LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

Alberto Ruy Sánchez, Premio Nacional de Artes y Letras 2017. Una buena noticia que no se me puede ir de las manos (y menos en esta última entrega del año) es la concesión del Premio Nacional de Artes y Letras -antes, de Ciencias y Artes-, en la categoría Lingüística y Literatura, al escritor y editor Alberto Ruy Sánchez, quien durante este 2017 estuvo muy sonado por donde quiera que se vea: la aparición de sendos libros nuevos: Escrito con agua, plaquette publicada por Parentalia ediciones, y Los sueños de la serpiente, novela aparecida bajo el sello de Alfaguara; y en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, fue distinguido con la máxima distinción Homenaje al Bibliófilo. Y para coronar un año de amplio reconocimiento, le llega el Premio Nacional de Artes y Letras, en acto de suma justicia.

Al momento en que me llegó la grata noticia, en este 2017 tuve la dicha de coincidir con Alberto, por lo menos, en un par de ocasiones, por obra y gracia de Parentalia ediciones: una, cuando la presentación de Escrito con agua, en la Casa del Poeta “Ramón López Velarde”, y semanas después, en el Palacio de Bellas Artes, en la “reunión de familia” de las nuevas plaquettes de Lucía Rivadeneyra, Luis Miguel Aguilar, Roxana Elvridge-Thomas, Hernán Bravo Varela y Raúl Renán (cuya ausencia todavía se resiente en el aire).

¿Cuándo fue la primera vez que leí algo suyo? Según recuerdo, fue en el último número de la revista Vuelta, donde salió su texto “La inmarcesible”, que tiempo después redescubrí en Cuentos de Mogador, antología publicada en la tercera serie de la colección Lecturas Mexicanas de Conaculta. Y en ese tiempo, también llegó a mis manos la primera edición de Los nombres del aire, primera parte de su hoy conocido Quinteto de Mogador. Quedé maravillado por una prosa bien cuidada, que siguió apareciendo en mi vida cuando llegaron más libros suyos, tres por obsequio: Los jardines secretos de Mogador, por una trivia del programa El Tal Chou de Canal Once; Luz del colibrí, por el programa Bazar de Letras, de Código CDMX Radio, y La mano del fuego, por obra y gracia de una colega investigadora.

Aquí ustedes se preguntarán cuál es mi libro favorito de Ruy Sánchez, y, a decir verdad, no sé bien qué responderles, aunque podría intentarlo: Los nombres del aire fue el primero que leí, pero Los jardines secretos de Mogador me llegó al corazón en un momento muy difícil de la vida. Y su faceta poética, expresa en Escrito con agua y Luz del colibrí, en fechas recientes, me ha sorprendido sobremanera. (Más bien, cada época se inclina por uno u otro título de Alberto; lo que sí no puedo negar, es lo maravillado que me quedo luego de su lectura.)

Para celebrar, ahora y siempre, al gran Alberto Ruy Sánchez, es acercarse a sus obras; el Quinteto de Mogador, para quien guste viajar hacia su cartografía literaria, o quizás sus libros de ensayo sobre Octavio Paz y André Gidé, y también su poesía, faceta de reciente incursión. (De cualquier manera, su ulterior lectura los sorprenderá… como a mí.)

El “Eje Arreola-Chumacero-Martínez”. Hace tres años, se celebró el centenario de tres grandes escritores mexicanos nacidos en 1914: Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas; hace un año, se hizo lo propio con Elena Garro, y este ya fugaz 2017 fue de sonados actos en loor de Juan Rulfo. Ahora 2018 se vislumbra para ser otro año para tres escritores también llegados al centenario: Juan José Arreola, Alí Chumacero y José Luis Martínez.

A principios de este mes, una colega muy querida y quien esto escribe lamentábamos que al “juglar de Zapotlán” no se le diera mayor difusión, pero confiamos plenamente en que 2018 nos mejore el panorama; respecto a Alí Chumacero, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) comenzó con las celebraciones en torno al poeta y editor nayarita con el obsequio de Pasa el desconocido, su antología personal, en el Día Nacional del Libro.

Sobre José Luis Martínez, crítico literario, editor y diplomático (“curador de las letras mexicanas”, según Gabriel Zaid), todavía no se contemplan actividades en el horizonte; si me permiten la sugerencia, no estaría mal que se reuniera toda su obra, dispersa en antologías y estudios críticos: desde los primeros textos de Primicias (obra de arqueología literaria, debida al siempre curioso Adolfo Castañón) hasta esa maravillosa carta de amor a los libros llamada Biblioflia, pasando por Recuerdo de Lupita, joya memorialista de alcances familiares. (Y, claro, la continuación de su vertiente epistolar, iniciada en 2014 con Al calor de la amistad, su correspondencia con Octavio Paz.)

Ya veremos si el “Eje Arreola-Chumacero-Martínez” gana éstas y otras batallas en 2018. (Ojalá…)

Cita a contratiempo. “Transitaré palabra por palabra, signo por signo, por el inmenso laberinto de fantasmales presencias que me contienen y me agitan […]” (Raymundo Ramos, Mi diario sobre ti)

[Desde aquí, un abrazo y mucha fuerza, maestro.]

Y siguen los aniversarios. Y para que no digan que sólo nos subimos al tren del mame, 2018 también será de grandes aniversarios, aparte de los arriba referidos.

Cuatro portentosos narradores llegan al 90 aniversario (Inés Arredondo, Amparo Dávila, Carlos Fuentes y Jorge Ibargüengoitia); dos polifacéticos, a los 80 (Arturo Azuela y Carlos Monsiváis), y una escritora de dos orillas, a los 70 (Vilma Fuentes). Y como será de esperarse, no faltarán mesas redondas, ediciones especiales de sus libros y homenajes a diestra y siniestra para esta grey de ingeniosos y geniales escritores.

Y como la joya de la corona, un decimonónico eminente llegará al bicentenario en 2018: Guillermo Prieto, ni más ni menos.

(Por mientras, ellos serán de los homenajeados en el siguiente año -más los que se acumulen en la próxima edición de la FIL Minería.)

Saludos y recomendaciones. En el hebdomadario oficio de leer el mundo (es decir, el de hacer una columna, ¡y en línea, para más señas!), son contados los compañeros de ruta, que de cuando en cuando intercambiamos impresiones, datos y hasta gloriosas coincidencias. Y en esta ocasión, no quiero cerrar el año sin rendirle señero homenaje a dos colegas muy queridos: Marcos Marín y Nisla Aranda, quienes comparten su mirada a mundos que se escapan allá afuera en sus columnas en línea.

En los siguientes puertos:  https://www.elimparcial.es/marcos-marin-amezcua/autor/49/ (Marcos Marín) y http://www.jornada.unam.mx/ultimas/persona.info?nisla-aranda (Nisla Aranda) tendrán más noticias de ellos. Por ahora, sólo me resta saludarles desde aquí.

(Muchas gracias por su atención en este 2017. ¡¡Nos leemos en 2018!!)

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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