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Julia Santibáñez

DE BUENA ONDA Y ROLLO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Cuando Luis González y González se planteó la escritura de La ronda de las generaciones, lo hizo con el fin de dar cuenta de los sucesos y las figuras que conformaron el engranaje de México durante los siglos XIX y XX, donde “se juntan gentes de muy distinta condición […] como si pertenecieran a la misma especie social”. Caso similar ocurre con el campo de la cultura, donde cada época produce a sus figuras, unas más disímiles que otras, pero espectaculares todas -con todo y defectos, que no es poco decir.

Consciente de que la historia es más que un chisme sabroso, Julia Santibáñez nos entrega El lado B de la cultura. Codazos, descaro y adulterios en el siglo XX, donde se da cuenta de sucesos y figuras harto conocidas, pero desde el lado que menos se les conoce, volviéndolos tan cercanos que hasta nos extrañaría no haberles conocido en alguna de nuestras correrías por la vida de todos los días.

En cincuenta capítulos breves, como los años que componen un medio siglo, nos ponen al tanto de la historia propia de escritores, pintores, actores, músicos y hasta un abogado sui generis, que, como no queriendo la cosa, une más cabos que los que se podrían imaginar. Un lado B que […] arroja luz sobre cómo el arte y el pensamiento se vinculan con la vida diaria, con lo prosaico del mundo cotidiano. En estas páginas dinamito seriedades entre la minoría bienpensante que engola la voz para hablar de los grandes creadores, como si fuera de otra pasta. Resulta que también son gemebundos cuando se enamoran, tienen supersticiones, se ponen viejos pian pianito.

Dice el refrán que “la familia, como el sol, entre más lejos, mejor”, y ante las parentelas y dinastías abordados por su autora nos hacen dudar un poco de tan acendrado paremio, como podemos leer en “¿Familia de artistas? Intenseo seguro”, donde aparecen tanto los fabulosos Revueltas como las sortílegas Campobello. Toda parentela que se precie guarda una oveja negra en el clóset. Cuando entre miembros decentes despunta una bailarina o un escritor se fractura la solidez de la patria casera, ganada a punta de conductas ejemplares. Y cuando entre cuatro paredes hay más de un artista “llega el empezose del acabose”, como diría Mafalda.

Tal y como sucede hasta en las mejores familias, los personajes retratados con polaroid en este volumen -por la brevedad de los textos, recordemos- han hecho, a la par de las labores propias de su sexo y de su talento, chambas y oficios de cualquier tipo; “Ay, los oficios alimenticios” da santo y seña de ello. Los personajes de la cultura no siempre (ok, nunca) tienen un arranque terso en el medio. Igual que un auto destartalado, los ingresos cascabelean, el reconocimiento pasa aceite, la estabilidad parece jalonearse. Por eso trabajan de lo que sea, para autobecarse en el trabajo artístico.

En el término acuñado por Luis Buñuel -patente en el nombre del capítulo-, lo mismo encontramos a un Juan José Arreola vendedor de tepache, a Jaime Sabines despachando telas mientras urde Tarumba, o a varios escritores que venden películas y comerciales -Álvaro Mutis- o que ponen sus talentos verbales al servicio de las marcas, como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Francisco Hernández y Fernando del Paso, que hizo de ese ambiente un territorio a explorar dentro de su geografía novelística. La literatura y la publicidad tienen más puntos en común de los que habitualmente se reconoce. Comparten materia prima: palabras, musicalidad e imaginación. Aunque el anuncio provoca la compra de un producto y el texto literario es el fin en sí mismo, ambas disciplinas generan emociones. Buscan quedarse en la cabeza del destinatario. Por eso muchos escritores bragados han vivido de marcas en las que quién sabe si creían. Da igual (“Publicistas o el arte de dorar la píldora”).

Una de las cosas que se planteó la autora al momento de poner en orden El lado B de la cultura, es la justa mención de las mujeres que hicieron mella en el siglo XX, y también de algunas que se vieron opacadas por el genio y la figura de sus esposos, colegas y hasta familiares. A dónde quiera se pasemos las páginas o que el azar nos haga la travesura de abrirse en equis o ye capítulo, siempre hay una mujer presta a contar sus andanzas o de volverse visible como parte de otra historia más grande. María Félix y Tongolele, Elena Garro y La China Mendoza, Silvia Pinal y Nahui Ollin, Pita Amor y Vitola (más las que se acumulen por la lectura) hacen gala de sus talentos y maravillas, que aún siguen ganando batallas en estos agitados dosmiles, donde la equidad busca volverse una sana costumbre.

Además de conocer las historias de gente y sucesos excepcionales, muy cercanos a nuestro bagaje cultural, Julia Santibáñez nos obsequia a la primera oportunidad palabras de su propia cosecha (sabrosidad, piropear, inspiradero, automuerto, malditidad, etc.), porque de la misma forma en que hacemos propia la admiración por una figura importante, es ineludible hacer nuestra una palabra, incluso si se permite inventarla; en ese empeño, la figura que le es más cercana es “Un bato muy acá: Tin Tan”: Una de sus mayores riquezas, el lenguaje bífido, agringado, rebelde al convencionalismo, lo que hoy llamamos espanglish, se le atragantaba a José Vasconcelos. […] si los pochismos de las películas del bailarín sonaban ajenos, la modernidad incorporó al español expresiones como tenquiu, oquéi, uasumara. Hay que documentar que, omnívoro de palabras, el actor acuñó giros de uso caribeño como guagua, candela y tumbao.

De El lado B de la cultura podemos llenar hojas y hojas, a fin de ponderar cuidadosamente su contenido (donde los apodos célebres, el Palacio de Lecumberri -penal de cinco estrellas que palidecería al Hilton por albergar a grandes luminarias-, el gusto por los gatos y hasta la cafetofilia -no del todo suscrita por La Utora, su avatar hebdomadario-, etc.), pero de una cosa podemos estar seguros: de contar con un libro de buena onda y rollo, que nos identifique como recipiendarios de una tradición y como artífices de otra nueva, “por asistir a un desfile de personas […] que aparecen y desaparecen en un abrir y cerrar de ojos”, retomando a Luis González y González. (Paréntesis aparte: en ese mismo tenor, la portada/contraportada de Bernardo Fernández BEF, que nos remite a los murales del extinto restaurante Prendes, a la cuasi totalidad de una conocida portada sesentera, o a los afanes retratistas de Abel Quezada.)

Sin picarme de profético, El lado B de la cultura pinta para volverse obra de referencia obligada, y que amerita una, dos, tres, las continuaciones necesarias. Y mientras llega ese momento, quede aquí esta ricura de libro: deleite y celebración de sus lectores presentes, pretéritos y futuros. (Chapeau!)

Julia Santibáñez. El lado B de la cultura. Codazos, descaro y adulterios en el México del siglo XX. México, Reservoir Books, 2021.

 

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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

De 18 a 21. En la conferencia mañanera de ayer, en Palacio Nacional, el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, anunció la salida de una nueva colección editorial bajo el nombre 21 para el 21, la cual se conforma por veintiún libros que suman lo más representativo de las letras y de la historia mexicana, de la pluma de Guillermo Prieto, Elena Garro, Martín Luis Guzmán, Rosario Castellanos, por mencionar algunos autores. Dicha colección, de distribución gratuita, se halla pronta a llegar a las manos de sus futuros lectores.

Sin embargo, y como lo señalé en alguna entrega anterior de estas Horas, aquí ocurre un fenómeno similar al expuesto con Vientos del pueblo y Fondo 2000. Hace algunos años, el FCE lanzó una colección, 18 para los 18, mediante la cual se publicaron dieciocho novelas breves, repartidas en seis tomos, con el fin de acercar a jóvenes lectores a lo más señero de las letras mexicanas. Desde clásicos como Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia hasta El libro salvaje de Juan Villoro, pasando por Las hojas muertas de Bárbara Jacobs y Soledad de Rubén Salazar Mallén, esta colección fue un rotundo éxito, tanto en las salas de lectura de escuelas de enseñanza básica como en su corrida comercial en librerías (y hasta mereció una serie de programas producidos por Televisión Educativa, uno de éstos, con la participación del entonces secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio).

En el caso de 21 para el 21, el tiro va hacia otro lado. El 65% de la edición se destinará a las fuerzas armadas y a los llamados siervos de la nación (no ahondaré en explicaciones), mientras que el resto se repartirá (como debe de ser) en bibliotecas de aula y los “sobrantes”, mediante dinámicas de whatsapp lanzadas en las redes sociales del FCE, cuando debería ser a la inversa, es decir, primero en escuelas, luego en librerías y el resto, al ejército, la marina y los mentados siervos. (O cincuenta y cincuenta, y contentos todos…)

Por el momento, dos cosas son seguras respecto a 21 para el 21: apunta a volverse una colección clásica, muy en el espíritu de los clásicos verdes de José Vasconcelos o la serie de Lecturas Mexicanas motivada por la SEP en los años 80, y la otra, esperar el gran momento para hacerse de uno o varios ejemplares (y si la persistencia es afortunada, hasta de la colección completa). De cualquier manera, queda aplicar la misma dinámica que con Vientos del pueblo: conceder el beneficio de la duda. Y como siempre pontifica un querido amigo transatlántico, “lo único que nos salva, como país, como persona y como planeta, está en los libros, en la lectura de libros”. (#FelicesLecturas)

Franca compañía. Por cuestiones de salud, estuve recluido en casa durante varias semanas, en las cuales me acompañé de varios libros que me hicieron más llevadera la recuperación. Antes de mi pausa médica, había terminado Ésta soy yo, libro de memorias de Silvia Pinal -a quien celebraré por su natalicio 90 dentro de algunas semanas- y Cancerófoba de Patricia Arredondo, libro de poemas cuya línea gira en torno a la enfermedad y de cómo ésta nos motiva a valorar un poco más la vida. (Desde aquí, un saludo a su autora y colega.)

La primera lectura de mi tiempo suspendido llegó por obra y gracia del correo: Gestos del centauro de Marcos Daniel Aguilar, libro de ensayos sobre la presencia del caballo en la literatura y el arte. (En las entregas anteriores de mi columna podrán encontrar la reseña respectiva.) De ahí, me seguí con un libro sobre Lázaro Cárdenas, escrito a cuatro manos por Veka Duncan (sí, la misma de los Martes Culturales en su canal de YouTube y El Foco) y Francisco Robles Gil; el Breve Manual del Libro Fantástico (donde colaboró mi querida Atenea Cruz); las Cartas a un amigo alemán de Albert Camus (muy necesaria su lectura, tanto para tirios como para troyanos); Bestiario de Julio Cortázar (por obra y gracia de Mónica Vargas, presente en dos de mis Cartas de Minería) y un volumen de homenaje a Ireneo Paz en ocasión de su libro Algunas campañas, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica y El Colegio Nacional. (Los textos de Álvaro Matute y Jorge F. Hernández son un must.)

La tercia que más disfruté (con todo y que la risa se volvía dolor, el clásico “me duele cuando me río”) fue Mis confusiones de Rius, enorme volumen de memorias donde consigna su aprendizaje en el oficio de monero que su encuentro con grandes maestros y colegas dibujantes; la segunda edición aumentada de Un lugar seguro de Olivia Teroba, ensayos de largo aliento sobre el ser escritora en el tiempo actual, y un completo garbanzo de a libra: Viejo siglo nuevo de Beatriz Gutiérrez Müller, novela ambientada en la Revolución mexicana, pero que, a diferencia de otras con línea semejante, se compone por una galería de personajes de todos los estratos sociales, bajo el influjo del misticismo, empezando por Francisco I. Madero. (Ojalá y el día que merezca su relectura, sea más sencillo justipreciar la buena pluma de su autora.)

Con toda franqueza, me hubiera gustado leer más cosas en mi periodo de recuperación (un libro al día, lo ideal), pero siempre he creído que lo poco siempre te obsequia mucho; por vez primera en el año, avancé con las lecturas propuestas y hasta me di chance de checar otras que nunca pensé hacerlas. (Pausas como ésta son necesarias, mientras la salud esté de nuestra parte, desde luego.)

Pequeña historia de un obsequio cumpleañero. A la par de mi regreso al mundanal ruido, volvió una tradición muy querida: hacer escala en la oficina de Correos de México y enviar un libro a guisa de presente cumpleañero. Al momento de escribir estas líneas, me llegó la feliz noticia de que Memorias de España 1937 de Elena Garro (en la edición de Paralelo 21) llegó en óptimas condiciones a mi querida colega y amiga María, su nueva dueña en Guadalajara.

Todo comenzó en la semana que me reincorporé al mundo real, cuando al revisar mi agenda, caí en la cuenta de que su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina, por lo que, para ahorrar tiempo, ingresé a la página de apartados de Educal, y buscar algunos libros para ella; al no tener respuesta, y con el tiempo encima, me di una vuelta por la sucursal sureña de la librería del pacificador (sabrán a cuál me refiero) y buscar un libro de Elena Garro. (Ella sólo tenía en sus manos el Teatro completo y leído, solamente Los recuerdos del porvenir, así que las cosas no se me complicarían del todo…) Me acerqué al anaquel de literatura mexicana y ahí estaba Los recuerdos…, en la flamante edición de Alfaguara (que ni yo tengo, por cierto); tomé un ejemplar y seguí mi recorrido hasta llegar a la sección de Biografías, donde me hacían guiño tanto las Memorias de Helena Paz Garro como las de su señora madre. De igual forma con la novela, tomé un ejemplar.

Mientras llegaba el momento de pagar, me debatía sobre cuál debía llevarme, dado que no había comprado sobres burbuja para mis envíos, y el único que tenía a la mano, era de tamaño pequeño. No lo pensé más y me decidí por las Memorias. (Además, es el libro de Elena que más he obsequiado, así que no podía echarme para atrás…) De vuelta en casita, guardé el libro en el ventiúnico sobre que me quedaba, no sin antes colocar un separador y una tarjeta con mis mejores deseos cumpleañeros.

Después de dejar el paquete en la oficina de correos, recibí una notificación de Educal: mi pedido ya estaba listo desde la semana de mi petición, pero por cuestiones de logística (el inicio del nuevo ciclo escolar), se tardaron en avisarme, por lo que me preguntaron si aún me interesaba. Sin pensarlo dos veces, confirmé mi encargo y a los pocos días, pasé por éste a la sucursal del Pasaje Zócalo-Pino Suárez. (Hoy día, el ejemplar “repetido” de Memorias de España 1937 aún espera su siguiente destinatario, al igual que otro de Vicente Quirarte y de Laura Baeza… Ya llegará su momento.)

Con la fotografía que compartió mi querida María en su cuenta de Twitter, comprendí que todos los sucesos previos por conseguir su obsequio bien valieron la pena y su alegría al recibirlo es mi mayor recompensa. (Dentro de algunos meses ya veré que le puedo enviar, porque Navidad…)

Palabras para una década. El pasado 26 de julio, su columna de confianza, La marcha de las Letras, cumplió diez años de estar en esta revista en línea. A lo largo de esa década, con sus respectivos vaivenes, he compartido afanes e intereses bibliográficos, así también la crónica de sucesos recientes y el recuerdo de figuras entrañables, cuya presencia sigue ganando batallas por aquí.

Recuerdo una escena de Una mente brillante, cuando John Nash, en la ceremonia de entrega del Premio Nobel, compartió con el público sus incursiones en los números y en lo irreal, en espera de contestar a todas sus interrogantes. Hoy puedo decir, como Nash, que aún persisto en esas incursiones -letras en lugar de números, claro-, al encuentro con otras navegaciones (¡al fin y al cabo, Ulises!) y como mi poema favorito de Álvaro Mutis,

Pienso a veces que ha llegado la hora de callar,

pero el silencio sería entonces

un premio desmedido,

una gracia inefable que no creo haber ganado todavía.

 

(¡Muchas gracias por leerme!)

 

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Olivia Teroba

REFUGIO Y FORTALEZA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna de sus Notas inauditas, Ingrid Solana nos dice que la escritura “no se expande en la forma del libro; es, en cambio, una esquina, un tejido de delirios y sombras, fragmentos dispersos y discontinuos, gritos, heridas y cicatrices”. A medida que se escribe, la justa medida de nuestro trabajo se define en esas características, en la manera en que hacen mella en el ser y hacer de todos los días.

En este sentido, la obra de nuestras escritoras mexicanas contemporáneas tiene para dar y prestar. Dentro del género ensayístico, digno es saludar la aparición de Un lugar seguro, primer libro de Olivia Teroba, que confirma por entero la percepción expuesta al principio de estas líneas.

Compuesto por once ensayos (uno más que en la primera edición, de 2019), da cuenta de las inquietudes, andanzas y aprendizajes de su autora, en el arduo proceso de hallar su propia voz, prístina y destellante de claridad, evidentes en la siguiente profesión de fe. En mis textos no quisiera buscar una literatura “femenina” porque ni siquiera entiendo a cabalidad qué podría hacer partiendo de esa idea. No obstante, lo que sí quiero es ubicarme, reconocerme e intentar que de ahí surja mi escritura.

La divisa de Olivia Teroba, en ese sentido, es la misma de Alejandra Pizarnik: “Habla de lo que sabes”. Para lograrlo, fija su mirada en los sucesos y las cosas que le rodean; aunque éstos no le sean del todo halagüeños, como ocurre en su ensayo “Obra negra”: Cuando era adolescente, todo el tiempo pensaba que no quería ser como mi madre. A partir del divorcio, ella tuvo varias relaciones conflictivas, que repercutieron en la vida familiar. Sus problemas emocionales se reflejaban en la estructura de nuestra casa, siempre en construcción. Con todo y los problemas familiares (y la difícil situación que las mujeres pasan en Tlaxcala, de paso), la autora se empeña en dar testimonio de sus vivencias, aunado a la esperanza de asirse a la página escrita, a guisa de salvación y defensa.

(Paréntesis aparte. En el campo de la novela, Gilma Luque exploró en Obra negra ese tipo de altibajos familiares, y del cómo la casa se vuelve metáfora de la vida misma. De cierta forma, ambos textos se complementan.)

En “La culpa”, reflexiona sobre el momento de callar y el instante para hablar: […] Nos quedamos callados, expectantes, incómodos. Intento decir algo pero no me salen las palabras. Muchas veces tengo esa sensación con gente que estimo, pero con quienes no comparto el lugar de residencia, ni la profesión, ni las aficiones ni filiaciones políticas. Es decir, sobre todo con mi familia. Esta percepción sobre la valía de las palabras se entrecruza con la línea de su abuelo, también escritor, inmerso en los trazos de su pequeña patria llamada Tlaxcala. Es una ciudad donde, quien empieza a escribir, se encuentra con un medio literario agotado por el desencanto y el recelo. (A medida que avanzamos en su lectura, nos será irrebatible cambiar patria por matria, porque de ella venimos y hacia ella vamos.)

Una vez que llegamos al ensayo “Presente simple”, Olivia Teroba comparte su experiencia luego de conocer a Elena Garro, cuya vida, obra y milagros le genera un profundo interés. Una de las sorpresas que nos depara la literatura reside en el encuentro con autores que comparten los mismos empeños y afanes que nosotros, y Elena Garro, a decir de la autora, no se queda atrás. Indagar en la biografía de Elena Garro es desembocar en un laberinto. Existen tantas versiones de su vida como biógrafos: ella misma llegaba a contradecirse en entrevistas […] testimonio que utiliza la ficción como herramienta para conducirnos a través de las experiencias desoladoras de la paranoia, el miedo y la exclusión social. En la figura de Elena Garro se materializa la genealogía propia de la autora (elección de antecesores, según el tópico borgiano), y, por añadidura, su constante lectura de la obra le ayuda a consolidar su propia voz.

Hacia el final, los dos últimos ensayos (“No viajaban solas” y el homónimo que da nombre al libro) se unen para afianzar una idea toral en el ser y hacer de la autora: la sororidad, apoyar y apoyarse entre mujeres, a fin de hacer más llevadero este mundo, donde Virginia Woolf y Sailor Moon, por mencionar algunos ejemplos, no cesan de obsequiar lecciones de vida, mismas que terminan, una vez asimiladas por el prisma de la experiencia, en la página escrita, donde […] hay dos claves para el trayecto: confianza y cuidado. Confianza porque la paranoia nos hace más débiles. Y cuidado porque el mundo es un lugar peligroso. Y la vida es frágil y por lo tanto hay que cuidarla.

En suma, Un lugar seguro da cuenta de aquellos gritos, heridas y cicatrices que componen una vida, así también la esperanza y la grata compañía en el diario oficio de vivir; refugio y fortaleza, la escritura y su ejercicio diario no dejan de prodigar sus mejores milagros, a prueba de tiempo y para hacerle frente a una realidad sin menor atisbo de renovación.

Dentro del panorama ensayístico en México, el nombre de Olivia Teroba reluce con honor junto al de sus colegas Ingrid Solana, Marina Azahua, Laura Sofía Rivero y su paisana Karen Villeda, por mencionar sólo algunas. Desde ahora, se le auguran grandes victorias a este libro, de cuya lectura saldremos con otra mirada, en justo proceder con la vida misma.

Quede aquí la invitación para habitar entre sus páginas. (Así sea.)

Olivia Teroba. Un lugar seguro. 2ª ed. Guadalajara, México, Paraíso Perdido, 2021 (Divague).

 

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Marcos Daniel Aguilar

JINETES DEL TIEMPO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna parte de su Red de autores, José Balza nos dice que el ensayo literario “es un cuerpo vivo, fascinante, el cual es absorbido y devuelto, desde perspectivas formales de gran perfección y desde posiciones conceptuales también originales”. A este respecto, el panorama del ensayo mexicano contemporáneo tiene para dar y prestar y, en ese sentido, en los ensayistas de nuevo cuño mejor se evidencia esa visión expuesta por Balza.

Después de transitar por los caminos del Ateneo de la Juventud y de seguir a golpe de máquina las andanzas y maestranzas de Alfonso Reyes, Marcos Daniel Aguilar se sube de nueva cuenta al corcel del ensayo, para entregarnos un libro de vuelos poco más heterodoxos (¿qué ensayo no lo es?) bajo el nombre de Gestos del centauro.

Como le ocurrió a su leído y admirado Reyes, este libro surgió de la constancia hemerográfica en varias revistas, de la cual tenemos ocho ensayos en torno a la presencia del caballo en el arte y en la literatura, desde la perspectiva de diversos exponentes, que van de Julio Ruelas y Raúl Anguiano a Saint-John Perse y, para variar, el propio Reyes: […] el andar del caballo entre las páginas de los libros y en las laterales de las pinturas se convirtió para mí en ese pequeño detalle por explorar a través del ensayo; porque el equino, además, es un disidente del arte, un outsider de la literatura […].

Libro Jaz

VÉRTIGO Y FASCINACIÓN

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

“Uno escribe para dejar constancia de lo imaginario o como artificio de la memoria. Las palabras son vehículo para la descripción de lo irreal e inasible y también el retrato de lo real y fidedigno”. Una vez leídas estas palabras de Jorge F. Hernández, no nos cabrá mayor duda en decir que le quedarían muy bien a un cuentista, navegante de dos aguas (lo inasible y lo fidedigno), donde al final del día su cuidada prosa y el amor al detalle destellen por los cuatro costados.

Y cuando esas cualidades recaen en una pluma de cuño reciente, los resultados no dejarán de sorprendernos y éste es el caso. Después de breves apariciones en antologías, cuadernillos de corto alcance y volúmenes colectivos, Jazmín García Vázquez nos entrega su primer libro, que destella constancia y talento desmedido en un género de grandes afanes, pero conciso en forma y fondo.

Después del exilio se compone por quince cuentos, donde se pasean, como por casa propia, el terror y la ciencia ficción, y aunque por instantes su breve extensión genere desconcierto, su eficacia es notoria en cuanto a tener su historia muy bien cuajada. Entremos en materia. Por el lado del terror, la autora posee un dominio muy marcado del género, como puede verse en “Un crimen”, “Bajo la cama” o “La otra familia”, pero es en “Los hombres perseguidos” donde esto mejor se evidencia. Santiago observó al hombre, se preguntaba cuántos años tendría, cuantos realmente había vivido e imaginaba a sus hijos esperándolo llegar a casa. De golpe, todos esos escenarios elaborados en su cabeza fueron derribados y otros más ocupados por esa mujer diciendo: Ya es hora. Sólo bastó que la última palabra se deslizara fuera de su maldita boca para que el sujeto cayera “accidentalmente” a las vías del tren justo cuando el inmenso gusano metálico se acercaba a toda velocidad. La sangre invadió las vías y el terror las miradas, pero nada conmovía el hierático ser de la mujer, quien se mostraba orgullosa de haber terminado un trabajo a tiempo.

Andea Chapela

SABER EN UN PARPADEO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna de las canciones que conforman el Viaje épico hacia la nada del grupo español Love of Lesbian, podemos encontrar la siguiente frase: “Unos días soy y otros días sé”. A medida que se ejerce el oficio de la escritura, no faltarán instantes donde lo escrito es un instante de nuestra vida o la impronta del conocimiento adquirido. Aun así, ambos escenarios nos ayudan a definir mejor el lugar que ocupamos en el tiempo.

Para quienes hemos seguido la trayectoria de Andrea Chapela, ésta se compone de primeras incursiones, tanto en la novela, el cuento y ahora con el ensayo en el volumen que ahora nos ocupa: Grados de miopía, donde sus inquietudes confluyen hacia la misma línea, a fin de buscarle explicación alguna de las cosas que le rodean; concretamente, las que se encuentran -literalmente- a primera vista.

En los tres capítulos de Grados de miopía, se busca conocer el engranaje secreto que une a la ciencia con la literatura, a partir de tres fenómenos visuales, en aras de comprender su visión periférica del tema, o, por lo menos, de la ciencia. Antes de escribir busco modelos para orientarme. Es un remanente en mi educación científica. Confío en las definiciones para dar claridad desde el principio y siento que es más fácil entender algo si se le nombra. […] Ver la ciencia desde un punto de vista poético es buscar en el extrañamiento una especie de reencuentro.

Héctor Iván González

UNA DOCENA BIEN CONTADA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna parte de Somos cuentos de cuentos, José Saramago nos dice lo siguiente: “¿Qué hacemos, los que escribimos? Nada más que contar historias”. Sin importar el género o si se lleva el oficio en las venas, una buena historia no se hace esperar; sin embargo, ésta se disfruta mejor cuando cuaja de principio a fin, y en este sentido, el cuento es su denominación de origen.

Después de incursionar en el ensayo de corto y largo aliento -con una breve escala poética-, Héctor Iván González se interna por los senderos del cuento para entregarnos su primera carta de navegaciones bajo el nombre de Los grandes hits de Shanna McCullough.

Compuesto por doce cuentos (cuyo número me recuerda otro libro, de peregrina estampa), además de una prosa elegante y fluida, en éstos se denota un amor al detalle y una historia redonda en cuanto a su desarrollo, cuya atención de mantiene firme de principio a fin. Tal y como se puede ver en “Una historia (History)”, donde uno se sabe narrado mientras haya alguien dispuesto a conocer tu historia: […] en realidad me encuentro ante los límites de una palabra, porque no sé si su historia es más una History que una storiette. Quizá el cúmulo, el contacto, el juego y la continuidad de historias (Storiettes) van formando tu Historia (History). Y en realidad me conmueve darme cuenta de que así como esta palabrita, tú te desarrollas en varios planos, por lo menos en más de dos. Una evocación y encuentro con una mujer se vuelve, de manera periférica, en una breve reflexión acerca del cuento, del cómo una historia puede formar parte de otra más grande, y viceversa.

LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Cumpleañeros a lápiz. Desde el primero de enero, el dibujante y caricaturista (de oficio, monero) José Hernández comparte a diario en su cuenta de Twitter una serie de dibujos sobre figuras que nacieron en el día que corre; al realizarles un dibujo, además de mantener el brazo caliente para elaborar el cartón político del momento, les rinde señero homenaje, por las enseñanzas recibidas y por el grato recuerdo. Sin embargo, para muchos seguidores suyos esta idea no es muy halagüeña que digamos, y no dejan de lanzarle calificativos de toda índole -mismos que no repetiremos por aquí, para no darles pelota, como dicen en Argentina-, los cuales no tienen razón de ser. (Y aunque la tuvieran, están de sobra…)

Ver en líneas de lápiz a Marcos Mundstock (la elocuencia detrás de Les Luthiers), Elena Poniatowska o el recién llegado a la octava década Bob Dylan, por decir algunos, denota una marcada fidelidad y admiración a gente que ha dejado una impronta positiva en el mundo, en particular, desde los campos de las ciencias, las humanidades, las artes y el deporte. (Hasta el momento, no hay político alguno en sus dibujos onomásticos, y no hay necesidad de ello, puesto que en los cartones tiene manga ancha para esos menesteres…)

Galería 2

  • El metro en contigencia sanitaria por el COVID-19
    Estación del Metro, Salto del Agua. Foto: Alfredo Martínez
  • Entrada a Celebrando la Eternidad
    Entrada Bosque de Chapultepec. Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad
    Celebrando la Eternidad en el Bosque de Chapultepec. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad II
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad I
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Parque Ecológico Xochitla
    Ofrenda de Día de muertos Parque Ecológico Xochitla en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • El xoloitzcuintle.
    elebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Grabados de José Guadalupe Posada
    Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ofrenda Monumental Tepotzotlán
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Día de Muertos en Tepotzotlán
    Día de muertos en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Catrina 2019
    Catrina en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Olas de mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Nubes
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de carretera
    Fotografía: Carolina Bello
  • Playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Camino a la pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Vista de la pirámide de la Luna
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje panorámico de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pieza del museo de la Cultura Teotihuacana
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres