El festejo de la Noche de Muertos en san Antonio Tecomitl

Escrito por Hugo Arturo Cardoso Vargas el . Posteado en Entre la Fiesta y la Historia

Hugo Arturo Cardoso Vargas

El viaje hacia san Antonio Tecomitl inició en el Metro y llegó, en su primera etapa, hasta la estación Taxqueña y después por seguridad decidimos –mi esposa, hija y yo- irnos en taxi hasta San Antonio. Abordamos la unidad, el chófer no quiso dar su nombre y respetamos su anonimato y nos llevó por el camino más corto a San Antonio … hasta donde fue posible. Como nuestro piloto nos acercaba, rápidamente, a san Antonio mi primera sorpresa fue cuando circulábamos sobre la Avenida Sur del Comercio –que se transforma en la Calle Miguel Hidalgo- en donde sólo alcancé a ver las ofrendas que se colocaron a los pies de las distintas  -no sé cuántas, no pude contarlas- esculturas que adornan esa avenida. Incluso busqué en internet y no hay datos sobre esas esculturas.

Desde la Avenida Sur del Comercio encontramos lo que es inevitable en el tránsito de la ciudad: un embotellamiento tremendo. Porque me explicó el chófer muchos de los vehículos se dirigían al exitoso y siempre investigado –en especial estos días- Mixquic. Con mucho tiempo de retraso llegamos a la Calle Cuauhtémoc y ni que decir cuando llegamos a la José Ma. Morelos nos echamos como 30 o 40 minutos en avanzar menos de medio kilómetro. Eran sólo 3 o 4 calles las que separaban nuestro vehículo del centro de la población. Nos apeamos de la unidad en una calle para que pudiera retornar sin problema a la Ciudad de México.

Desde que estuvimos atrapados en el tráfico sobre la Calle Morelos me llamaron la atención algunos adornos que aparecían en las fachadas de algunas casas. Recuerdo que irrumpió un grupo de chavitos disfrazados a tono con nuestra celebración a una tienda y, desde mi lugar en el automóvil, escuché que entonaban una petición –en coro- a los encargados. No sé cuál fue el resultado en su colecta; pero me pareció simpático el dato. Otro detalle que captó mi atención fue las luminarias, es decir, fogatas que se organizaban enfrente del portón –en sus diversas expresiones- o puerta principal de muchas de las casas de esta calle; en algunas casas se lucían los montones de leña que se reúne, expresamente, para esa fecha y que deben durar toda la noche.

Esta experiencia la viví de manera distinta cuando abandonamos la unidad y empezamos a caminar -cuidando de no exponernos en demasía entre lo angosto de las banquetas y el exceso de vehículos en tránsito- hasta llegar al pie del viejo reloj de la Plaza Corregidora. Así que los tres mi esposa, mi hija y yo nos echamos a caminar por la plaza hasta acercarnos al Ex Convento de Tecomitl y de regreso a la Plaza empezamos a sacamos algunas fotos de personajes vestidos conforme a la festividad de muertos aunque algunos parecían más zombis o muertos vivientes o los menos de veras daban un poco de “mello”. Después nos fuimos a la Calle Morelos para captar algunas de las imágenes que nos habían llamado la atención desde el vehículo.

Sobre la Avenida registramos personajes estrafalarios y algunos tan bien maquillados que hasta provocaban cierto miedo; además de que les ayudaban los gritos que emitían para asustar a los transeúntes desprevenidos. También aparecían, a las puertas de varios hogares algunas composiciones escenográficas con el tema de las calaveras o de muertos con un sentido estético muy claro y otras parecían más producto de la improvisación y del apresuramiento por cumplir con la cita que hoy se tiene con los difuntos.

Lo que no podían faltar eran las fogatas o luminarias y alrededor la familia en amena charla a veces con alcohol y a veces con una bebida menos espirituosa. Pero todos, en especial los personajes caracterizados -muy amablemente- accedían a posar para nuestras cámaras. Así que logramos buenas fotos que deberían ilustrarán este texto. Incluso en la fachada de una de las casas de Morelos se pintó -sobre una manta- una representación de cómo era el viejo panteón de Tecomitl y gracias al esfuerzo combinado de dos jóvenes era posible ver “volar” a la Llorona de un extremo al otro de la fachada y además nos regalaron un tríptico con información en torno El día  de los fieles difuntos, por si fuera poco, nos regalaron 3 tamales y a mí me tocó uno con aceitunas (que no me gustan ni solas ni acompañadas).

Otro dato interesante de la celebración del día de los fieles difuntos en Tecomitl son los muchos faros –la mayoría en forma de estrellas, aunque hay algunos otras figuras como aviones- que adornan la parte superior de los accesos a los hogares. Estos faros son estructuras metálicas que en forma de estrella de cinco picos se adornan de distintos papeles como celofán o de china para que con una luz interna, casi siempre un foco, iluminen el camino de las ánimas en su retorno a casa y así juntos los vivos y los muertos se reúnen en torno a las luminarias en amena y placentera charla acompañada de aperitivos, una comida ligera y no podía faltar frutas de la temporada para darle un toque de mayor realismo al encuentro. Las estrellas deben tener siempre una profundidad para colocar la fuente de iluminación en su interior y darle mayor realce a los colores que la componen.

Regresamos a la plaza y encontramos cerrado el acceso al Ex Convento; así que nos perdimos la oportunidad de conocer ese lugar de gran importancia no sólo arquitectónica; sino también, religiosa porque fue este convento el centro principal de evangelización de la región. Deambulamos por ahí hasta que un par de puestos llamaron mi atención. El primero era atendido por una pareja que ofrecía, así lo anunciaba un cartel y me lo repitieron de viva voz: “Rico atole de ‘Cenpasúchil’”. No pude resistir la tentación y sin pensarlo mucho me aventuré a pedir un vaso de ese atole tan especial y el resultado fue sorprendente: Sí era un atole rico (léase sabroso) pero además con cierto sabor a “cempasúchil” y que incluía algunos restos de esa planta. ¡Lástima que ya no pue repetir la experiencia; pero vale la pena el saborear un atole como ese!

El segundo sitio fue una ofrenda dedicada a uno de los personajes más entrañables, imprescindibles y siempre presentes en el imaginario social de la región; no podía ser otro sino Emiliano Zapata. En la ofrenda aparecían todos los elementos que se describen en el folleto que me obsequiaron por lo que no tenía nada de sorprendente. Lo que hacía única a esa ofrenda era que anejo se levantaba un puesto que decía: Pulquería y así era en el lugar aparecían barriles y otros dispositivos propios de estos sitios de particular culto que de manera adicional se le obsequiaba a los que solicitaban una prueba de pulque para poder comprometer la compra de al menos un jarrito de medio litro de la bebida de los dioses … prehispánicos. Lamento mucho no poder describir a mi lector la calidad de esa bebida de las verdes matas que a algunos hace andar a gatas; pero no pude llegar a comprarlo.

Mi hija tuvo oportunidad de obtener algunas fotos, no tan buenas, del festival que estaba por concluir y se desarrollaba en el escenario elevado de la plaza que, además, lucía 3 tramos de telas para desarrollar la llamada danza del aire o aérea. Así que del festival, seguramente, organizado por las nuevas autoridades delegacionales, no podría decir sino que se usó ese espacio para tal efecto; pero de quiénes participaron y con qué repertorio ni idea.

De vuelta por la Plaza Corregidora nos detuvimos ante la reproducción –minuciosa y detallada decían los lugareños- de la portada de la Escuela Secundaria Diurna no. 9 Teutli; porque, además de que aparecían una hilera de palmas –referencia de la Avenida de Las Palmas que dan acceso a la secundaria- que se caían ante el embate del viento y debieron ser amaradas a la estructura metálica que sostenía la loma que cubría buen parte de la plaza. Detallar cada uno de los distintos escenarios –no sólo los salones de clase, sino también la clase de educación física y de tejido- que componen esta ofrenda a la Secundaria–que próximamente cumplirá 75 años de existencia- es un trabajo que merecería mayor extensión. Por eso sólo dejo constancia del trabajo desarrollado por un entusiasta grupo de profesores de la Secundaria y a los hay que felicitar por hacer un homenaje merecido a la escuela; a sus antecesores docentes y a los alumnos que han desfilado por ese plantel educativo. Porque en cada detalle hay un profundo amor al terruño, a la escuela y a su historia. ¡Ojalá la historia continúe con la tradición y la tradición se convierta en historia permanente!

Al otro día después de desayunar nos dirigiéramos al Panteón san Antonio Tecomitl para hacer un recorrido y también conocer los avances de los concursantes en el diseño de los sepulcros y ahí vamos. El panteón estaba más lejos de lo que nos dijo y caminamos y caminamos –bajo un sol que calentaba no sólo la tierra sino nuestras cabezas- hasta que por fin llegamos a la Calle 12 de Octubre (aunque paradójicamente nos acercábamos al sitio por la Calle 20 de noviembre y el colmo; regresamos al centro del pueblo por la Calle 5 de mayo).

El recorrido en el interior del panteón, además de cansado, caluroso era lento y en medio de un verdadero mar de gente que iban y venían no sólo por la calle principal sino entre las tumbas que además pululaban de gente menuda, media y de edad avanzada. Las reflexiones filosóficas a que invita la muerte, especialmente si eres mexicano, son inagotables. Porque, es evidente: la muerte es divertida -hasta un grupo de música norteña recorría las tumbas en busca de clientes- pero una mirada más fría permite recordar que en el panteón no deja de existir la diferenciación social no sólo en términos de niños y adultos; sino además, de pobres y ricos como lo muestra la diferencia de construcciones funerarias.

Pero del concurso sólo pude observar dos obras que destacar en proceso. La primera era una –creo- calavera enorme y la otra un pequeño grupo escultórico de tres figuras. Las otras tumbas eran menos atractivas aunque también participaban.

Pero también había sepulcros que no entraban al concurso pero que lucían muy bien adornadas; tal vez no, con grandes o minuciosas obras escultóricas. Pero se veía el amor y el cuidado que los vivos, toda la familia incluida, ponían al aderezar los sitios en que descansan sus fieles difuntos o los santos inocentes. Porque en el panteón de san Antonio Tecomitl, como en muchos otros, existe el espacio destinado a los niños –en donde aparecen los más variados juguetes y hasta globos. Así que hay un pequeño castillo, con todo y sus torres, sobre la tumba de la niña Sofía Alvarado Guerra y encima de ese castillo un conjunto de figuras -seguro construidas de fommy- con la leyenda “Princesa”. Claro, no podía faltar otro rasgo muy nuestro: junto a ese castillo se levanta otro de iguales proporciones pero de mayor sentido estético: sus torres son más altas y su remate puntiagudo las hace parecer más altas. El primer castillo era de color café arena y el segundo todo rosa menos las elevadas torres. En otra tumba -de Guadalupe Vanegas- sus familiares hasta colocaron un diminuto comedor con sus seis comensales cada uno con su sitio a la mesa; todo esto en un albo mantel con un fino trabajo de estampado. Además de una pareja parecen enfrascarse en un baile. En varios lugares se colocaron muñecas pequeñas sentadas como esperando no sólo a Lupita para que juegue con ellas; sino tal vez, a un convidado que las invite a bailar.

En otra tumba –la de Xóchitl Arellano- el adorno es sólo un corazón elevado en su base aparece la flor de cempaxúchitl enmarcando todo y como a seis o siete centímetros de altura otro conjunto más apretado y numeroso de las mismas flores y en medio las flores moradas –conocidas como borla o también cresta de gallo o flor de terciopelo o mano de león- al centro en medio de flores rosas otra solitaria flor de cempaxúchitl.

En el sitio central del panteón se instaló un elevado escenario con su escenografía –imprescindibles calacas femeninas- y un grupo de jóvenes porque se iba a realizar un espectáculo denominado: 10º. Festival de Día de Muertos organizado por la Asociación Por un mundo diferente. Del festival no puedo decir nada porque salimos del panteón antes de que iniciara porque el hambre ya nos correteaba.

Pero en el camino rumbo a la entrada nos topamos con el trío de músicos que a petición de sus clientes cantaban una de esas canciones más propias para un antro después de una buena dosis de alcohol y el sentimiento aflora contra ellas… y su familia (en especial su rama materna).

Con una sensación de verdadero malestar por la “canción” tan a despropósito y por la mucha hambre que ya teníamos en los entresijos; pero por más que buscamos entre los puestos, ubicados en la calle 12 de octubre, no había nada que nos apeteciera. Así que nuestro apetito nos llevó al mercado.

Al día siguiente, en medio de una muy lluviosa mañana, nos levantamos y nos bañamos y casi corriendo salimos de san Antonio Tecomitl porque debería cumplir un compromiso con los colegas cronistas de Culhuacan. Así que la lluvia de san Antonio nos limpió de las malas “vibras” que pudimos haber recogido durante nuestra visita a su panteón y bendecidos por las aguas del cielo de Tecomitl abordamos una unidad y nos dirigimos a la Estación Xochimilco del tren ligero.

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