Cuevas)

Hace dos semanas, y en pleno fervor por la película del momento, Roma, de Alfonso Cuarón, me sorprendió encontrar en Twitter la siguiente noticia: el cineasta, quien fue electo en agosto de 2017 como nuevo integrante de El Colegio Nacional, declinó tal honor debido a cuestiones familiares y de trabajo, que no le permitirían estar de tiempo completo en las actividades del egregio recinto de Donceles 104.

Entre los tuits de reacción a este suceso, encontré el siguiente: “¿Qué creen? En el Colegio Nacional, muy listos, decidieron invitar hace un tiempo a Alfonso Cuarón para colgarse de su prestigio, justificando así sus gordísimas becas […]. Pero hoy, precisamente, nos enteramos de que Cuarón declina. Educadamente, claro.” Y quien esto escribe le respondió de la siguiente forma: “No, señor, Cuarón lo hizo por la misma razón que Gerardo Murillo Dr. Atl y Víctor L. Urquidi: exceso de trabajo y dedicación a lo que mejor sabe hacer. (En lo personal, me duele su decisión, pero se le respeta.)” Minutos después, el autor del primer tuit (cuyo nombre me reservo, claro), salió con la siguiente réplica: “Lo que se necesita, para terminar de arreglar ese lugar, es convertir al Colegio Nacional en una institución honoraria: sin pago de ningún tipo para sus miembros. Es un mero coto privado de Enrique Krauze que no paga con su bolsillo, sino con los impuestos de todos. ¡Ya basta!” Y como tenemos a éste y al polemista, me aventé la siguiente respuesta: “Sólo una última cosa: lea con mucha atención el Decreto de Fundación de ECN. (Y por lo que a mí respecta, lo dejo a usted con su polémica. Si usted insiste, que su hígado se lo reclame. Buenos días.)” Y la reacción del dichoso tuitero fue la siguiente: “Ya hiciste méritos hoy, pero la tuya es una batalla muy solitaria. Te esfuerzas en salvar un coto indefendible.

Durante el resto del día en que se dio este duelo de “tuit-esgrima”, no dejé de rumiar el asunto suscitado por la declinación de Alfonso Cuarón; pero cuando me entraban ganas de responder al último tuit del polemista anti-krauzeano, recordé una cita del Talmud: “en una discusión entre dos personas, quien calla primero es de noble familia” y me dedicaba a otra cosa. Y como no se vale escribir enojado, como sabiamente predicaba mi siempre certero maestro Raymundo Ramos, dejé descansar el asunto por un rato. Hoy que nuevamente leo tuits en contra de El Colegio Nacional (de la cantidad que perciben mensualmente sus integrantes, en concreto), es preciso seguir en esa “batalla muy solitaria”, según el tuitero polemista de marras. Vamos por partes.

1.- “Colgarse” del prestigio de Cuarón. Según el Artículo 2° del Decreto de Fundación de El Colegio Nacional, el propósito de esta institución será “impartir por hombres eminentes (cualquier ser humano, como enfatizó Concepción Company en la parte final de su discurso de ingreso) enseñanzas que representan la sabiduría de la época”, y éstas abarcan las ciencias, las humanidades y las artes; por ello, no es gratuito que tanto científicos como artistas y escritores ofrezcan parte de sus saberes en pro de la divulgación del conocimiento. Y como en ese empeño, el cine -también llamado séptimo arte– no se queda atrás, contar con un cineasta de la talla de Alfonso Cuarón en sí, ya era un gran privilegio, por aquello de compartir, tanto con sus colegas como con el público en general, su experiencia en el mundo del cine. (Vaya, hasta con decirles que prestó su premio Oscar y el traje que usó Sandra Bullock en la película Gravity para la exposición Plural como el tiempo…) Pero, bueno, en aras de ponerle pasión a tu trabajo, la independencia (como quiera que se interprete) siempre gana las mejores guerras.

2.- “Coto de Enrique Krauze”. ¡Craso error! Según el Artículo 7° del Decreto de Fundación, los integrantes del Colegio son designados por los propios integrantes (que conforman el Consejo de la institución); Enrique Krauze ingresó a finales de abril de 2005, y de ese tiempo a la fecha, sólo un integrante de su propia órbita, Christopher Domínguez Michael, ha ingresado en tiempo y forma. Entre el ingreso de ambos, otras disciplinas han brillado por su presencia, pero cada una ha sabido poner tierra de por medio y no meterse en querellas de magazine, o de grupúsculo cuasi mafia habido o por haber. (El postulado principal de El Colegio Nacional, Libertad por el saber, no necesita mayores explicaciones; en otras palabras, cada integrante decide los temas de su interés y los participantes para ello, siendo o no sus compañeros en el recinto de Donceles 104.)

3.- El pago excesivo para sus integrantes. De acuerdo con el Artículo 12 del Decreto de Fundación, “todos los integrantes percibirán la misma remuneración mensual y en ningún motivo se reducirá el importe de ésta”. En lo personal, no me genera escozor este dato (del cual tenemos conocimiento gracias a que una combativa colega lo solicitó en el INAI), porque con el hecho de impartir conferencias, publicar libros y llevar el conocimiento a todos los sectores de la sociedad, se está haciendo algo por México, tal y como predicaba a los cuatro vientos Daniel Cosío Villegas. Y ante ello, muchos me dirán, no es necesario pago alguno, pero creo que es más gratificante este estipendio a gente que se apasiona por su trabajo que por una plétora de políticos de chato criterio y bajas pasiones. (¿Y de qué manera ellos hacen algo por México, se preguntarán ustedes, tirios y troyanos? ¡Con el conocimiento mismo, claro! V. gr. Muchas de las reflexiones que Julia Carabias plasmó en su lección inaugural, bien valdría la pena leerlas con detenimiento, para que el espejismo de un Tren Maya no nos obnubile del todo…) Por último, cada integrante está comprometido a asistir a las reuniones del Consejo y dar ante éste un informe de sus actividades anuales, mientras sean menores de setenta años. Una vez llegados a esa edad, se les exime de asistir a las sesiones, pero no de presentar su informe, por breve o extenso que sea.

Bien vale recordar que El Colegio Nacional surgió en 1943, a semejanza del College de France, para darle batalla al otro colegio, el COLMEX, llamado Casa de España en sus orígenes. Y al momento de elegir a sus miembros fundadores, no se pensó en gente improvisada ni proclive a los enjuagues políticos del momento, sino en científicos, artistas y gente de pluma que entablan la mejor guerra de todas (si es que la hay), y ésa, es contra el olvido y a favor de la inteligencia. (Alfonso Reyes, regiomontano generosamente universal, y uno de los fundadores, lo suscribiría de inmediato.)

¿Y las mujeres en El Colegio Nacional?, de seguro me reclamará más de una lectora. Como en toda institución que se digne de serlo, es menester adecuarse al sino de los tiempos, y en ese sentido, las mujeres siguen abriendo brecha, aunque no con la velocidad que se desea por completo. Y para el recinto de Donceles 104, el aumento de la nomina femenina es una asignatura pendiente, cierto, pero si los nombramientos se dan a cuentagotas, no es por falta de buenas intenciones, sino por exceso de prudencia. ¡Cuánto hubiéramos ganado con una Julieta Fierro como integrante!, pero Concepción Company nos hace el quite mientras aumentan las colegas. (Tiempo al tiempo, y ganamos todos.)

Para cerrar estas líneas, cito algunas palabras de aquel tuit con que di por cerrada la polémica: Último recado a un tuitero polemista: Donde usted ve una batalla muy solitaria, yo veo una guerra más que solidaria, con una causa justa que bien sé y defenderé hasta el final. (Y como las causas justas no requieren de explicaciones, ya mejor me callo.)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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    Fotografía: Irma Váldez
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