Se llevan nuestra dignidad y no hay manera de regresar a recogerla…

Escrito por Estrella Vianey Leonor Torres el . Posteado en Colaboración Ciudadana

Actualmente México ha tenido un incremento en la delincuencia, tan sólo en el mes de enero del 2016 en promedio, se iniciaba cada 3 minutos con 34 segundos una averiguación previa por robo con violencia, eso sin contar los que no levantamos averiguaciones. (Estadísticas del ONC con datos SESNSP, actualizados al 20 de febrero 2016)

Como pobladores de este país, percibimos que la inseguridad crece, y sabemos que es el pan del día a día del mexicano, entonces por qué nos debería dar vergüenza decir fui víctima de la delincuencia. ¿Qué sucede? ¿Por qué nos avergonzamos al decir me asaltaron?, al igual que otros he sido presa en el Estado de México de personas que les gusta lo ajeno, la última experiencia fue a las 11:30 am en el transporte público cuando iba camino al trabajo; cuando llegue toda asustada, mis compañeros inmediatamente preguntaron ¿qué me había pasado? Cuando conté los hechos, se limitaron a decir, lo bueno es que no te paso nada, y lo material como quiera se recupera, ¿y la dignidad? ¿Esa cómo la recupero?

Y es que esa sensación de impotencia cuando ves al tipo pidiéndote tus pertenencias, y después ese mismo sentimiento al escuchar que te dicen no te resistas da siempre lo que traigas, si no por algo tonto puedes hasta perder la vida. Y eso me recuerda cuando hace dos años fui de nuevo víctima pero esta vez fue más difícil, porque pensé que no saldríamos vivos de ese lugar.

Aquel día en el que mi dignidad se fue, planeamos ir a realizar un trabajo escolar a un lugar del Estado de México, cuando fuimos sorprendidos por dos personas una con una pistola y la otra como con un cuchillo, y ni cómo huir porque estábamos en un bosque, nos aislaron, y comenzaron a revisar nuestras pertenencias una por una, con decir que hasta el desodorante deshicieron para verificar que no llevaba algo de valor dentro del envase, y finalmente rematan hurgando en nuestros cuerpos. Sí, así como lo leen, después de revisar todas nuestras mochilas, pasaron a manosearnos, para ver si no traíamos algo escondido por ahí en nuestros más recónditos lugares del cuerpo.

Fuimos ultrajados, nuestra dignidad se perdió en aquel lugar lleno de vida pero qué se convirtió  en nuestra vergüenza, al contar la experiencia a un guardia de seguridad, con una cara de a mí que me importa, si ya saben para qué traen cosas de valor. Después de pensar, por esos minutos que se convirtieron en horas para nosotros, que quizá nos violarían, y nos matarían, y quien sabe si nuestros familiares nos iban a encontrar, ¿cómo es posible que suceda esto? Y algunas otros pensamientos más que pasaron en ese momento, para finalizar con una combinación de impotencia, enojo, ira, tristeza, miedo e incertidumbre.

Sin embargo el daño psicológico, físico y moral no fue todo,  por qué la pesadilla no terminó ahí, apenas empezaba, ya que todas las demás personas que se iban enterando de lo sucedido, nos hacían sentir vergüenza, culpables de que nos pasara eso. ¡Yo no pedí ser asaltada, ultrajada! Yo no tenía la culpa, y no tienen la culpa esas miles de personas que diario sufren la desgracia de este y otros tipos de inseguridad.

Perfectamente sabes que si eres víctima, en este pleno siglo XXI  serás juzgado por la sociedad como culpable, sentirás vergüenza, cuando la realidad es que no debería ser así, no deberíamos decir lo material como quiera  viene y va, lo importante es que no te hicieron nada. Mejor olvídalo y no lo andes contando, sino te puede ir hasta mal, ¡uy! Y mucho menos a la policía.

Es suficiente, esto tiene que parar, no podemos seguir viviendo así, se llevan nuestra dignidad y no hay manera de regresar a recogerla, pero tampoco podemos seguir sintiendo vergüenza al decir fui víctima de la delincuencia.

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