MEXIQUENSES INSIGNES JOAQUIN ARCADIO PAGAZA: POETA Y OBISPO

Escrito por Hugo Arturo Cardoso Vargas el . Posteado en Páginas del Pasado

Joaquín Arcadio Pagaza fue originario de San  Francisco del Valle de Temascaltepec, hoy Valle de Bravo donde nació el 19 de enero de 1839; sus padres fueron Julián Pagaza y doña Josefina Ordóñez quienes le facilitaron sus estudios primarios que realizó en la misma población. Desde chiquillo recorrió todos los lugares cercanos a Valle de Bravo y las imágenes que estos recorridos le produjeron serían impresas -a través de las diferentes poesías que dedicara a su tierra natal- años más tarde.

Don Joaquín Arcadio Pagaza además de un agudo observador fue siempre un apasionado de las humanidades. Conocedores de su inclinación, sus padres deciden enviarlo a la Ciudad de México. Ingresa como estudiante en el Seminario Conciliar de México; en 1853 en el Seminario obtuvo el titulo de bachiller después de cursar los estudios humanísticos que comprendían entre otras, Filosofía y Teología. En esta época temprana de su vida Arcadio Pagaza se apasiona intensamente por las obras de los poetas clásicos: Horacio y Virgilio.

Joaquín Arcadio Pagaza

Joaquín Arcadio Pagaza Foto tomada de http://plumaslibres.com.mx

El 17 de febrero de 1862 en el Seminario se le entregó la investidura clerical y, conforme a la costumbre imperante, las cuatro órdenes menores. La vida profesional de Joaquín Arcadio Pagaza se inició al mismo tiempo que su producción literaria. En 1863 fue designado encargado de administrar la iglesia de Real de Minas de Taxco. Ahí permaneció por espacio de dos años, ya que regresó a impartir clases de Prosodia latina y Retórica al Seminario Conciliar de México.

Su actividad docente debió abandonarla porque fue designado cura y vicario de Tenango del Valle. Fueron diez años en los cuales don Joaquín Arcadio Pagaza se dedicó en cuerpo y alma a promover el bienestar de sus feligreses. De Tenango del Valle pasó a ocupar el cargo de párroco en la Parroquia de la Asunción (Sagrario Metropolitano) el 2 de septiembre de 1882. Gracias a su labor fue el año siguiente prebendado de la Catedral Metropolitana.

Después de dos años, en 1885, fue ascendido a canónigo y en 1890 fue designado Secretario de la Mitra. Al año siguiente fue electo rector de la Universidad Pontificia de México. Fueron cinco años de lucha antes de ver realizado el proyecto de la Universidad. El papa León XIII nombró el 18 de marzo de 1895 a don Joaquín Arcadio Pagaza obispo de Veracruz. Este cargo lo desempeñó hasta el día de su muerte el 11 de septiembre de 1918 en Jalapa, Veracruz.

Don Joaquín Arcadio Pagaza reunió las cualidades de un “cura de pueblo” y de magistrado eclesiástico, porque su vida profesional lo llevó por esos senderos. Además de su carácter de servidor de la iglesia, es considerado -como ejemplo por Menéndez y Pelayo- como “Uno de los más brillantes versificadores clásicos de las letras castellanas”.

Y es que además de versificador y traductor de las obras de los poetas clásicos (Horacio y Virgilio) don Joaquín Arcadio fue un fértil poeta dentro de la bucólica; es decir, un poeta, destacadísimo, de la vida de campo y de sus habitantes. Su producción poética es bastante extensa: Murmurios de la Selva fue en su presentación todo un acontecimiento en la vida cultural del país de 1887; al menos así lo describen las crónicas de la época; Corona Literaria (1889) María (1890) Algunas Trovas Ultimas (1893). Desde luego no podían faltar las traducciones de los poetas Horacio: Versión Parafrástica de sus Odas (Jalapa 1905) y Virgilio Versión  Parafrástica de las Geórgicas, Cuatro libros de la Eneida y dos Eglodas (Jalapa 1907).

Desde 1883 don Joaquín Arcadio Pagaza fue recibido como miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, aunque todavía sus mejores obras no eran dadas a la luz pública, pero se sabía –y reconocía- la calidad de sus bucólicas.

Asimismo, la Academia de los Árcades, sociedad literaria que fuera fundada en Roma bajo la protección de la Reina Cristina de Suecia y que inició sus actividades el 24 de junio de 1656 en pro de la buena literatura, recibió a don Joaquín Arcadio Pagaza como uno de sus más distinguidos miembros. La Academia sólo recibía entre sus participantes a poetas o amantes de la poesía, lo que habla de la calidad, sensibilidad y gran contenido de las que escribió Pagaza. Entre sus requisitos estaba el que sus miembros deberían de tener un pastor griego para ser aceptados, por eso Joaquín Pagaza adoptó el nombre de Clearco Meonio. Clearco fue según  se sabe un poeta del siglo III antes de Cristo, autor de varias comedias y Meonio es el gentilicio del natural de Meonia, antiguo nombre del Lidia en el Asia Menor, aunque también se le usa como sobrenombre del dios Baco.

De acuerdo a Hugo Aranda: “Pagaza es un alto representante del humanismo grecolatino en el siglo XIX. Ya que hay que considerar al traductor, y al poeta original, interpreta a Horacio y Virgilio con acierto, además de ser el único mexicano que ha trasladado al español integra la obra lírica del primero”.

Don Joaquín Arcadio Pagaza fue un autor donde “lo mejor de su poesía se encuentra en su paisaje, que pasa a través de su alma humedeciéndose de un suave lirismo melancólico. Pero Pagaza, no sintió el apasionamiento de las tierras cálidas, tan frecuentemente cantadas por otros –Pesado, Altamirano, Cuenca…- pues cuando el trópico llega a aparecer en sus poemas de la impresión de haber sido transportadas a un clima de purificación, filtrando por el cristal de la altiplanicie. Su índole, que ignora la emotividad ardiente y tumultuosa, se expresa a su labor en los rincones perfectos del paisaje manso y contemplativo, temiz de soles agresivos y de broncos rumores… “Un carrizal, un puente y una ruta; traviesos laberintos de enredaderas, palustres campánulas, verdes lejanías y picos encarnecidos garrulería de pájaros, ganados, pastores, forman su escenario: paisaje musical  y florido, paz y descanso. Apacible bucolismo éste, tan exclusivo, que otras voces a él ajenas o no resonaron en su sensibilidad o apenas dejaron rastros incoloros”.

“Tenía, concluye, Octavio Valdez, como Virgilio “Lámina gentile”, tierna, pacifica, más contemplativa que razonadora. Suave tristeza dejó toda su poesía; tenue vapor de lagrimas humedece sus paisajes”.

Y como muestra de que la sensibilidad, predomina en sus poesías, presentamos enseguida una de ellas.

 

AL AMANECER

Asoma, Filis, soñoliento el día

Y llueve sin cesar, en los cercanos

Valladares al pie de los bananos

Mi grey se escuda de la niebla fría.

Las vacas a sus hijos con porfía

Llaman de los corrales, en pantanos

Convertidos, y ruedan en los llanos

Pardas las nubes y en la selva umbría.

Oye… se arrastran sobre el techo herboso

Los tiernos sauces con extraño brío

Al merecerlos el viento vagoroso

Que trayendo oleadas de rocío

Por las rendijas entra querelloso

Prende el fogón, amiga tengo frío.

 

Todo esto hace de Joaquín Arcadio Pagaza uno de los más importantes representantes del género neoclásico de la poesía en la letra mexicana y -sin duda- una de las glorias en las letras castellanas; por ende, uno más de los mexiquenses insignes.

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