AYOTZINAPA, A UN AÑO…

Escrito por Juliana Castellanos Pedraza el . Posteado en Guliana en el País de las Desmaravillas

¡43!, el número lo dice todo. Son jóvenes, inquietos, alegres y soñadores de un mundo posible. Desaparecieron una noche oscura de ataque certero, con sangre y fuego, de caos total. Un año después, se les evoca como estrellas titilantes en un cielo azul, sereno, esplendoroso.

Los 43, son orgullosos hijos de la Normal Rural Isidro Burgos, semillero de conciencia social, espíritu agrario y lucha eterna contra tantas y tantas injusticias y afrentas en tierra guerrerense.

Ayotzinapa –pese a todo- se levanta para forjar pacientemente el anhelo y la certeza de que un día no lejano, regrese el caballero águila que haga justicia a quienes -una, otra y enésima vez- han muerto, desaparecido, o han sido torturados o humillados.

Y para que sus rostros se tengan presentes, cada noche en forma puntual –a las diez-, se pasa lista y uno a uno los nombres de los normalistas de Ayotzi retumban en cada carácter twittero, en el grito limpio de un pueblo cansado y lastimado, en el eco cotidiano de un país y más allá de sus fronteras.

365 días han estado por doquier, lo mismo en América que en Europa, que en Iguala o la Ciudad de México. En marchas y plantones, conferencias de prensa, foros internacionales, reuniones con expertos, círculos académicos.

Son los padres de los normalistas que lucen decididos, insobornables, firmes para llevar hasta sus últimas consecuencias, su reciente e inexplicable sentido de vida sin sus muchachos.

Llevan con orgullo y dignidad las fotos de sus hijos para hablar de su dolorosa situación, la larga espera, la inagotable jornada para exhibir sin reparo y con rabia “la verdad histórica” de un gobierno mentiroso y sin palabra.

Poesía, música, teatro, performance, consignas, pancartas,  infinidad de muestras de solidaridad o apoyo y un antimonumento escarlata sembrado en plena avenida Reforma, la llamada principal que cruza de oriente a poniente, justo frente a la simbólica esquina de la información para recordarle al urbano globalizado que… ¡ni perdón ni olvido! Y que… ¡si vivos se los llevaron, vivos los queremos! 

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