La fiesta del Niño Dios

Escrito por Hugo Arturo Cardoso Vargas el . Posteado en Entre la Fiesta y la Historia

Hugo Arturo Cardoso Vargas

El calendario litúrgico de la iglesia cierra el primer ciclo pascual –que inicia con el primer Domingo de Adviento- con la purificación de María madre de Jesús. Así es el primer periodo denominado triduo pascual encierra dos momentos. El primero es el tiempo de Adviento que se celebra cada domingo, previo al nacimiento de Jesús, no sólo a través de la Corona que contiene 4 velas de distinto color que se encienden para iluminar cada uno de los cuatro momentos (Vigilad, Convertíos, la Buena nueva y Dios está con nosotros) del ciclo.
El segundo es el periodo de la Natividad, que va de la noche del 24 hasta el 2 de febrero y que incluye no sólo el nacimiento de Jesús sino también la circuncisión –a los ocho días del nacimiento- además de la Adoración de los Reyes Magos y concluye, de acuerdo a la ley judía, con la purificación –40 días después del alumbramiento- en que se presentaba la madre con su infante a ofrecer palomas al templo y se hacían acompañar por candelas o velas para iluminar el camino de madre e hijo.
Esta ley judía se recupera por la tradición cristiana y así surge una nueva advocación de la Virgen María como Virgen de la Candelaria en donde la imagen de María –que puede variar de tamaño, pero siempre es una escultura- ostenta al Niño Jesús ya sea acostado –como la imagen de la Virgen de la Candelaria en Tlacotalpan Veracruz- ya en su regazo o bien sosteniéndolo sobre su brazo izquierdo y en su brazo derecho aparecen las imprescindibles y simbólicas velas o como Nuestra Señora de la Candelaria patrona de Tenerife que tiene en el brazo derecho al Niño Jesús y en la mano izquierda una vela.
Desde luego el culto a esta advocación Mariana tiene su origen desde tiempos remotos por su filiación con la obligación judía de la purificación de la madre que después de 40 días se presentaba en el templo. Pero existe otra versión más moderna –de fray Alonso de Espinosa- que ubica la aparición de la Virgen en el año 1390 en el Barranco de Chimisay de Güimar en el lugar conocido como Candelaria en Canarias a dos pastores guanches que llevaban sus animales a pastar en ese paraje pero los animales se resistían a cruzar y al indagar encontraron que una mujer de “4 palmos” o sea como un metro estaba al otro lado del barranco; los hombres trataron de hacerles señales para que se alejara del lugar pero el primero no pudo mover su brazo y el segundo trató de herir, con una arma blanca, a la mujer pero sólo se logró herir a sí mismo. Asustado fueron a Chinguano para avisar al mencey Acaymo y después de relatar su experiencia ordenó a los pastores y a su séquito regresar al barranco. Ahí permanecía pero no era mujer; sino la imagen a la que de inmediato le reconocieron atributos milagrosos. Pero como no estaban en conocimiento de la religión católica no sabían que era María la Madre de Jesús pero si la adoraron como Diosa Madre.
Un español capturado de nombre Antón fue quien reconoció a María; pero el culto siguió siendo para la Diosa Madre. Una vez que los españoles logran la conquista de las Canarias en 1496 se sorprendieron porque entre los nativos existía una advocación de María así que se ofició una misa en la Cueva de Achbinico donde estaba la imagen y por disposición del Adelantado Alonso Fernández de Lugo el 2 de febrero de 1497 se trasladó a una ermita para rendirle culto. Esta imagen desapareció en las aguas del Océano el 7 de noviembre de 1826 a causa de una tormenta que asoló la región y destruyó la ermita hasta sus cimientos. La imagen actual es obra de un artesano que elaboró la obra a imagen y semejanza de la original y es la que se preside las ceremonias en su honor en la Romería del 14 de agosto.

En fin la historia de esta advocación es compleja y llena de detalles que propiciaron que fuera designada Patrona de Tenerife y las Canarias y coronada el 13 de octubre de 1889. Así que “La Morenita” –porque la Virgen –como su divino hijo- tiene la piel negra gracias a la migración de los canarios al Nuevo Mundo llevaron consigo el culto a esta advocación.
En México es interesante la aparición por aquí por allá de este culto a la Virgen de la Candelaria y sin duda vinculada a los migrantes de las islas Canarias y a diferencia de otras advocaciones Marianas no estaba vinculada a ninguna orden religiosa.
En fin, esta fiesta es conocida y es celebrada con diversos nombres como: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la Fiesta de la Luz y la Fiesta de las Candelas; porque todos estos nombres expresan su significad: Cristo -Luz del mundo- presentado por su Madre en el Templo viene a iluminarnos a todos por medio de la vela o las candelas.
En México la celebración de Nuestra Señora de la Candelaria cierra, tal vez sin saberlo la mayoría; pero con gran religiosidad popular, el ciclo de la Pascua de la Natividad de Jesús. Porque después de resistir el “maratón” Guadalupe (12 de diciembre) Reyes (6 de enero) nos falta concluir con el pago o el cobro del adeudo que generó la partida de rosca el 6 de enero. Porque ese día de gran importancia para los niños y de enorme pesar para los padres (por cierto es el único día del año en que los niños despiertan antes que sus papás para buscar sus juguetes: los presentes que los Reyes Magos les han dejado en casa), la tradición señala que a quien le toque el “mono” (término que no debería emplearse por ninguna razón) o el “niño” –o los niños que vienen en la rosca- adquiere el compromiso de invitar a los comensales -el 2 de febrero- para disfrutar de atole o de tamales que les acompañe.
El asunto es que la fiesta sigue y el pretexto fue otra celebración: El partir la rosca de reyes, el 6 de enero, acompañada de un imprescindible chocolate –aunque algunos prefieren un refresco y los menos una venida espirituosa- compartiendo entre los familiares y amigos. La rosca, que va desde la tradición hasta la industrializada pasando por la elaborada en casa, siempre es una sorpresa porque no se sabe dónde ni cuántos niños tiene; así que a cada comensal le espera la sorpresa de recibir -“descubrir” dicen en otros lugares- al niño y si es el primero debería tener una corona, claro de papel, sobre su cabeza. Para identificarlo como el rey que por desde ese día se encargará de organizar la fiesta del 2 de febrero. Porque los demás comensales que van encontrando al niño en su trozo de pan se les van asignado los presentes que debe aportar para esa fecha. Pero en México somos republicanos y no monárquicos por eso la corona sólo bien fría y directa de la botella.
Pero también para recordar la advocación Mariana de Nuestra Señora de la Candelaria o la Virgen de la Candelaria se aprovecha para que todos los que arrullaron al Niño Dios –en medio de letanías, preces y cantos además de luces de bengala- la noche del 24 de diciembre llevan a sus Niños a su presentación en el templo.
Para esto es importante señalar que existe toda una industria que se encarga desde retocar o restaurar al Niño Dios que ha sufrido algún desperfecto como la pérdida de algún dedo; la erosión de la pintura que cubre su cuerpecito; el cambiar o recuperar las cejas o pestañas, en fin, dejar bello al siempre bello Niño Dios. Pero con esta manita de gato o en algunos casos una verdadera garra de puma –por la UNAM- los Niños luce su mejor cuerpo. Una vez concluida esta etapa de restauración es el momento de tomar otras decisiones como por ejemplo cuál va a ser el vestido que lucirá el Niño Dios cuando se presente en la iglesia.
Así que ahora le toca el turno al propietario –acompañado casi siempre por numerosa comitiva- de hacer un viaje verdaderamente mágico, misterioso y hasta educacional por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, con el riesgo de terminar apabullado por la enorme cantidad de mercancías que se le ponen a su disposición.
Porque no es necesario deambular por mercados y sus anexos para poder conocer y adquirir todos los aditamentos que requieren las distintas advocaciones el Niño Dios y que inician desde la silla –en todos los tamaños, algunos hasta inimaginables- sin olvidar las coronas de las tres potencias o cualquier otro elemento que complementa ese vestido y esa advocación.
Porque la lista de posibilidades de vestido y de advocación es enorme y aquí va sólo una pequeña muestra de los menos tradicionales: Santiago apóstol, Niño de las uvas, Niño de las mariposas, Niño de la Candelaria, Niño de Praga, San Benito, Niño limosnerito, Niño de Juquila, Santo Niño del Rayo, Niño de la Abundancia, Niño de los Olivos, Niño de Belén y la lista sigue. Claro no podían faltar las advocaciones de los Arcángeles y de otros apóstoles, en particular San Judas Tadeo, además de otras advocaciones particulares como San Martín de Porres –muy apropiado para Niños Dios morenos o negros- y las que no pueden faltar las del Niño doctor o Niño de las palomas. La lista sigue, pero a veces ni los mismos mercaderes saben a qué advocación pertenece la imagen que se expande a los ojos ávidos de los compradores.
Cada una de estas advocaciones está acompañadas de los aditamentos correspondientes y provocan que –como en la época colonial- algunas calles se han especializado en la industria del Niño Dios. El mejor ejemplo, no el único, es el corredor Cultural del Niño Jesús inaugurado el 2 de febrero del 2011 por el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal que fue fundada, dice la placa alusiva, por el señor Saúl Uribe Lanzagorta. Esta calle junto a su zona aledaña –en especial el área de la imperceptible Plaza Bravo, en Uruguay y Venustiano Crranza- desde el 15 de enero hasta el 3 o 4 de febrero es un verdadero hervidero de gentes que van; que vienen; que se detienen; que avanzan y se vuelven a detener intempestivamente ante un aparador que atrapa su atención.
Claro los posibles clientes son, en la mayoría de los casos, una prole numerosa que se desparraman por doquier que obliga a los padres o mayores a estar muy al pendiente –cuando es posible- de los niños que van, viene, tocan y hasta toman los objetos que están a su alcance con lo que se generan conflictos con los vendedores que reclaman –con razón- a los niños.
En fin, en ese lugar cada 2 de febrero la calle se viste de gala pero muy temprano para no espantar a los posible y despistados clientes que llegan a adquirir –de último momento- la indumentaria para cumplir con la manda o con el compromiso familiar de llevar al Niño Dios al templo como lo hizo su madre María.
El festejo incluye una solemne misa para todos los comerciantes –dueños o vendedores- y sus familias a partir de las 8:00 horas al concluir se reparten, entre todos los asistentes, atole y tamales que obvio corren a cuenta y cargo de los descendientes del señor Uribe. Después se suspende el festejo para dar paso al trabajo y hasta en la noche se puede disfrutar de un poco de música.
Así que para celebrar al Niño Dios o a Nuestra Señora de la Candelaria o a la Virgen de la Candelaria no es necesario correr los riesgos –afortunados de aventura o desafortunados de desventura- de ir hasta Tlacotalpan en Veracruz para asistir a la fiesta. Tampoco es necesario ir –junto con casi dos millones de fieles- hasta el santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos ni tampoco es necesario llegar a otras iglesias dedicadas a la Virgen de la Candelaria ubicadas a lo largo y ancho de la Ciudad de México para rendirle culto.
Basta ir allá, atrás del Palacio Nacional, para caminar hasta la Calle Corredor Cultural del Niño Dios para rendir pleitesía a ese Niño Dios que muy pronto padecerá y morirá por nosotros.

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