El arte de afilar cuchillos

Escrito por Estrella Vianey Leonor Torres el . Posteado en Colaboración Ciudadana

*Publicado en El Universal, 21 de julio 2016, (Los mexicanos que extrañan el sonido de los cuchillos)

Texto y Fotos actuales: Estrella Vianey Leonor Torres

Afilador de cuchillos es un oficio que se lleva en la sangre, es todo un arte el afilar cuchillos, tijeras y otras herramientas, este trabajo se distinguía por el señor que recorría las calles de la ciudad en busca de utensilios para darles filo y se hacía presente con un sonido peculiar que provenía de una flauta de caña indicando a las amas de casa y demás clientela que  estaba cerca y que alistaran sus artefactos para dar rienda suelta a su piedra de afilar.

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Sin embargo en este siglo XXI aunque son pocos los que aún andan en bicicletas o caminando por las calles de la Ciudad de México, el oficio ha prevalecido porque algunas personas se han establecido en las llamadas afiladurias.

Proveniente de Galicia, España, el oficio llegó a México en la época de la Colonia. Hoy para los afiladores que siguen recorriendo las calles a pie o en bicicleta, la inseguridad y el clima son factores que afectan su trabajo, aun así opinan que les gustaría que este oficio prevaleciera.

Oficio de Herencia

José Luis García Medrano, ha recorrido caminando cerca de 52 años las calles como afilador. Recuerda con gusto que comenzó a los 10 años y que aprendió esta actividad de su padre.

Don José Luis, en entrevista para EL UNIVERSAL, comentó: “les enseñé a mis hijos a afilar, son tres hombres y tres mujeres, todos aprendieron, pero no lo practican, pues se dedican a otras cosas”.

Su zona de trabajo es todo Naucalpan de Juárez y Atizapán de Zaragoza, a sus 61 años, tiene el ánimo de seguir adelante, “ya me canso, no es como cuando estaba de 15 o 18 años”.

José Luis recorre las calles de la ciudad a pie, anunciándose con el característico sonido de un afilador, saca su flauta de caña, se para a la mitad de calle y silba dos veces, se espera unos momentos y si no sale la gente, sigue caminando.

José Luis Medrano toca su silbato para avisar de su presencia

José Luis Medrano toca su silbato para avisar de su presencia

 

“Hay poco trabajo, hay días en los que no hago nada” comentó. En promedio afila unos diez cuchillos al día, pero a veces ni uno, aún así se le nota a José Luis en su mirada la alegría que le da el seguir saliendo a ofrecer su servicio.

Existen varios estilos para amolar, una forma de afilar un cuchillo es tomarlo por el mango y moverlo de la punta hacia atrás y luego regresar a la punta, este debe estar inclinado haciendo que solo la parte con la que se corta pase por la piedra de esmeril, la cual es un mineral muy duro y es usado principalmente para afilar, en diferentes momentos lo deben mojar, para continuar el proceso, cuando este se lleva a cabo con una máquina eléctrica.

Don José Luis procura pasar cada 15 días, la gente que ya lo conoce al oír el sonido de su silbato, como él lo llama, sale con sus utensilios para que sean afilados.  Comentó que el sólo afila cuchillos, tijeras, aspas de licuadora, tijeras de manicure, alicatas, de casi todo, pero lo que no afila son los serrotes, pues para ello necesita otras herramientas que no las carga.

“Las calles me han dado para comer y  para varias cosas; será que tengo mucha gente que me conoce y me gusta recorrerlas” comenta don José Luis mientras permanece sentado en su aparato , que consiste en un banco pequeño de madera tiene al frente  adaptado un engrane con una manivela que al darle movimiento rotatorio con la mano, hace girar un eje y pone en funcionamiento el mecanismo que hace que la piedra de esmeril de vueltas, con la cual le saca filo a un cuchillo, quien aprovechó la entrevista con EL UNIVERSAL para decirle a la gente “ que nos den trabajo, porque lo necesitamos”.

El afilador, gira su piedra manualmente, tiene que dar más de 60 vueltas a la manivela, mientras con su mano derecho pasa el cuchillo por la piedra varias veces de un lado hacia otro, hasta que verifica que ya está afilado.

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Afilador sacando filo a un cuchillo en la calle

Ante las condiciones de clima o de inseguridad que son factores que también afectan al oficio, cuando el afilador recorre las calles, García Medrano dice que lo han asaltado pero “ de todos modos con el miedo, hay que salir, hay que dejar el miedo a un lado y seguir adelante”.

Don José Luis  expresó que “Es un oficio de tradición y me gusta”; ´pues ser afilador es el trabajo que le ha dado para vivir. Asegura que prefiere recorrer las calles caminando, porque en bicicleta o en una afiladuria no se tiene la oportunidad de llegar a las calles que tiene escaleras, o subidas y bajadas que tienen luego las comunidades, “es ahí donde nos puede salir un poquito más de trabajo” comentó García Medrano.

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Don José Luis en una esquina de las calles que recorre a pie.

De bicicleta a motocicleta

Luis Rosendo, aprendió el oficio de su papá a los 14 años, le  gusta andar en las calles, antes andaba en bicicleta y tocaba el tradicional sonido de la caña de flauta.

Pero luego de 8 años en el oficio, en entrevista para EL UNIVERSAL, nos cuenta que tiene poco que pudo cambiar su bicicleta por una motocicleta, a la cual él mismo le adaptó la piedra de esmeril para afilar.

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Luis Rosendo, afilador que anda en motocicleta afuera de un negocio.

Rosendo comenta que sus abuelos y tíos también son afiladores, y recuerda que cuando comenzó a aprender el oficio, le daba un poco de miedo, pero ahora recorre las calles en su moto, transporte que le ha permitido recorrer más lugares y con mayor facilidad.

“Ya no hago el tradicional sonido de la flauta, pues ahora con la moto sólo llego y me paró en los negocios y preguntó si necesitan algo qué afilar”, dijo Rosendo. Además dice que no le gustaría establecer una afiladuria, porque le gusta andar más en las calles.

Recorre las calles en busca de carnicerías, taquerías, verdulerías a las que les presta el servicio de afilar desde cuchillos, navajas, rebanadoras, entre otros objetos. Al igual que don José Luis, Rosendo expresa que hay muy poco trabajo, y a veces a la gente se le hace caro pagar por afilar, pues prefieren comprar otros cuchillos o tijeras que les cuestan entre 10 o 15 pesos que pagar 20 pesos para que lo afilen pero “pues les digo que vean el trabajo” indicó.

Hace más de cuarenta años se cobraba hasta 40 centavos por afilar un cuchillo hoy en día llegan a cobrar hasta más de 35 pesos.

 Familia de Afiladurias

Otro caso es el de José Manuel Zuñiga García quien tiene más de 35 años trabajando en su afiladuria, proviene de una familia de cinco hermanos, todos se dedican a este oficio. En entrevista narra, que lo heredó de su papá, quien se dedicaba a ir hasta Huehuetoca, Cuautitlán Izcalli, Estado de México dos días a la semana para afilar todo tipo de utensilios.

“La gente llegaba de diversos lugares, mi papá tenía un puestecito, a veces mi mamá y yo, teníamos que alumbrarlo con velas” comentó José Manuel Zuñiga, quien por necesidad aprendió el oficio, aunque a él le hubiera gustado estudiar ingeniería mecánica.

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Don José Manuel Zuñiga Garcia en su afiladuria.

 

Don Manuel Zuñiga tiene su negocio en Naucalpan de Juárez, afila desde tijeras hasta máquinas de cortar pelo, comentó “para ejercer el oficio debes tener mucha concentración, buen pulso, pues a veces las piedras de esmeril vienen defectuosas, y suceden accidentes”.

La herencia viene en la sangre nos cuenta su hermana Concepción Zuñiga en la conversación, con más de 30 años trabajando como afiladora, al igual que su hermano don José Manuel, les gusta el trabajo que hace.

Ambos coinciden que les afecta la cultura de comprar y tirar, pues la gente siempre les dice “es que me costó tanto, menos de lo que me cobra, pero les decimos, es que es nuestro trabajo” explica Concepción.

Los cinco hermanos tienen su propia afiladuría, algunos de los hijos saben afilar, pero han tomado caminos diferentes, por el momento la tradición permanece con ellos.

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Concepción Zuñiga, dueña de la afiladuria “La Estrella”

 

La mujer que le gustó ser afiladora

Concepción Zuñiga le gustó ser mas afiladora, y hoy en día aún la gente duda de su trabajo por ser mujer. Incluso algunos le preguntan que si sabe, y ella responde “¡claro! hace más de 30 años que lo hago, por qué no he de saber”.

 

Les sorprende, pero al final la clientela queda satisfecha del trabajo bien hecho, Concepción es dueña de la la afiladuria “La Estrella” ubicada en Tlalnepantla de Baz, Estado de México, ahí afila desde máquinas de podar, sierras, podadoras, navajas entre otros, comenta orgullosa “me gustó, lo traigo  en la sangre”.

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La afiladora sacando filo a un cuchillo

El afilador plasmado en las artes

Independientemente del poco trabajo que a veces llegan a tener hoy en día los afiladores, esta figura siempre  ha estado presente en la vida cotidiana.

Algunos artistas han representado el oficio en la pintura, como lo hicieron los pintores Kazimir Malévich y Francisco Goya, con sus obras “El Afilador de cuchillos” de 1567 y “El afilador” de 1790, ambos representan al pueblo trabajador.

 

“El Afilador de cuchillos” 1567 Kazimir Malévichl

“El Afilador de cuchillos” 1567 Kazimir Malévichl

También en México Elena Poniatowska destaca el oficio de afilador en conjunto con otros oficios que hay en la capital, en su obra  “Luz y Luna, Lunitas” de 1994 y por su parte en la poesía se hace honor al trabajo con el poema veracruzano  “El afilador” de María Enriqueta Camarillo de Pereyra, publicado en 1990.

 “El afilador” 1790 Francisco Goya

“El afilador” 1790 Francisco Goya

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) realizó una encuesta en el 2010 para saber cuáles eran los sonidos que más extrañan los mexicanos y en la categoría de Sonidos del hombre, destacó el sonido de afilador de cuchillos como uno de los que más extrañan, también el del tren y el de la máquina de escribir en la categoría de sonidos de la tecnología e incluso el canto de pájaros y aves, como golondrinas o canarios, como los sonidos más extrañados de la Naturaleza.

Oficio que se niega a extinguirse

Conaculta realizó una encuesta en el 2010 para saber cuáles eran los sonidos que más extrañan los mexicanos y en la categoría de Sonidos del hombre, destacó el sonido de afilador de cuchillos como uno de los que más extrañan.

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José Manuel Zuñiga sacando filo a unos cuchillos de carnicería.

Don José Luis, don José Manuel, Luis y Concepción, son afiladores, cada uno aporta a su oficio un poco de su personalidad. Estos hermanos no creen que desaparezca el oficio, o al menos no por mucho tiempo, pues aún hay clientes que prefieren sacarle filo a sus herramientas de trabajo que comprar otras de baja calidad. Afiladores todos por convicción, siguen haciendo que este trabajo y el sonido de su flauta siga presente en la vida cotidiana de la capital.

Fuentes: Sitio web: http://www.cultura.gob.mx/noticias/cine-y-artes-audiovisuales/13537-el-afilador-el-canto-de-las-aves-y-el-tren-son-los-sonidos-en-peligro-de-extincion-que-mas-extranan-los-mexicanos.html y http://www.blogseitb.com/arte/2010/06/14/el-afilador-de-cuchillos-de-kasimir-malevich/; Entrevista para EL UNIVERSAL con los afiladores José Luis García Medrano, Luis Rosendo, José Manuel Zuñiga Garcia y la afiladora Concepción Zuñiga Garcia;  libro Poniatowska, Elena (1994), Luz, Luna y Lunitas, México Ediciones Era y Libro Camarillo y Roa Vda. de Pereyra, María Enriqueta  (mexicana; 1869-1968). En: Rumores de mi huerto/Rincones románticos. CONACULTA, 1990.

 

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