MEXIQUENSES INSIGNES JUANA DE AZBAJE: DÉCIMA MUSA

Escrito por Hugo Arturo Cardoso Vargas el . Posteado en Páginas del Pasado

Pocas ocasiones existen para celebrar a toda una personalidad que rebasando su tiempo histórico llega a considerársela un “clásico”: Un ejemplo digno de imitar, en donde sus ideas escritas se repiten, se realizan y se llenan de vitalidad en la cotidiana vida diaria.

Una buena oportunidad de celebrar a Sor Juana Inés de la Cruz, o Juana de Azbaje y Ramírez es hoy que cumple años de difunta. Su palabra no ha perdido –y difícilmente perderá – frescura y validez.

Su nacimiento tan sólo a dos leguas de la Muy Noble y Muy Leal Cuidad de México, sede de la corte novohispana no pudo ser más afortunado. Desde niña mostró su calidad de precoz: a los cuatro años sabía leer y a los diez sus versos eran conocidos ya.

Imagen tomada de http://ceape.edomex.gob.mx

Imagen tomada de http://ceape.edomex.gob.mx

En México pasó y deslumbró con su capacidad para aprender el latín, además fue aceptada como dama de honor de la Marquesa de Mancera, virreina en ese momento. Este hecho le valió un mayor reconocimiento puesto que según la marquesa, Juana pareció “un galeón real se defendiera de pocas chalupas que le embistieran” al ser examinada por cuarenta literatos.

Por ende, Juana de Azbaje era un ejemplo, una celebridad porque a su innegable y naturaleza belleza física, se le reconocía una alta calidad intelectual. Todo lo que la convirtió en una imprescindible dama de compañía.

Las razones por las que abandona la regalada vida cortesana y cambió la mantilla de seda por los vestidos lúgubres de las monjas son una incógnita. Se argumenta que por una desilusión amorosa, por una profunda convicción y vocación mística, etcétera. Pero dos factores influyeron: su creciente interés en la ciencia y su rechazo total al matrimonio o como decía ella misma su “total negación que tenía para el matrimonio”.

Por ende, la sociedad mexicana perdió a una madre de familia más, pero ganó nada menos que a la llamada Décima Musa. Quien ya fuera en prosa o en verso mostró sus conocimientos tanto en el arte literario, como de las ciencias de que trataba.

Primero ingresó a la orden de las Carmelitas Descalzas pero tuvo que abandonarla porque se enfermó, pasó a la de San Jerónimo. Esta reclusión voluntaria, le permitió coleccionar libros hasta el casi increíble número de cuatro mil ejemplares, contando siempre con el apoyo de sus protectores los marqueses de Mancera, los condes de Paredes, Manuel Fernández de Santa Cruz (obispo de Puebla) y el obispo Enrique de Rivera.

Las actividades cotidianas de la vida enclaustrada de las religiosas, eran poco compatibles con la aspiración de satisfacer su sed intelectual. Su interés era leer, leer pero no escribir. Aun así, el convento de San Jerónimo gestó sus más importantes obras que van desde Primer sueño, hasta Los empeños de una casa pasando por la célebre Respuesta de sor Juana Inés de la Cruz a la muy ilustre sor Filotea de la cruz, sus redondillas, sonetos, liras, glosas y décimas y un largo etcétera.

Hacia el año de 1694, Sor Juana está totalmente alejada de su amada actividad intelectual. Se despoja de sus libros, instrumentos técnicos y musicales para ayudar a solucionar la crisis económica de ese año y se dedica a realizar una vida monástica. Así le sorprende la muerte, cuando atendiendo a sus hermanas de hábito se contagia de una peste mortífera y muere el 17 de abril de 1694.

Foto: Notimex/ INAH/ COR/ACE

Foto: Notimex/ INAH/ COR/ACE

¡Qué mejor homenaje reconocer el valor fuera de duda y de malas intenciones de Sor Juana Inés de la Cruz!; Fuera de su época aun hoy vigente: extemporáneo e hijo del Siglo de Oro Español. Primer ejemplo de la poesía mexicana trastocada por las raíces españolas y aborígenes y que encierra los pensamientos, conflictos, dudas y aspiraciones de una mujer que en medio de una sociedad machista como la novohispana soportó la adversidad soportó la adversidad de amigos bien intencionados y enemigos envidiosos y se colocó no sólo como sucesor de Góngora, Quevedo, León y lo mejor del pensamiento español, sino que superó a muchos de esos sus contemporáneos.

 

 

 

 

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