Marcos Daniel Aguilar

JINETES DEL TIEMPO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna parte de su Red de autores, José Balza nos dice que el ensayo literario “es un cuerpo vivo, fascinante, el cual es absorbido y devuelto, desde perspectivas formales de gran perfección y desde posiciones conceptuales también originales”. A este respecto, el panorama del ensayo mexicano contemporáneo tiene para dar y prestar y, en ese sentido, en los ensayistas de nuevo cuño mejor se evidencia esa visión expuesta por Balza.

Después de transitar por los caminos del Ateneo de la Juventud y de seguir a golpe de máquina las andanzas y maestranzas de Alfonso Reyes, Marcos Daniel Aguilar se sube de nueva cuenta al corcel del ensayo, para entregarnos un libro de vuelos poco más heterodoxos (¿qué ensayo no lo es?) bajo el nombre de Gestos del centauro.

Como le ocurrió a su leído y admirado Reyes, este libro surgió de la constancia hemerográfica en varias revistas, de la cual tenemos ocho ensayos en torno a la presencia del caballo en el arte y en la literatura, desde la perspectiva de diversos exponentes, que van de Julio Ruelas y Raúl Anguiano a Saint-John Perse y, para variar, el propio Reyes: […] el andar del caballo entre las páginas de los libros y en las laterales de las pinturas se convirtió para mí en ese pequeño detalle por explorar a través del ensayo; porque el equino, además, es un disidente del arte, un outsider de la literatura […].

En la primera parte, “Pincelazos como crines”, desfilan cuatro pintores para quienes la presencia del caballo dio lugar a trabajos emblemáticos de su obra, como ocurre en los ensayos sobre César Hipólito Bacle y Ernesto Icaza, quienes conocieron de buenas a primeras al compañero de sus mejores trazos: […] Bacle retrata a los mendigos pidiendo limosna arriba del caballo, pordioseros que pasarían inadvertidos si no fuera porque están montados en su medio de transporte. […] Además, César Hipólito retrata la vida en los corrales y hasta el tráfico en los caminos debido al encuentro entre vehículos dirigidos por los cuadrúpedos (“Monografía desbocada del infausto César Hipólito Bacle”); La verosimilitud de sus cuadros es incomparable, la dimensión de las figuras y de longitud de las profundidades son siempre las correctas. Pintaba con maestría a los personajes y animales con movimientos reales, con fondos llanos y cielos altos que a primera vista hacen soñar al espectador con una cálida y jovial tarde de campo para rememorar aquel amor por la tierra (“Ernesto Icaza: del caballo al caballete”).

Completan la cuarteta plástica dos mexicanos espectaculares, por heterodoxos (Julio Ruelas) y volcánicos (Raúl Anguiano). Vayamos primero con el contemporáneo de los ateneístas. Si alguna vez ya se había autorretratado cual fauno ahorcado en un árbol, probablemente Julio sea aquel personaje de una de sus viñetas, donde un miserable hombre es amarrado de un pie a la cola de un equino para que éste, a toda velocidad, le desgarre la piel, le rompa el alma y el deseo (“Un fauno retrata al centauro: Julio Ruelas”).

Con todo y la brevedad de “Pinceladas del rejoneador: Raúl Anguiano”, es el de mayor expresividad en cuanto a la presencia equina dentro de su obra, pero a ratos -y a golpe de párrafo- busca estallar (y estallarse frente al lector) su fuerza taurina, responsable de textos memorables de José Bergamín o de Jorge F. Hernández -cuyo apotegma bien podría aplicarse a nuestro autor: “Escribir es torear”. ¿Qué le gustaba […] al artista que también pintó las costumbres del campo y de la clase trabajadora de México? Le agradó, sobre todo, el momento álgido en que el caos se adueñaba del espacio: cuando el toro de lidia embestía sobre el peto del caballo y cuando al perder el equilibrio todo se iba al suelo, provocando el peligro y la imagen de la muerte.

Para la cuarteta reunida en “Utopía del centauro”, Marcos Daniel Aguilar llega a terrenos más o menos conocidos, es decir, de gente de pluma que hizo del caballo parte de sus páginas memorables; Jorge Luis Borges, Saint-John Perse, el Martín Fierro, Don Segundo Sombra y un viejo conocido suyo, que, por sabido, omitimos por mientras. En “Gaucho bueno en pingo, gaucho malo en redomón” tenemos una pequeña gran lección de Historia, donde por fuerza es preciso echar mano de las obras literarias surgidas a la par del proceso histórico (en este caso, de Argentina y Uruguay, y la figura del gaucho): […] por medio de las palabras todavía se respira el olor a campo fresco y a mate amargo, se escucha el galope de la tropa y el relincho de un potro recién domado, un mugido vacuno y la enorme sombra de un gaucho bueno o de un gaucho malo.

Si de altos vuelos hablamos, qué mejor ejemplo de ello es “Alfonso Reyes, poesía a lomo y galope”, donde el autor sigue fiel a su experiencia alfonsina; en concreto, a su relación con el ser equino. Reyes, apasionado de la literatura, de la historia y conocedor de leyendas épicas gracias a su ascendencia militar, describió con su pluma varios episodios en que la furia del equino sirvió para dar golpes certeros en el campo de acción. Episodios que van de la mitología a la historia real y de la historia a lo anecdótico, en donde la batalla a caballo siempre está presente y de manera indisoluble.

Sobre Saint-John Perse y Jorge Luis Borges, el autor enfatiza el tópico equino en sendas obras como Anábasis o el Manual de zoología fantástica. A pie y a caballo son los dos medios que el poeta forjó para introducirse a los oscuros abismos de la esencia de la humanidad, o de la tierra prometida, que a final de cuentas es la manera para conocer cualquier nación, pueblo o persona (“Cabalgata del caribeño Saint-John Perse”); […] a diferencia de los indígenas americanos, los helenos ya conocían al animal, por lo que probablemente el centauro griego sea producto de una “imaginación deliberada, y no de una confusión ignorante”, como les ocurrió a los nativos de las tierras que hoy son México (“Borges visita el zoológico”).

Luego de la lectura de Gestos del centauro, no nos cabrá mayor duda sobre el acertado juicio de José Balza acerca del ensayo literario, del cual Marcos Daniel Aguilar se ocupó en este breve volumen de grandes afanes: “¿cuántos equinos más habrá escondidos entre las historias que leemos y vemos? ¿Cuántos podrán hablarnos sobre nuestra propia existencia en la Tierra?” Mientras esa pregunta busca su respuesta, varios jinetes del tiempo le harán el quite a nuestro autor, y llevar a buen cometido su empresa de encontrarlos.

Para quienes hemos seguido la trayectoria de Marcos Daniel Aguilar, nos encontramos de frente con su libro más atípico, no por ello exento de claridad y elegancia en la prosa, que la habla de tú a sus maestros y colegas de ayer, hoy y siempre. (Quede aquí su dedicada lectura. De verdad.)

Marcos Daniel Aguilar. Gestos del centauro. México, Ediciones Periféricas/ Instituto Tuxteco de Arte y Cultura, 2021.

 

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Libro Jaz

VÉRTIGO Y FASCINACIÓN

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

“Uno escribe para dejar constancia de lo imaginario o como artificio de la memoria. Las palabras son vehículo para la descripción de lo irreal e inasible y también el retrato de lo real y fidedigno”. Una vez leídas estas palabras de Jorge F. Hernández, no nos cabrá mayor duda en decir que le quedarían muy bien a un cuentista, navegante de dos aguas (lo inasible y lo fidedigno), donde al final del día su cuidada prosa y el amor al detalle destellen por los cuatro costados.

Y cuando esas cualidades recaen en una pluma de cuño reciente, los resultados no dejarán de sorprendernos y éste es el caso. Después de breves apariciones en antologías, cuadernillos de corto alcance y volúmenes colectivos, Jazmín García Vázquez nos entrega su primer libro, que destella constancia y talento desmedido en un género de grandes afanes, pero conciso en forma y fondo.

Después del exilio se compone por quince cuentos, donde se pasean, como por casa propia, el terror y la ciencia ficción, y aunque por instantes su breve extensión genere desconcierto, su eficacia es notoria en cuanto a tener su historia muy bien cuajada. Entremos en materia. Por el lado del terror, la autora posee un dominio muy marcado del género, como puede verse en “Un crimen”, “Bajo la cama” o “La otra familia”, pero es en “Los hombres perseguidos” donde esto mejor se evidencia. Santiago observó al hombre, se preguntaba cuántos años tendría, cuantos realmente había vivido e imaginaba a sus hijos esperándolo llegar a casa. De golpe, todos esos escenarios elaborados en su cabeza fueron derribados y otros más ocupados por esa mujer diciendo: Ya es hora. Sólo bastó que la última palabra se deslizara fuera de su maldita boca para que el sujeto cayera “accidentalmente” a las vías del tren justo cuando el inmenso gusano metálico se acercaba a toda velocidad. La sangre invadió las vías y el terror las miradas, pero nada conmovía el hierático ser de la mujer, quien se mostraba orgullosa de haber terminado un trabajo a tiempo.

Por otro lado, la ciencia ficción predomina en la segunda mitad del libro, con cuentos de temática futurista en los que el juego de las posibilidades (donde el hubiera se conjugue en todos los tiempos) echa mano de extraños artefactos y nos presenta toda suerte de historias. En “El mundo futuro”, una ilusión de antaño encuentra el pretexto perfecto para realizarse una vez que echa mano de la tecnología -con música de Mecano a guisa de banda sonora. La creación de las personas virtuales o sustitutos, como muchos los llamaban, representó una bendición para las familias que habían perdido a sus seres queridos, para quienes no podían tener hijos e incluso para aquellos, los menos, que deseaban la dicha de tener un hijo, pero poseían la astucia o pereza de querer sólo las ventajas.

En “Sleep Easy®” y “Dejà vu 40” el hubiera sí puede realizarse, porque tanto los sueños como la realidad pueden modificarse a complacencia, o más bien, para sobornar al destino. ¡El insomnio y las pesadillas quedaron atrás! Con Sleep Easy®, un fácil procedimiento médico, dormir será la mejor parte del día. En el momento en que manifieste deseos de descansar, Sleep Easy® hará efecto y usted disfrutará de un sueño placentero… Al terminar el comercial, el noticiario informó acerca de una secretaria que había envenenado a dos célebres empresarios durante una junta de negocios. Para el segundo caso, por muy eficaces que sean los artificios tecnológicos, una cosa es segura: lo irreductible de la conducta humana. Viajar en el tiempo siempre se ha pensado una imposibilidad […], pero ciertamente se trata de una habilidad natural en nosotros. Cada vez que experimentamos un dejà vu, en realidad se efectúa un salto en el tiempo. Tenemos la sensación de haber vivido ese momento porque de verdad sucedió. (También esto puede verse en “La niña que sonríe”, un cuento tan desolador como luminoso -patentes en el objeto y en la imagen que da lugar a la historia-, que no le hubiera disgustado del todo a P. D. James, autora de distopías de reciente factura.)

Como suele pasar con los grandes libros de cuento, siempre hay un momento para el humor, y éste sale a escena en “Anticuario”, donde el valor histórico se reduce a una transacción comercial, y en “Exilio”, cuya añoranza del Edén perdido se torna desilusión del signo, a decir de Raymundo Ramos.

Con todo, Después del exilio es un libro perfecto a todas luces, por la diversidad de enfoques plasmados en cada una de sus historias, y una cuidada prosa que no requiere de adjetivos despampanantes; vértigo y fascinación que evidencian una consumada maestría en el oficio de contar, por cuyo sendero antes ya transitaron Juan José Arreola y René Avilés Fabila, y hoy día, Atenea Cruz y Andrea Chapela, por mencionar algunos nombres.

Luego de terminar su lectura, no dudo en coincidir con Jorge F. Hernández (cuya obra también es, en el buen sentido, puro cuento) en que se escribe cuento “no al servicio de un engaño, sino por el placer de materializar los sueños”, y en ese sentido, el libro de Jazmín García Vázquez ya logró ese cometido. Mientras esperamos su siguiente obra, quede aquí su profesión de fe hacia un género espectacular. (Así sea.)

Jazmín García Vázquez. Después del exilio. México, LibrObjeto, 2021 (Boleto para cualquier parte, 1).

 

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Andea Chapela

SABER EN UN PARPADEO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna de las canciones que conforman el Viaje épico hacia la nada del grupo español Love of Lesbian, podemos encontrar la siguiente frase: “Unos días soy y otros días sé”. A medida que se ejerce el oficio de la escritura, no faltarán instantes donde lo escrito es un instante de nuestra vida o la impronta del conocimiento adquirido. Aun así, ambos escenarios nos ayudan a definir mejor el lugar que ocupamos en el tiempo.

Para quienes hemos seguido la trayectoria de Andrea Chapela, ésta se compone de primeras incursiones, tanto en la novela, el cuento y ahora con el ensayo en el volumen que ahora nos ocupa: Grados de miopía, donde sus inquietudes confluyen hacia la misma línea, a fin de buscarle explicación alguna de las cosas que le rodean; concretamente, las que se encuentran -literalmente- a primera vista.

En los tres capítulos de Grados de miopía, se busca conocer el engranaje secreto que une a la ciencia con la literatura, a partir de tres fenómenos visuales, en aras de comprender su visión periférica del tema, o, por lo menos, de la ciencia. Antes de escribir busco modelos para orientarme. Es un remanente en mi educación científica. Confío en las definiciones para dar claridad desde el principio y siento que es más fácil entender algo si se le nombra. […] Ver la ciencia desde un punto de vista poético es buscar en el extrañamiento una especie de reencuentro.

El primer ensayo del libro, “El acto de ver a través”, se compone de sesenta apartados, a guisa de apuntes, donde la autora plasma sus pesquisas como inquietudes; interrogantes a final de cuentas. Veamos algunas de éstas: Fluir: los átomos pueden desplazarse con facilidad, no están atados entre sí, no están estáticos. Los fluidos fluyen (es una característica, no un pleonasmo; el lenguaje científico no teme la repetición) porque ante cualquier fuerza se modifican, no ponen resistencia. La Matemática me decía: “Eres como un fluido, te acoplas a los contenedores, te modificas, frente a un obstáculo eliges rodearlo”. Tan fácil lo científico se vuelve metafórico. […] ¿Cómo escribir de ciencia desde afuera? ¿Cómo dejar de ver a través del lenguaje, de usarlo como herramienta, de pretender que hay exactitud en las palabras? ¿Qué le pasa a las palabras científicas al observarlas? Si se estirara la metáfora, diría que se desestabilizan y cambian de estado de agregación. […] Planeo con cuidado mi visita al Palacio de Cristal. Voy sola y camino por el Retiro un día en el que la llegada ya se está transformando en rutina. (A medida que nos adentramos en este ensayo, no dudaría en decir que rutina acabaría por volverse retina…)

El segundo ensayo, “El acto de verse”, se compone de varias partes, todas iniciando de la misma forma (“Podría comenzar…”), donde se da pauta a toda serie de posibilidades, sea para llegar a un mismo punto, sea para replantearse la resolución de un problema, o simplemente dar libre curso a una idea, un recuerdo e incluso la negación de ambos. Queden aquí algunos ejemplos: Podría comenzar diciendo que los espejos son inútiles si nadie se contempla en ellos. Decir: la historia de los espejos es la historia de mirar(se). […] Podría comenzar así: yo frente al espejo, buscando mi semblante, dejo pasar la luz.

Contemplar un espejo, fabricarlo, citar a Lacan, recordar su estancia en Madrid o ver una fotografía, por mencionar otras cosas, son una forma de resumir el acto de verse, de hallar en su reflejo el envés de las cosas, su maquinaria oculta y propia que le da sentido a su presencia en este mundo. A este respecto, recuerdo que en una entrevista al escritor colombiano Álvaro Mutis, éste recordaba lo que alguna vez su madre le dijo: “Detrás de todas las cosas está usted”. Con el tiempo, Mutis descubrió allí la esencia de la literatura. (Paréntesis aparte: la misma frase con que inicia cada sección de este ensayo remite un poco a la estructura de Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, novela compuesta solamente por inicios de novela; aunque, en el caso de Andrea Chapela, la tentación del principio busca traspasar el lindero de la primera línea…)

Una vez conocido el vaivén de ideas y sucesos que llevan a la autora para urdir estos ensayos, llegamos así al tercero que cierra este volumen, “La historia de ver”, donde ciencia y cultura se alternan sin mayores distinciones, confluyendo -¡ahora sí!- hacia el conocimiento, o la obtención de éste: […] Tardé mucho tiempo en aceptar que escribir me ayudaba a entender las preguntas y no a encerrar las respuestas, pero a veces me gustaría tener la claridad y seguridad de las matemáticas, poder declarar fácilmente “esto es lo que quería demostrar”. […] Tengo que escribir mi versión; aunque me aleje de mí misma y me acerque a la ciencia. […] Envidio como Da Vinci logra hacer de lo artístico algo científico, así como yo quiero hacer de lo científico algo personal. […] Pero el arte, a diferencia de la ciencia, suele tergiversar la realidad y es imposible saber si la fotografía es verdadera o falsa. […] Pero la ciencia no puede ser sólo una abstracción objetiva, así como escribir no se trata sólo de lo subjetivo y sentimental. Hay un lugar, tal vez sin nombre, donde coexisten. Y ese lugar sólo existe en la página misma, “para alcanzar este innegable paraíso del espíritu donde la primera respuesta a todas las preguntas es preguntarlas”, a decir de Ikram Antaki.

En suma, Grados de miopía reúne tanto inquietudes científicas como el compromiso con la escritura, a fin de encontrar el entramado propio de las cosas, de justipreciar su presencia en este mundo mediante un constante cuestionamiento; saber en un parpadeo que no deja de prodigar milagros como maravillas. En la ardua empresa de unir ciencia y literatura, Andrea Chapela tiene en Julieta Fierro y la propia Ikram Antaki a sus consumadas antecesoras, y en Mariel Damián y Jazmín García Vázquez a sus compañeras de viaje, en cuya obra destella esa grandiosa fusión.

Desde ahora ya esperamos con gusto su siguiente obra, donde se reafirmen curiosidad y talento desmedido. Quede en ustedes confirmarlo a primera, segunda, tercera vista inclusive. (Así sea.)

Andrea Chapela. Grados de miopía. México, Secretaría de Cultura-Dirección General de Publicaciones, 2019 (Fondo Editorial Tierra Adentro).

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Héctor Iván González

UNA DOCENA BIEN CONTADA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En alguna parte de Somos cuentos de cuentos, José Saramago nos dice lo siguiente: “¿Qué hacemos, los que escribimos? Nada más que contar historias”. Sin importar el género o si se lleva el oficio en las venas, una buena historia no se hace esperar; sin embargo, ésta se disfruta mejor cuando cuaja de principio a fin, y en este sentido, el cuento es su denominación de origen.

Después de incursionar en el ensayo de corto y largo aliento -con una breve escala poética-, Héctor Iván González se interna por los senderos del cuento para entregarnos su primera carta de navegaciones bajo el nombre de Los grandes hits de Shanna McCullough.

Compuesto por doce cuentos (cuyo número me recuerda otro libro, de peregrina estampa), además de una prosa elegante y fluida, en éstos se denota un amor al detalle y una historia redonda en cuanto a su desarrollo, cuya atención de mantiene firme de principio a fin. Tal y como se puede ver en “Una historia (History)”, donde uno se sabe narrado mientras haya alguien dispuesto a conocer tu historia: […] en realidad me encuentro ante los límites de una palabra, porque no sé si su historia es más una History que una storiette. Quizá el cúmulo, el contacto, el juego y la continuidad de historias (Storiettes) van formando tu Historia (History). Y en realidad me conmueve darme cuenta de que así como esta palabrita, tú te desarrollas en varios planos, por lo menos en más de dos. Una evocación y encuentro con una mujer se vuelve, de manera periférica, en una breve reflexión acerca del cuento, del cómo una historia puede formar parte de otra más grande, y viceversa.

De igual manera, un mismo personaje apenas esbozado en una historia se torne figura elemental en otra, como ocurre con Shanna McCullough, de breve mención en “El ánima de Venus” (Las siguientes ocasiones fueron más objetivas, debo admitir: entrabas y empezabas a analizar a la “heroína”, podría ser “Rebequina”, “Dany Cheeks”, “Mariette”, “Silvia Saint”, “Shanna McCullough” o “Rebbecca Wild”. No sé si sólo yo me fijaba en esos detalles, tampoco sé si era la única, pero veía el filme como si estuviera en la sala de Cannes), mientras que en el relato que da nombre al volumen de marras, su vida, reservada al anonimato de la pantalla de plata, se vuelve arranque de biografía para consumo personal. Me fui adentrando en el mundo de Shanna, ya no veía videos de nadie más. Ninguna me interesaba más que ella, incluso me propuse ver otras pornstars, aunque no conseguía sentir nada. […] Era como un acto de fidelidad hacia ella. También deseaba que recibiera la celebridad que merecía, una fama que era muy superior a la que hasta ese momento le habían otorgado. (Si no podemos hacer nuestras esas obsesiones, al menos, el esmero por contarlas sí deber serlo…)

Una constante en Los grandes hits de Shanna McCullough es la presencia de mujeres que destellan encanto y sorpresa en la medida que Héctor Iván González nos las presenta. “Ágata”, por ejemplo, nos devela a una belleza rara, cuyos mensajes de texto pecan de ingenuidad y adolecen de buena ortografía (como los recados de la novia en turno en “El principio del placer” de José Emilio Pacheco), y en “Golpe de temperatura”, por el contrario, nos presenta al polo opuesto, Mercedes, que también se vuelve obsesión para el protagonista, cuya intrepidez hacia ella se queda en mera ingenuidad al conocerle un lado nada luminoso. (En ambos casos, el placer es autoflagelante.)

Otra característica digna de notar, la fluidez con que transcurren los sucesos plasmados en cada cuento, que constantemente nos dan la impresión de estar frente a una pantalla de cine, y no es para menos, porque un buen cuento se escribe con el mismo cuidado y dedicación a los aplicados para la realización de una película. (Si varios de estos cuentos pudieran llevarse a la pantalla grande, entre Damián Szifron y Quentin Tarantino se daría el toma y daca por la silla del director, o por lo menos, para adaptar el guion.)

Una condición sine qua non en toda primera incursión en un género nuevo es la presencia de los autores leídos y admirados: la elección de la propia genealogía, siguiendo el precepto de Jorge Luis Borges, a quien Héctor Iván González rinde pleitesía en “Caravan”, o en “La noche es igual en todas partes”, donde estrecha la mano de Julio Cortázar. Pero el ejercicio de admiración no se queda ahí, sino que se amplia en “La última noche”, de hilo policial y escenarios norteños, donde saluda a sus clásicos contemporáneos como Daniel Sada, o en el caso de “Buscadores de tesoros, Inc.”, donde las travesuras del azar nos remiten a Jorge F. Hernández y su búsqueda de El álgebra del misterio, y, desde luego, al arte de fantasmas -frase de José de la Colina con que definió al cine- que hace eco en más de un cuento.

(Paréntesis aparte. Como parte de esa persistencia cinematográfica, no dudaría en añadirle su propia banda sonora a cada cuento. Por ejemplo, al finalizar “Caravan”, escuchar “Et maintenant” de Gilbert Becaud a guisa de créditos finales; de igual manera con “Alma de loca” de Adriana Varela para “Una historia (History)”, o “With a little help to my friends” en la versión de Joe Cocker para “Buscadores de tesoros, Inc.”, ideal para evocar una aproximación de la felicidad o el reintegro de una realidad sin tapujos. Hasta “Lanzallamas” tendría un énfasis apocalíptico con Piazzolla a guisa de soundtrack…)

Con todo, Los grandes hits de Shanna McCullough da muestra de un consumado oficio de narrador, que se lanza al ruedo una vez que su historia en proceso de contar le sale al encuentro; una docena bien contada donde se evidencia una posible respuesta a la interrogante de Saramago referida al principio de estas líneas: “En el fondo creo que nunca seremos más que la memoria que tenemos. Y que esa es la única y plausible historia que podemos contar […], en los personajes que vamos inventando, a su vez inventores de nosotros mismos”.

Quede aquí constancia de un escritor non, en espera de que sus intenciones se vuelvan invenciones, por obra y gracia de la literatura. (Así sea.)

Héctor Iván González. Los grandes hits de Shanna McCullough. Monterrey, México, Dieci7iete Editorial, 2021 (Entre Fronteras).

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LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Cumpleañeros a lápiz. Desde el primero de enero, el dibujante y caricaturista (de oficio, monero) José Hernández comparte a diario en su cuenta de Twitter una serie de dibujos sobre figuras que nacieron en el día que corre; al realizarles un dibujo, además de mantener el brazo caliente para elaborar el cartón político del momento, les rinde señero homenaje, por las enseñanzas recibidas y por el grato recuerdo. Sin embargo, para muchos seguidores suyos esta idea no es muy halagüeña que digamos, y no dejan de lanzarle calificativos de toda índole -mismos que no repetiremos por aquí, para no darles pelota, como dicen en Argentina-, los cuales no tienen razón de ser. (Y aunque la tuvieran, están de sobra…)

Ver en líneas de lápiz a Marcos Mundstock (la elocuencia detrás de Les Luthiers), Elena Poniatowska o el recién llegado a la octava década Bob Dylan, por decir algunos, denota una marcada fidelidad y admiración a gente que ha dejado una impronta positiva en el mundo, en particular, desde los campos de las ciencias, las humanidades, las artes y el deporte. (Hasta el momento, no hay político alguno en sus dibujos onomásticos, y no hay necesidad de ello, puesto que en los cartones tiene manga ancha para esos menesteres…)

David Huerta

EN FRANCO PARALELO

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

En su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, Felipe Garrido menciona que, para leer, explorar y transformar el mundo, “nos servimos de cuanto la naturaleza, la tradición, el arte, la ciencia y la tecnología ponen a nuestro alcance”. Mediante la lectura es posible unir todas estas disciplinas, y a fin de encontrarles varios puntos en común, es posible que todas destellen por entero, sin asomo de contraponerse unas por encima de las otras.

Consciente de esta grata confluencia, David Huerta nos entrega un libro que consigna una pasión lectora, a prueba de tendencias actuales -espejismos, las más de las veces- y cuya persistencia no cesa de ofrecerle gratas sorpresas: Correo del otro mundo. Fundamentalmente compuesto por las entregas mensuales en el suplemento Hoja por Hoja, de 2001 a 2008, el autor comparte con nosotros sus hallazgos, así como sus reflexiones acerca de los libros leídos y de cómo su lectura suscita un encuentro con otras disciplinas; en aras, casi siempre, de provocar, en el buen sentido, una conversación.

Album de México

HISTORIA EN ÁLBUMES

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta sobre los álbumes para Kupijy Vargas)

Querida Kupijy:

Hace unos días, te compartí por mensaje privado en Twitter un grato recuerdo que suscitó uno de tus tuits, acerca de lo bonito que era pasar a la papelería y comprar monografías y pequeñas estampas de marco azul conocidas también como biografías. Y aunque el recuerdo compartido data de hace algunos años, no fue el primero en tiempo y forma que se dio en mi vida.

La primera vez que me di a la tarea de llenar un álbum, fue por obra y gracia de una serie de dibujos animados (con una especie de moraleja al término de cada episodio), y con todo y que mi fervor era mayúsculo, no se me hizo llenarlo. Pasó el tiempo y gracias a dos importantes marcas de pan dulce y pastelitos, salió un álbum bastante alejado de los tópicos televisivos y pamboleros: ¡el del Museo Nacional de Antropología! Todavía recuerdo la cara de mi tendero cuando me vendió el álbum, porque bien sabía lo mucho que me divertiría al llenarlo. Como sucedió con el de las caricaturas, no lo pude llenar, pero me preparó para posteriores visitas al museo.

Pasó el tiempo y llegaron otros álbumes, lanzados por sendas marcas de papas y frituras. Incluso recuerdo que mi profesora de sexto grado, Socorro Sarabia García, también le dio por llenarlos, y en ocasiones le obsequiaba algunas estampas, para darle algo de ánimo en su empeño, y quiero pensar que, al llenar aquellos álbumes, ella se volvía “cómplice” de nuestras diversiones. (Paréntesis aparte: Cada día de clase, cabe decirlo, no se enfocaba solamente a las materias, sino que correlacionaba una noticia del momento, o un dato curioso digno de cualquier número de Selecciones, con matemáticas, español, o historia, donde quien esto escribe se conducía de manera natural. Siempre la recuerdo con cariño…)

NOTAS LIBRARIAS DEL INTERIOR 403

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Una presencia notable desde mis primeros años de la carrera de Letras Hispánicas en la (entonces) ENEP Acatlán de la UNAM, reside en mi admirada y querida Nora de la Cruz, cuya generosa inteligencia no deja de sorprenderme. Luego de muchas horas de vuelo tanto en el ámbito literario como en el académico, Nora incursionó en un campo, en principio, reservado a los jóvenes (aunque eso es relativo, claro): hablar de libros en YouTube, es decir, volverse booktuber.

Desde el 24 de mayo de 2020, sus afanes y empeños hallaron cabida en el canal Interior 403, cuyo nombre, según ella ha declarado, tiene reminiscencias de un domicilio anterior, y no es para menos, porque quien vive a flor de piel la experiencia de las letras, éstas siempre serán su casa. Y como en toda casa que se digne de serlo, hay cabida para las visitas inesperadas y también para los vecinos engorrosos, donde al final del día Nora extrae lo más importante y lo sopesa, a fin de hallarle su lugar en el tiempo.

Galería 2

  • El metro en contigencia sanitaria por el COVID-19
    Estación del Metro, Salto del Agua. Foto: Alfredo Martínez
  • Entrada a Celebrando la Eternidad
    Entrada Bosque de Chapultepec. Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad
    Celebrando la Eternidad en el Bosque de Chapultepec. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad II
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Celebrando la Eternidad I
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Parque Ecológico Xochitla
    Ofrenda de Día de muertos Parque Ecológico Xochitla en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • El xoloitzcuintle.
    elebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Grabados de José Guadalupe Posada
    Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ofrenda Monumental Tepotzotlán
    Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Día de Muertos en Tepotzotlán
    Día de muertos en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Catrina 2019
    Catrina en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Ecos del 15 de septiembre...
    Fotografía: Irma Váldez
  • Mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Olas de mar
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Nubes
    Fotografía: Carolina Bello
  • Paisaje de carretera
    Fotografía: Carolina Bello
  • Playa
    Fotografía: Carolina Bello
  • Camino a la pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Vista de la pirámide de la Luna
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje panorámico de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pieza del museo de la Cultura Teotihuacana
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres