Elena Garro (Memorias España)

LA MEMORIA QUE SE TIENE

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta garrológica para Vania Hernández)

Querida Vania:

Hace algunos días, mientras buscaba un libro, noté que mi ejemplar de Andamos huyendo, Elena, tenía una rotura en la parte superior del lomo, para lo cual me hice de pegamento blanco para resarcir la falla. Una vez hecha la reparación, me vino a la mente cuándo fue la primera vez que leí a Elena Garro, escritora de mutua simpatía.

Recuerdo que, al iniciar mi segundo año de preparatoria, allá por 1997, en una de mis correrías a la caza del tiempo, di con un local muy extraño en el centro de Tlalnepantla: una mezcla de librería, papelería y estanquillo en cuyos aparadores había varios libros. Cuando la curiosidad y el presupuesto se ponían de acuerdo, hacía escala por ahí y me hacía de un ejemplar de mi interés. A la tercera visita, compré un libro de una escritora que habría de acompañarme en años posteriores. Sí, seguro lo adivinarás, Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, en la primera edición de Joaquín Mortiz -reimpresión, para ser exacto. (Aunque mi escala en esa extraña librería fue mi primer contacto con un libro suyo, la primera vez que escuché su nombre fue en el taller de creación literaria de la preparatoria, donde recuerdo a mi maestro decirme lo siguiente: “No leas Inés, mejor aviéntate con Los recuerdos…”) Lo leí con una intensidad que cuando paraba mi lectura, no me pesaba tanto, puesto que, al retomarla, me regresaba cinco páginas antes de dónde había dejado el separador. Al terminar la novela, quedé impresionado.

Tiempo después, en los meses que estuve en el aire, por el paro universitario de 1999, cada semana acudía al puesto de revistas por mi ejemplar de la colección Narrativa Actual Mexicana, y la cuarta entrega era, precisamente, Los recuerdos del porvenir, que lucía elegante junto a Noticias del Imperio de Fernando del Paso y Se está haciendo tarde (final en laguna) de José Agustín. En la carrera de Letras Hispánicas en la futura FES Acatlán (UNAM), conocí a Nora de la Cruz, quien encontró en Elena no sólo a un tema de tesis, sino a una autora muy entrañable. Ante ello, resolví obsequiarle mi ejemplar de Los recuerdos… (la edición de Joaquín Mortiz, que incluso mandé encuadernar), que -me imagino- debe de conservar hasta la fecha. (Paréntesis aparte: además de Nora, supe de otras egresadas de la carrera de Letras que se inclinaron por el estudio de Elena Garro, como Judith Salazar, cuya tesis fue sobre La semana de colores, libro de cuentos, y Belén Abarca Barrales, quien se ocupó de Los recuerdos… en su respectiva investigación.)

A medida que aumentaban mis visitas a librerías de prestigio y a los bazares itinerantes de libros, también mi interés por hacerme de libros de y sobre Elena Garro. Recuerdo que vi un ejemplar de La ingobernable de Luis Enrique Ramírez, volumen de entrevistas, pero por una u otra cosa no se me hizo comprarlo; en cambio, en la hemeroteca de la Biblioteca de México en la Ciudadela, sacaba muchas fotocopias de entrevistas y reseñas de su obra, mismas que obsequiaba a compañeras y amigas interesadas en Elena. (La vida se reivindicó en algún remate de libros en el Auditorio Nacional, donde encontré La ingobernable, y en una librería del Centro Histórico, Yo, Elena de Carlos Landeros, con entrevistas y textos sobre ella, y un pequeño volumen escrito por Liliana Pedroza, que motivó las presentes líneas. (Y, claro, si veía una entrevista suya en algún libro, me hacía del libro, sin preguntas. Tal y como sucedió con Voces que cuentan de Sari Bermúdez, y la edición Porrúa de Protagonistas de la literatura mexicana de Emmanuel Carballo.)

No contento con encontrar libros sobre ella, me lancé a la búsqueda de sus propios títulos. En la Casa del Libro de Tlalnepantla encontré Un corazón tirado en un bote de basura (que me gustó mucho, por cierto), y algunos huacales de libros ubicados al interior de las estaciones del Metro sus novelas breves Busca mi esquela, Mi hermanita Magdalena, La vida empieza a las tres… y Un traje rojo para un duelo; en la Parroquial de Clavería, la edición Porrúa de La semana de colores (bellamente empastada y con una entrevista a su hija Helena Paz Garro a guisa de prólogo), y en el stand de Siglo XXI editores en alguna feria del libro del IPN, la primera edición de Memorias de España 1937, que leo y releo a la primera oportunidad, lo mismo con sus ediciones sucesivas, de Salto de Página y Paralelo 21, respectivamente. Mi hallazgo más reciente: Cristales de tiempo, bajo el sello de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que reúne su obra poética, retomada de sus diarios y manuscritos por la investigadora Patricia Rosas Lopátegui.

De unos años a la fecha, concretamente por la cercanía de su glorioso centenario, se han realizado homenajes, mesas redondas, coloquios y reediciones de sus obras (recuerdo una mesa redonda en particular, realizada en la FES Acatlán, con Cristina Liceaga, Horacio Saavedra, Fernanda Iturbide y quien esto escribe, donde hasta lectura dramatizada hubo, cabe decirlo); el Fondo de Cultura Económica reunió varias novelas cortas y toda su obra teatral en sendos volúmenes, y Alfaguara hizo lo propio con sus cuentos completos, en una canónica colección de narrativa donde figuran pocas escritoras. (Hoy día, se hace justicia con la inclusión de más autoras.)

Una de las maravillas del Twitter, además de conocerte, está el gusto mutuo por Elena Garro; cuando supe que comenzabas a formar tu acervo de y sobre ella, me hice la promesa de obsequiarte algún libro, misma que se realizó hace unos meses, cuando llegó a tu casa -vía Correos de México- el Andamos huyendo, Elena, que conseguí en la librería Educal de Tlalnepantla… junto a un bonche de separadores que iban sumando “intereses” mientras resolvía la manera de ponerlos en tus manos. (Muy pronto te haré llegar otros libros, por mientras, que el agua de azar haga lo suyo…)

En fin, querida Vania, todavía quedan muchas cosas por decir sobre Elena Garro; lo que de veras importa es leerla y difundir su obra, que no dejará de sorprendernos, porque parte de la memoria que se tiene de ella, radica en un talento desmedido y a prueba de tiempo. Y su siguiente lector no dejará de agradecerlo.

Muchas gracias por coincidir. Recibe un cálido y fuerte abrazo de

Ulises Velázquez Gil

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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