Foto: Carlos Tomasini

El árbol de la Noche Triste

Escrito por Hugo Arturo Cardoso Vargas el . Posteado en Páginas del Pasado

El paso del tiempo así como la inexistencia de fuentes documentales fidedignas propician que entre la historia y la leyenda se obscurezcan sus fronteras.

Uno de los ejemplos donde la historia  y la leyenda se entremezclan es justamente el que se refiere al célebre Árbol de la Noche Triste. Una es la tradición y otra la verdad, por lo menos en lo que se refiere al sitio en que se supone lloró Hernán Cortés ante la derrota del 30 de junio de 1520.

Antecedentes

Hernán Cortés debió abandonar México-Tenochtitlán para enfrentar a Pánfilo de Narváez, enviado del gobernador de Cuba y dejó al frente de las huestes españolas y sus aliadas indígenas a Pedro de Alvarado en la capital mexica.

Tonatiuh, como !o llamaron los nativos, vio como un eminente peligro para la seguridad de sus soldados, el que en el Templo Mayor de México se empezara a concentrar tan grande cantidad de gente.

Lo que en realidad sucedía era que los mexicas y demás grupos se preparaban para participar en los festejos relativos a Toxcatl, deidad correspondiente al quinto mes del calendario civil indígena. Pero el 20 de mayo de 1520, casi al finalizar la celebración, Alvarado no pudo soportar más y cometió uno de los más grandes genocidios que registre la historia.

Después de esta violenta y artera agresión los españoles se refugiaron en el Palacio del Axayácatl, aposentos donde estuvieron desde su llegada a México por dos razones, el repliegue que ordenó Alvarado y por la organización de la milicia que asechó ese recinto.

Desde ese día el Palacio fue motivo de constantes ataques·, aunque todos sin éxito.

A Cortés se le informó de lo que sucedía en el Anáhuac, pero como no terminaban sus negociaciones con Narváez debió detenerse más de lo que previsto. Por fin llegó a la ciudad de México el domingo 24 de junio.

El espectáculo no debió ser muy agradable ni tan favorable como en su primera visita. Las autoridades de la capital permitieron el avance de los europeos, por la calzada de Tlaltelolco, hasta llegar al mismo Palacio a fin de tener reunidos en un sólo punto a sus enemigos.

Cortés, con ese gran espíritu, no se doblegó. Redobló las medidas de seguridad y buscó romper el cerco: los intentos también fracasaron.

La huida

En estas condiciones, Cortés empezó a preparar la salida por la Calzada de Tlacopan para llegar a tierra firme y así seguir hasta Tlaxcala, donde seguramente lo recibirían y auxiliarían por el estado de necesidad en que se encontraba junto a sus tropas (aumentadas por los efectivos de Narváez). La huida fue un acuerdo entre los capitanes y se decidió fuera la noche del 30 de junio de 1520.

En tanto Cuitláhuac, liberado por Cortés para apaciguar a los mexicas, apoyado por Cuauhtémoc se decidieron por rendir a los españoles por hambre y sed; o en su caso, exterminarlos en un combate definitivo.

La actividad en el palacio en cuanto obscureció fue febril. Cortés daba órdenes a unos para alistar los puentes portátiles, a otros para guardar los implementos militares, a otros asegurar el tesoro rescatado. Una vez concluidos los preparativos, se dispuso que la caravana estuviera dividida en tres cuerpos:

La vanguardia, con los puentes y las armas dispuestas, estaba al mando de los capitanes Gonzalo de Sandoval y Diego de Ordaz. Su misión, restaurar las condiciones del camino y evitar el asedio de los indígenas. La parte central, donde se concentraban los tesoros y demás bienes materiales, estaban custodiadas por el propio Cortes ayudado por Alonso de Ávila y Cristóbal de Olid. Finalmente, la retaguardia -que lo componían la mayoría de los fugados- se encargaría de rechazar cualquier ataque de los indígenas; por eso se colocó al mando de Juan Velázquez de León y Pedro de Alvarado.

La huida pasó sin problemas los primeros momentos, pero cuando la retaguardia logró salvar el primer corte o canal llamado de Texpalzinco –supuestamente colocado en el cruce de la actual Calle de Tacuba y Eje Central Lázaro Cárdenas- fueron descubiertos, se afirma, por una mujer que dio la voz de alerta. Al poco tiempo por tierra y por agua la retaguardia es atacada sin cuartel por los mexicas.

Así llegan combatiendo hasta el siguiente corte denominado de los Toltecas -que correspondería a la calle de Zarco y Paseo de la Reforma- donde por la lentitud de la marcha contrarrestaba con la prisa por salir del sitio, provocó que ahí se diera el más fiero de los combates. Las pérdidas de ambos lados de los rivales fueron cuantiosas.

Los europeos continuaron su escapatoria, pero ahora era mayor la urgencia de salir a tierra firme, por eso cuando llegaron a la actual altura de Avenida de los Insurgentes la desorganización era evidente; las órdenes no se respetaban; todos querían salvarse.

Así pues, continuó su marcha precipitada la tropa cuidando no ser víctima de las armas indígenas ni tampoco ser arrollado por los demás que huían. Desde luego que aún en los límites del lago, en esta porción, los cuauhtlis y sus correligionarios -dirigidos por Cuitláhuac y Cuauhtémoc- continuaban su persecución amenazando y propinando bajas entre los fugados.

 

El árbol de Popotla

Foto: Tomada del sitio web panoramio.com

Foto: Tomada del sitio web panoramio.com

En estas condiciones se ha aceptado, sin ninguna prueba, que el sitio en donde está el sabino conocido como «el Árbol de la Noche Triste» fue el lugar en que Hernán Cortés lloró la cruel derrota. Pero no es posible esta situación, por las siguientes razones.

En primer lugar, cómo explicar que los efectivos de Cuauhtémoc y Cuitláhuac hayan suspendido su persecución. Sin duda el ejército indígena no podía olvidar la muerte de tantos de sus parientes y amigos caídos en manos de españoles. La actitud debería ser en este caso no sólo de coraje; sino de verdadera indignación que reclamaba la venganza y sólo concluía con la muerte de los asesinos. Por eso, no parece coherente un retiro prematuro s sólo 5700 metros de la ciudad de México-Tenochtitlán.

En segundo lugar, el haber decidido Cortés reposar en este sitio, representaría un grave error estratégico. Porque aparte de los que le perseguían, sin duda los pocos indígenas que se encontraban en Tacuba y Azcapotzalco se deberían unir en contra de los españoles y su exterminio era evidente. Lo que no sucedió.

En tercer lugar, de acuerdo a las fuentes históricas se menciona que Cortés llegó a un sitio elevado y la pregunta inmediata es dónde hay, en Popotla, un cerro o cualquier otra elevación natural o artificial. La respuesta es definitiva. No existió ni existe.

En cuarto lugar, el sitio denominado por los cronistas como Otoncalpulco, sin poder ser localizado definitivamente, está muy lejos de ser ubicado en la zona de Popotla.

Ante esto, la conclusión se hace evidente. No está a 5 700 metros del Templo Mayor -o del Zócalo actual- el Árbol de la Noche Triste. Pero, entonces ¿dónde está ubicado el verdadero Árbol de la Noche Triste?

 

Otoncalpulco

En Naucalpan, y concretamente en los límites del pueblo de San Juan Totoltepec. El sitio exacto es, según la conseja popular del lugar, el lado derecho del llamado Río Chico de Los Remedios en un vértice complementado por la barda de la Escuela Primaria y la calle que lleva al pueblo a la derecha del módulo de policía que está colocado en la glorieta del lugar.

Las razones para esta afirmación, que no se agota en la tradición oral del lugar, obedece a las siguientes argumentaciones.

En primer lugar, el hecho de que entre el Templo Mayor y este lugar existan un encuentra una elevación que corresponde al llamado Cerro de Los Remedios, en cuya cima se localizaba un adoratorio que además servía de observador desde el cual se veía la frontera. Con el Cerro de Los Remedios se inicia una serie de elevaciones que dividen el Valle de México del Valle de Toluca; además existe la corriente de agua que debió refrescar a una maltrecha y sedienta muchedumbre.

Para finalizar, debe recordarse que conforme la tradición, en este sitio fue donde juan Rodríguez Villafuerte guardó la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que había acompañado a los europeos en su recorrido por tierras de Mesoamérica. Imagen que más tarde dio origen al santuario de Nuestra Señora de Los Remedios.

Por ende, sólo se puede llegar a una conclusión: el Árbol de la Noche Triste está en San Juan Totoltepec y no, como se supone, en Popotla.

Naucalli Diciembre, 1995 Año 1 # 6, pp 30-1

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