DOS LIBRETAS MORADAS

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Una de las cosas ineludibles que siempre hago antes y después del periodo vacacional decembrino, es visitar alguna sucursal de esas cadenas de papelería y artículos para oficina, ver las agendas que no puedo comprar (no por falta de presupuesto, sino por exceso de cordura, por aquello de la utilidad), revisar la disponibilidad de sobres burbuja (para futuros envíos por correo), checar la existencia de cartuchos para mis plumas fuente, y, por supuesto, encontrar alguna libreta tipo moleskine acorde a mi capital del momento. De todas mis incursiones, siempre salía con la cabeza baja, hasta ahora que el agua de azar me concedió sendos milagros, de Navidad y Santos Reyes.

La primera libreta, de casi un centenar de hojas de cuadro chico, pegada y cosida, con su marcapáginas de listón y la infaltable liga para sujetar las tapas, fue el veintiúnico ejemplar que había de ese diseño; una vez que la compré, en lugar de usarla de inmediato y de plasmar algunas líneas con mis estilográficas de batalla (las tres, obsequio de colegas y amigos, digno es decirlo), preferí esperar a la llegada del jueves 22 de diciembre para entrar en acción. En la mañana de ese día, luego de firmarla con mi rúbrica de escritor y de plasmar una frase en la parte superior (suerte de “cábala” que siempre aplico en toda agenda nueva), llené la página con algunas líneas en celebración de una queridísima amiga (cuyo cumpleaños es precisamente el veintidós), y hasta acompañadas con un dibujo, de aquéllos que suelo hacer en momentos de ocio o de aburrimiento.

La segunda llegó apenas el mero día seis de enero, un poquito menos ancha que la primera, pero con más páginas (aunque a la vista se ve más esbelta); luego de signar mi rúbrica de escritor y la frase “cabalística”, estuve a un paso de poner algunas líneas, pero me detuve y hasta el momento en que urdo estas líneas sigue en espera. (¿Qué habré de plasmar en aquellas páginas?)

Con todo y que ambas tienen los elementos que distinguen a toda libreta y/o agenda que uso para el año que corre, hay otro que me atrajo sobremanera y que, de cierta manera, es un homenaje y una deuda de honor: el color morado de sus tapas. (Sobra decir a quién me refiero, figura principal de varias reseñas albergadas en esta columna… Palabras y corazón vestidos de obispo y oro.)

A la par de sendas libretas, a mi lado también tengo otra dupla, de libros que apelan a la brevedad: El futuro recordado y Vivir bien la vida. Un discurso para alentar a una generación, una antología de artículos breves, pero de prosa expansiva. No dudaría ni un ápice que ambos libros surgieron de una libreta (o de varias), lo cual me alienta un poco más en mi empresa de escribir toda serie de ideas y ocurrencias -que no son lo mismo, digno es subrayarlo.

¿Qué me espera a partir de la primera hoja? Los apuntes para un relato mensual para consumo privado, o quizás un arranque de poema, o también ideas sueltas para ulteriores columnas, donde no tenga que pasar por “la vieja confiable” que los clásicos llamaban maquinazo. Eso sí, no faltarán algunos perfiles femeninos, a vuelapluma (fuente), o una cita textual entresacada del libro presente en mi mesita o en mi bolsa.

Dos libretas moradas, como callados centinelas de mis desvelos y ensoñaciones.  

@Cliobabelis

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario

Galería 2

[huge_it_slider id="16"]