LA DESGRACIA DE LA ECONOMÍA Y LAS FINANZAS MEXICANAS

Escrito por Juliana Castellanos Pedraza el . Posteado en Guliana en el País de las Desmaravillas

Si el sexenio de José López Portillo (1976-1982) -¿el último revolucionario?- fue devastador para México por dos hechos significativos: la caída abrupta del mito de “la administración del cuerno de la abundancia petrolera” y “el atroz saqueo a las finanzas”; lo que vendría después con los gobiernos tecnócratas, sería una amarga pesadilla de la cual no pueden despertar todavía -¿ni despertarán?- millones de mexicanos.

De Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto, no ha habido sexenio alguno en que los habitantes de este país puedan sentir un verdadero respiro en lo que toca a su particular (micro) economía, la del bolsillo que evidencia mejoría y bienestar propios y no sólo para la élite político-empresarial que controla el poder; lo peor del caso es que ello parece agravarse irremediablemente en los inicios el siglo XXI.

Los llamados gobiernos neoliberales, no han hecho otra cosa más que administrar las desgracias domésticas y así cumplir los particulares intereses del Consenso de Washington, para el cual trabajan a satisfacción, traicionando los intereses de la tierra que los vio nacer.

La mayoría de los presidentes mexicanos, sus secretarios de Hacienda, los titulares del Banco de México y los responsables de otras carteras estratégicas del sector económico-financiero, fueron formados en las universidades estadounidenses bajo la única mentalidad de favorecer al mercado, centro de atención para fortalecer al capital y a sus beneficiarios, más allá del río Bravo.

Han sido más de tres décadas –de 1982 para acá- llenas de sacrificios para el grueso de la población, lo que ha incrementado inexorablemente la pobreza y con el ello la precariedad de la calidad de vida.

Sólo importa controlar entrecomillas los indicadores de la macro-economía, al precio de cobrar con creces la cancelación de los beneficios sociales: alimentación, seguridad social, educación, vivienda y recreación, entre otros. Ya no se diga la posibilidad de un digno empleo. De hecho si no fuera por la economía informal, la tragedia hubiera desencadenado efectos impensables, por lo menos, hay alguna forma de ingreso que sobrelleve la estabilidad de los hogares mexicanos.

No es gratuito, que dos años claves en la panorámica analítica  económica-financiera aterren la situación nacional. Por un lado, 1994 –el salinismo en pleno- la firma del TLC con los vecinos del norte, Estados Unidos y Canadá, socios disparejos para una economía de tercer mundo y cuyos efectos han sido más que nocivos al abandonar lo propio para favorecer lo externo y la dependencia.

Y por el otro, 2013 –el regreso triunfal del salinismo ¿con el neopriismo?- al imponer de la manera más burda, vía ejecutivo-legislativo una serie de reformas –más bien contra-reformas constitucionales- que pondrán a la disposición de las trasnacionales más poderosas del mundo, entre otras cosas, los recursos naturales más preciados de los mexicanos, como lo es el petróleo y, el sector estratégico de las telecomunicaciones.

Hasta aquí, el panorama de un México herido de muerte, botín en charola de oro para unos cuantos extranjeros y sus cómplices mexicanos. Bien se dice que para que haya traición, ésta debe darse desde adentro.

 

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