MEXIQUENSES INSIGNES LUIS GONZAGA CUEVAS: ABOGADO Y MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES

Escrito por Hugo Arturo Cardoso Vargas el . Posteado en Páginas del Pasado

Luis Gonzaga Cuevas originario de la población de Lerma, donde nació el 17 de mayo de 1800 fue aparte de un ilustre abogado, un importante visionario de la amenaza que representaba el expansionismo norteamericana y que provocó, más adelante, la guerra de 1846-47.

Aunque originario de Lerma, decíamos, Luis Gonzaga Cuevas se trasladó a la Ciudad de México, siendo aún muy niño, para más adelante ingresar al Colegio de San Ildefonso. Sus cualidades académicas le redituaron en que alcanzará el grado de abogado con una prontitud poco usual en la época y con calificaciones excelentes. Su paso por la escuela fue un factor importante, porque además de su preparación profesional contrajo relación con algunos de sus profesores que le ayudaron a iniciar su carrera administrativa.

Imagen tomada de : http://smgeem.blogspot.mx/2011/10/luis-g-cuevas-secretario-de-relaciones.html

Imagen tomada de : http://smgeem.blogspot.mx/2011/10/luis-g-cuevas-secretario-de-relaciones.html

Para 1825 formaba parte ya con un cargo importante dentro Ayuntamiento de la Ciudad de México: fue perfecto en esa época. A partir de 1826 ingresa a la Secretaría de Relaciones Exteriores y desde ese momento empezó a desempeñar un importante papel dentro de la administración pública. Tanto que, por razones de escalafón, fue asignado encargado de negocios tanto en Prusia como en Inglaterra.

 Continuó desempeñando este cargo hasta que Gonzaga Cuevas fue invitado por el presidente Anastasio Bustamante para desempeñar el cargo del despacho de Relaciones Exteriores. Permaneció en la Secretaría durante dos períodos en la administración de Bustamante: 21 de abril al 26 de octubre de 1837, por primera vez y del 10 de enero al 13 de septiembre de 1838. La interrupción, según sus escasos biógrafos, se debió a razones personales. En cambio la renuncia al cargo, el 13 de septiembre, respondió a que se le encargó el delicado asunto del cual se derivaría, la llamada Guerra de los Pasteles.

 Luis Gonzaga Cuevas durante su primera parte del encargo del despacho, recibió dos noticias de importancia capital para la República: el reconocimiento de la independencia mexicana por parte de España –cuyo primer embajador fue don Ángel Calderón de la Barca  y su esposa escribió la célebre Vida en México– y el reconocimiento de la soberanía nacional, por parte de la Santa Sede.

Pero no todo eran buenas nuevas. Francia formuló reclamos que sus ciudadanos radicados en la capital habían sido víctimas de los levantamientos de la Acordada, de préstamos forzosos y de otros atentados contra su vida y bienes. De entre todas destacan las de un pastelero- de ahí el nombre de esta guerra- quien reclamaba 60 mil pesos por mercancías que le habían sido quitadas o destruidas.  Al respecto Carlos Alvear Acevedo, en su Historia de México, señala que:

“Desde antes se había prometido estudiar todo esto, y en 1836, en vista de que no se había llegado a ningún punto de acuerdo, el embajador galo, barón Deffaudis, inició pláticas para la celebración de un Tratado en el que tuvieran en cuenta las peticiones citadas antes. El gobierno mexicano, a través del ministro de Relaciones Exteriores, don Luis G. Cuevas, se negó a ello porque habría creado una situación de privilegio para los franceses, aunque se manifestó dispuesto al pago de indemnizaciones justas.

Esto significó, continúa, Alvear, que se admitía una parte de las demandas y otras no, por lo cual se creó cierta tirantez diplomática, que desembocó en el embajador mexicano en París, don Maxigarro, no fuera recibido por las autoridades francesas, y el embajador Deffaudis, a su vez, se marchó de nuestro país y regresó más tarde con barcos de guerra, el 21 de marzo de 1838 que conminaron al Gobierno Nacional a atender todos y cada uno de los puntos petitorios.”

El autor califica de digna la actitud asumida por el gobierno al insistir que no podía dar respuesta a las demandas bajo las amenazas de los cañones franceses. Después de siete meses de negociaciones, condicionadas por el bloqueo de los puertos de Veracruz y Tampico por los buques franceses, las tropas al mando del comandante Bauidin ingresaron a la plaza de Veracruz. En esta acción fue herido el capitán Antonio López de Santa Anna en una pierna y la perdió. Al respecto él mismo recuerdo, en Mi Historia Militar y Política:

“Los enemigos caminaban con más ganas de llegar a sus lanchas que de batirse: cubría su retaguardia un cañón de a ocho; intenté tomarlo y para detenernos lo dispararon: disparo fatal que me hirió gravemente… Después de dos horas de privado, recobré el sentido. Asombrado reconocí mi situación; encontrábame en la sala de banderas del cuartel principal en un catre, acostado, con los huesos de la pantorrilla izquierda hechos pedazos, un dedo de la mano derecha roto, y en el resto del cuerpo confusiones.”

Pero vayamos a conocer el resultado de la Guerra de los Pasteles. Gracias a la colaboración de la embajada inglesa en México que sirvió de intermediaria en estas negociaciones se llegó a un acuerdo, el 9 de marzo de 1839 mediante el cual México reconocía el pago de 600,000 pesos por concepto de indemnizaciones.

libro luis mexiquense insigne

Porvenir de México ó juicio sobre su estado político en 1821 y 1851 / por Luis Gonzaga Cuevas. México: Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851.

Aparte de este importante triunfo diplomático Luis Gonzaga Cuevas presentó su Memoria como secretario de Relaciones Exteriores una visión de proceso político norteamericano y sobre todo su deseo de expandirse. Esto significaría apropiarse de los territorios pertenecientes a México. A pesar de su temprana advertencia, sus conclusiones no fueron escuchadas. Pero dejó esta su Memoria como un testimonio de su capacidad de análisis.

 Después de un receso en que dedica a la vida privada en la cual se avoca –básicamente- a ejercer la abogacía es llamado Luis Gonzaga Cuevas por el general José Joaquín de Herrera (entonces presidente sucesor de Santa Anna) para desempeñar el cargo, nuevamente, de Relaciones Exteriores. Su actividad al frente del ministerio fue el 7 de diciembre de 1844 al 12 de agosto de 1845.

 En este periodo el presidente Herrera intenta realizar una política exterior, particularmente con Estados Unidos, pacifista y prudente. Esta actividad del gobierno fue mal vista por los liberales pero sobre todo por el general Mariano Paredes y Arrillaga quien el 14 de diciembre de 1845 se levantó en armas contra el gobierno porque: “El gobierno pretendía liberarse de una guerra necesaria y gloriosa, por medio de concesiones que menoscababan la dignidad y rompían el único dique con que podían combatir las pretensiones ambiciosas de una potencia tan peligrosa como pérfida.”

En su desempeño como responsable de la política exterior, a don Luis Gonzaga Cuevas le correspondió el protestar enérgicamente ante las autoridades yanquis, señala Alvear Acevedo: “El Ministro de Relaciones don Luis G Cuevas, manifestó que nuestro país no podía proseguir su amistad con el gobierno del norte, debido a la ofensa derivada de haber admitido a Texas provincia mexicana, como parte del territorio de los Estados Unidos”. Y a que el Congreso de aquel país había aprobado el primero de marzo de 1845 la incorporación de Texas a los Estados Unidos. Con esto las condiciones para una guerra eran cada vez más evidentes.

Porvenir de México ó juicio sobre su estado político en 1821 y 1851 / por Luis Gonzaga Cuevas. México: Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851.

Porvenir de México ó juicio sobre su estado político en 1821 y 1851 / por Luis Gonzaga Cuevas.
México: Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851.

Y en su Memoria correspondiente al ejercicio de su nueva administración insiste en el peligro que representa Estados Unidos por su ambición sobre los territorios del norte del país. Y sólo hasta el 13 de mayo de 1846 se da una declaración formal de guerra entre ambos países. Las tropas yanquis se lanzan por tierra y mar a la aventura esperada; México.

 Nuevamente en su retiro, Luis Gonzaga Cuevas es testigo de las derrotas del ejército mexicano y cuando se acercan las tropas a la capital, Cuevas se dirige a la Ciudad de Querétaro. Ahí permanece, durante la estancia de las efectivas invasoras. Pero por su deseo de lograr llegar a un acuerdo y de firmar un tratado de paz que permitan acabar con los estragos de la guerra se dirige al gobierno para presentar sus servicios.

 La experiencia en asuntos de carácter bilateral así como así como el dominio de elementos del derecho público que en su vida había logrado Luis Cuevas se vieron empleadas en una nueva causa por México; lograr la paz, después de una guerra injusta y la poca participación de los estados federados. Fue uno de los tres ministros plenipotenciarios  nombrados por el gobierno mexicano a fin de dar término a la guerra y que desembocó en la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848. Y no acababa ahí su actividad. Este mexiquense acude ante el Pleno del Congreso Federal –reunido también en Querétaro- a fin de promover la aprobación y ratificación de esos tratados. Estaba consciente que eran la única posibilidad de terminar con la guerra.

 Una vez concertada la paz José Joaquín Herrera retomó la presidencia y encargó a Luis Gonzaga Cuevas la responsabilidad de las relaciones exteriores de México. Ahora fue por el periodo entre el 5 de noviembre de 1848 al 2 de mayo de 1849. Al separarse de su cargo presenta su tercera Memoria un documento claro y objetivo que describe las causas de la derrota militar en la pasada guerra y concluye por invitar a los mexicanos a la concordia para no sufrir más otra experiencia igual.

Separado de su cargo se desempeña, por un tiempo como senador y más adelante como miembro del Consejo de Estado. Toda esta visión que había ido adquiriendo en su vasta actividad diplomática y profesional la plasmó en una obra que aborda los grandes problemas de México de acuerdo a las ideas conservadoras –partido al que perteneció siempre Cuevas-. Es en Porvenir de México, o sea juicio sobre el estado político, de 1821 a 1851 un legado sobre los problemas de México y las soluciones que proponía este partido conservador.

 Del 24 de enero al 9 julio de 1858, bajo la presidencia de Félix Zuloaga que lanzó el Plan de Tacubaya, ocupó Gonzaga Cuevas, por última vez, la cartera de Relaciones Exteriores. Esta etapa de profunda agitación política provoca en Cuevas un hondo escepticismo y por eso renuncia al cargo ya que estaba seguro, no hay ninguna posibilidad de conciliar a los diferentes partidos políticos. Esta separación no lo libera de ser juzgado y procesado por los liberales una vez que bajo la bandera del Plan de Ayala triunfan militarmente.

 De acuerdo con José C. Valadés, uno de los más destacados biógrafos de don Lucas Alamán, principal figura política e ideológica del conservadurismo mexicano, también don Luis G. Cuevas fue miembro del Ateneo Mexicano; y que escribió:

 “El 9 de abril de 1844, reuniéronse los socios del Ateneo Mexicano en la biblioteca del Colegio Mayor de Santa María de Todos los Santos, para escuchar la lectura de la primera disertación sobre la historia de México. Entre los ateneístas allí reunidos estaban don Luis G Cuevas, don Juan N. Almonte, don Juan Gómez de Navarrete, don José María Bocanegra, don Manuel de la Peña, don Manuel Carpio, don Juan Rodríguez de San Miguel, don Angel Calderón de la Barca”. A los asistentes leyó don Lucas Alamán su Primera Disertación.

 Aunque ideológicamente sea calificado Luis Gonzaga Cuevas como conservador, fue un profundo amante de México, por eso cuando el emperador Maximiliano le propone para ser miembro del Consejo Imperial, Cuevas rehúsa participar bajo la dirección del emperador. Ya antes había decidido no formar parte de la Junta de Notables que fueron a Europa para ofrecerle la corona de México a la familia de Habsburgo.

 Esta breve reseña de la vida y obra de Luis Gonzaga Cuevas no es sino un modesto homenaje a una de las figuras centrales –por su participación en los momentos claves- de la historia de México durante el siglo pasado: Luis Gonzaga Cuevas insigne mexiquense e ilustre abogado falleció en la Ciudad de México el 12 de enero de 1867. Así que no le tocó ver caer al Segundo Imperio Mexicano pero dejó su obra como testimonio de su sentimiento profundamente sentido por México. Luis Gonzaga Cuevas tanto como ministro de estado así como profesional del derecho fue –y es- un mexiquense insigne.

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