COLNAL

NACER DOS VECES

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

(Carta sobre El Colegio Nacional para Rocío Paulina Martínez)

Querida Paulina:

Hace unas semanas, que tuve la fortuna de verte, recordé que alguna vez te pedí prestados tus dos tomos de Noticias del imperio de Fernando del Paso, a fin de devolvértelos firmados por el autor. Al principio te sorprendió mi petición, pero accediste con gusto. Y a vuelta de una semana y pico, te devolví tus ejemplares, ya con la firma del autor. Luego de contemplar el autógrafo en ambos tomos, me preguntaste dónde vi al autor. “En El Colegio Nacional, claro, luego de una conferencia sobre José Clemente Orozco…”, te respondí.

Este grato recuerdo me suscitó otra pregunta: ¿cuándo supe de la existencia de El Colegio Nacional? Creo que tener un primer y vago recuerdo, cuando un compañero de la preparatoria me mostró un libro sobre Octavio Paz que había comprado en alguna feria del libro, y que le costó muy poco (al parecer, veinte pesos). No fue sino años después cuando tuve conciencia plena de la existencia del Colegio, a través de sus publicaciones a la venta en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. (En ese momento, mi interés por la obra de Salvador Elizondo me llevó a comprar, de un solo golpe, los tres tomos que reúnen todos sus libros, y con un generoso descuento del 50%.)

Sin embargo, no quedó ahí mi escala en el stand del Colegio. Varias ferias más tarde, me hacía de los discursos de ingreso de sus integrantes, así también de algunos opúsculos de homenaje y hasta los volúmenes correspondientes de las Memorias anuales. Y más adelante, me hice de otros libros de temáticas diversas, mismos que conservo hasta la fecha. (De esa forma, los discursos de ingreso de Fernando del Paso, Enrique Krauze, Luis Fernando Lara, y el homenaje a Jorge Luis Borges eran los más comprados en cada una de mis visitas. Y quiero pensar que soy enteramente culpable de haber agotado las ediciones respectivas…)

En agradecimiento por mi persistencia editorial, alguna de las personas que atendía el stand me obsequió un folleto informativo sobre un ciclo de conferencias sobre los cien años de Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, impartido por José Emilio Pacheco, al cual acudí gustoso y al final de cada sesión, el público se acercaba al escritor para obtener su firma en alguno de los libros que llevaba. Quien esto escribe hizo lo propio con una edición de la novela Morirás lejos, el volumen de cuentos El principio del placer y el tomo de su poesía reunida (hasta ese momento), del cual corrigió una errata de puño y letra. Al término de la tercera conferencia, una de las empleadas del colegio (la misma que me atendía en el stand de Minería tiempo atrás, según recuerdo) nos obsequió un folleto anunciando un ciclo de conferencias de Fernando del Paso en torno a la iglesia católica y el Holocausto, del cual sólo acudí a una, donde al final me firmó Noticias del Imperio, Sonetos del amor y de lo diario, y De la A a la Z por un poeta. “Supongo que es para un niño…”, me dijo Del Paso. “Más bien, una niña, maestro. Su nombre es Miriam”. Y lo firmó gustoso. (Ojalá y ella aún lo conserve.)

Con todo y que el ciclo impartido por José Emilio Pacheco fue el primero al que acudí, donde me apliqué sobremanera fue el de Enrique Krauze, La vocación del biógrafo, en 2006, donde conocí su obra escrita, compuesta de biografías de caballete y de largo aliento. (Durante toda la semana que duró el ciclo, conocí a un abogado y a un historiador, que con el tiempo se volvieron amigos de grata coincidencia…)

Al año siguiente, luego de una conferencia en el Antiguo Colegio de San Ildefonso sobre arquitectura, me atrajo la atención que mucha gente iba entrando a El Colegio Nacional, y sin proponérmelo siquiera, hice lo propio. Después de ocupar mi lugar en el aula mayor (donde antes había escuchado a Pacheco, Del Paso y Krauze), supe la razón de tanta concurrencia: el homenaje a Beatriz de la Fuente, primera mujer en ingresar al Colegio (y a quien, dicho sea de paso, tuve la fortuna de escuchar en su última conferencia en la Academia Mexicana de la Historia años atrás), con la participación de Miguel León-Portilla y Eduardo Matos Moctezuma. (Una de las peculiaridades de los homenajes a sus integrantes, es la develación de su retrato, mismo que se ubicará en la pinacoteca del Colegio. No sería la única vez que vería algo así…)

Una conferencia que recuerdo con especial atención (y seguramente tú también) fue la impartida por Carlos Fuentes sobre la novela de la Revolución mexicana. Llegué con más de una hora de antelación, y pese a la advertencia de que no habría firma de libros ni fotografías con el conferencista, no podía ocultar el gozo por escuchar un poco más cerca del autor de La muerte de Artemio Cruz. (¡Estuve en la segunda fila, atrás de Marisa Escribano y de Mauricio Carrera!) Al término de la conferencia, Fuentes agradeció la atención del público y, acto seguido, se despidió. Ésa sería su última aparición en el recinto de Donceles 104.

Entre ciclos de conferencias y homenajes, el suceso capital en la vida de El Colegio Nacional, sin duda alguna, es la ceremonia de ingreso de un nuevo integrante, cuya presencia viene a inyectarle juventud a una institución de casi un siglo de trayectoria en el medio cultural y científico de México. A finales de febrero de 2016, tuve la fortuna de asistir a la lección inaugural (otra manera de llamarle al discurso de ingreso) de un historiador harto conocido por nosotros: Javier Garciadiego. (¿Recuerdas que asistimos a su ingreso a la Academia Mexicana de la Historia, en compañía de nuestra siempre querida Rosalía Velázquez Estrada, en septiembre de 2008?) Aunque en ese momento, no tuviste la dicha de acompañarme, de cierta manera sí lo estabas, dado que acudí acompañado por una tocaya tuya, pariente lejana del nuevo habitante de Donceles 104, por cierto.

Son tantos recuerdos los que tengo de El Colegio Nacional que una carta no sería suficiente para plasmarlos: algunos se me escapan de momento, y otros, prefiero obviarlos. De lo que sí estoy plenamente seguro es de su permanencia, y, como hija de Clío que eres, sabrás entender esto último.

De unos años a la fecha, una escritora que respeto mucho se lanzó en una cruzada contra El Colegio Nacional, por la excesiva remuneración que perciben sus integrantes (en especial, algunos que no son de su agrado), pero, de cierta manera, los integrantes desquitan bien y bonito ese estipendio. ¿De qué manera? Mediante publicaciones, organización de mesas redondas (con la participación de colegas externos a la institución) y, sobre todo, en cumplir a cabalidad el postulado que la rige: Libertad por el saber. (Decía Francisco Villa que primero se le debe pagar a los maestros y después, a los soldados, y tomo esa idea para los integrantes del Colegio: mejor a ellos que a una punta de diputados petardistas y de senadores acomodaticios: éstos sí, más nocivos que los que -supuestamente- denuncia nuestra colega.)

En fin, Paulina, ahora que El Colegio Nacional acaba de cumplir 78 años de su fundación, y de su inicio de labores, el próximo 15 de mayo, no dudo ni un ápice en decir que sí se vale nacer dos veces, siempre y cuando la causa sea justa, y cuyos frutos de su esfuerzo continúen ganando batallas después de todo. (Los gobiernos, las administraciones, las filias partidistas van y vienen, pero el conocimiento se fortalece a diario.) Todavía le queda al Colegio librar una batalla importante: el aumento de su nómina femenina. Beatriz de la Fuente, María Elena Medina-Mora, Linda Manzanilla, Concepción Company, Julia Carabias, Susana Lizano y, desde hace tres semanas, Susana López Charretón, siguen a la espera de sus nuevas compañeras.

En espera de proseguir la conversación, desde y en Donceles 104, recibe desde aquí mi cariño y admiración.

Un abrazo,

Ulises Velázquez Gil

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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