LAS HORAS DE MI AGENDA

Escrito por Ulises Velazquez Gil el . Posteado en La Marcha de las Letras

Ulises Velázquez Gil

La batalla por las novelas. Hace algunas semanas, se dio en redes sociales (y fuera de ellas) una rebatinga por conseguir las entregas quincenales (hoy semanales) de una colección de libros asequible en puestos de revistas. Me refiero a Novelas Eternas, de la editorial RBA, en cuyo catálogo se encuentran obras de Emily Brönte, Jane Austen, Edith Wharton, León Tolstói, por mencionar algunos autores. Por el revuelo causado desde la aparición de la primera entrega, se suscitaron algunos problemas, entre los cuales podemos mencionar el desabasto de ejemplares en los puestos de revistas y la consiguiente reventa de los ejemplares agotados, a precios que van hasta el triple del costo normal. (Una colega muy querida, Elyse Hdez., no se equivocó al llamar a la colección “Novelas inalcanzables”. Por algo ¿no?)

Semanas después de aquel lanzamiento, otra editorial de iguales afanes, de nombre Salvat, sacó al mercado una colección similar: Grandes Novelas de Aventuras, la cual no se diferencia del todo de Novelas Eternas, salvo en algunos títulos de su catálogo y en algunos elementos de su diseño. Sin embargo, tanto la distribución de sus entregas como el surtido de ejemplares en puestos de revistas y tiendas departamentales -la de los tres buhitos, o la del puerto británico-, está bien organizada, con el fin de que todos los interesados cuenten con su ejemplar, para formar la colección o para tener la entrega de su predilección. (El responsable de estas Horas tuvo que esperar algunas semanas para tener en sus manos La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne, sin verse obligado a formar toda la colección desde el principio…)

Por ningún motivo se busca defenestrar a las coleccionistas de Novelas Eternas, ni de sobrevalorar a los de Grandes Novelas de Aventuras. Simplemente comprender su empeño en cuanto a juntar la colección, donde ambas tienen el mismo objetivo: llevar la lectura a todos los rincones. Desde que tengo uso de razón, gracias a los puestos de revistas, mucha gente ha formado, modestamente, sus bibliotecas. Recuerdo que mis primeros libros fueron, precisamente, adquiridos en puestos de revistas, como las Biografías para niños del INEHRM, y, claro, los famosos Cuentacuentos de Salvat, con todo y elepé o cassette incluido; y algunas décadas más tarde, las entregas de Narrativa Actual Mexicana de Planeta y CONACULTA, y las Grandes Obras del Pensamiento Contemporáneo de Altaya.

Desde aquí, mi reconocimiento y admiración para aquellas personas que persisten en su empeño de juntar una colección que les obsequie, además de un buen objetivo, la satisfacción de conocer grandes obras clásicas de la literatura, donde, como suele decir un viejo amigo allende el mar, nazca un siguiente lector, que se maraville con las letras de Emily Brönte o de Julio Verne. (Ahora y siempre, #FelicesLecturas.)

Dos partidas recientes. Hace algunas semanas, nos llegó la noticia del fallecimiento del poeta y académico Enrique González Rojo Arthur (1928-2021), de quien sólo queda decir que toda su vida estuvo a caballo entre la literatura y la militancia social, a favor de las causas justas, donde fue compañero de lucha de José Revueltas, por decir algo. Por el lado de la literatura, González Rojo Arthur nació en una cuna de palabras, literalmente, por ser nieto e hijo de dos poetas: Enrique González Martínez y Enrique González Rojo (de trayectoria meteórica, pero espectacular).

Como suele pasarme con la mayoría de los escritores, tuve la fortuna de conocerlo dos veces: la primera, leyéndolo, y la segunda, en alguna feria del libro. La primera vez que me acerqué a su poesía, fue gracias a sus Ocho poemas y tres puntos suspensivos, publicado en la colección ¿Ya leíssste?, y años después, por vía de Parentalia ediciones, Los rumores de la guadaña.

El segundo acercamiento se dio en 2014, en la FIL Minería de aquel año, cuando asistí a la presentación de su libro Criaturas de la tinta alada: cuentos, minicuentos y cuentemas, publicado por el Instituto Sinaloense de Cultura. Antes de la presentación, me acerqué a él para pedirle su firma en los libros de poesía previamente leídos. Mientras los firmaba, me preguntó lo siguiente: “Usted es poeta, ¿verdad?”, a lo que respondí: “Se supone…” Luego de escuchar mi respuesta, se echó a reír y me invitó a quedarme a su presentación. Al final de ésta, le entregaron ejemplares de su libro, y en agradecimiento por mi asistencia, sobre todo, por la grata conocencia, me obsequió un ejemplar, el cual pedí que sólo estampara su firma en él. (Hoy veo ese ejemplar y a medida que leo sus cuentos, me vuelve el recuerdo de un escritor generosamente inteligente.)

La noticia de otra pérdida en el mundo de las letras mexicanas nos llegó la semana pasada con el fallecimiento de Emiliano González, escritor que cultivó la vertiente fantástica en sus narraciones, y recipiendario del talento de su madre Julieta Campos, también narradora, y de su dedicada lectura del tiempo presente, por vía de su padre, Enrique González Pedrero.

A decir verdad, he leído pocas cosas de Emiliano González (1955-2021), pero ahí no debe quedarse mi intención, sino abogar por la difusión de su obra y, por ende, su ulterior compilación en un solo volumen. Al momento de escribir estas líneas, sólo se puede conseguir en las librerías Educal su libro Los sueños de la bella durmiente en la colección La Centena, y sus Ensayos en el Fondo de Cultura Económica, dentro de Letras Mexicanas, colección canónica donde se publicó Reunión de familia, la narrativa completa de su madre.

Supe de él gracias a una colega y amiga socióloga muy querida, quien fue, además de alumna de don Enrique González Pedrero, su colaboradora durante su periodo como gobernador de Tabasco, y con el tiempo, amiga suya y de su esposa Julieta. (“Su hijo salió con buena pluma, como debía de ser…”)

Hoy queda el acercamiento y la lectura de la obra de ambos, a la espera de encontrar otras claves para seguir de pie en esta vida, con todo y altibajos. (Un breve recuerdo para ambos.)

De arte y poesía. “Toda gran pintura, a la cual sí aspiro (pero en la cual no incluyo la mía), tiene una relación íntima con el arte poético. Pienso que el mundo no está movido por la economía, como se ha creído sobre todo en nuestra época, sino por la poesía. Como dije, tengo enorme respeto por las palabras, pero más cuando éstas forman un poema: siempre he pensado que todo poemario, incluso cuando no en su expresión más alta, contiene una línea que a mí me hubiera gustado escribir. Relaciono la poesía con algo más amplio, es decir, con la vida diaria: eso ha sido una norma para mi trabajo. He procurado que esté en todo lo que he hecho. Yo admiro en un poema su espíritu ilimitado, su afán de conceder toda la voz a la imaginación. En mi pintura he buscado el equilibrio entre rigor y libertad: aun cuando la obra esté acabada y pulida, procuro que a la vez guarde la idea inicial. Al igual que en todo arte, cuando en pintura se pierde el sentido poético también se pierde su destino más profundo. Por otra parte, he tenido la fortuna de realizar grabados para libros o carpetas en colaboración con poetas (y con narradores). Y las imágenes y los textos de este trabajo conjunto han quedado reunidos en nuestro libro Alas de papel. Me gusta recordar la frase de Luis Cardoza y Aragón: ‘La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre’” (Vicente Rojo, Diario abierto, Ediciones Era/El Colegio Nacional/Universidad Autónoma de Nuevo León).

A guisa de homenaje a Vicente Rojo (1932-2021).

Un jardín en nuestras manos. Aprovecho la escala reciente de estas Horas para celebrar la aparición de El jardín de las certezas, la primera novela de mi querida colega y amiga Diana Ramírez Luna, y tercer libro de una obra que sigue acumulando millas de vuelo en el diario oficio de la escritura.

Recuerdo que la primera vez que leía algo suyo, fue su libro de cuentos A hurtadillas, encontrado en el pabellón del Estado de México en la FIL Minería de 2015. Una vez leído, mereció la reseña (misma que pueden leer en el acervo de la columna) y tiempo después, conocer a su autora, con quien he compartido toda suerte de proyectos, presentaciones y gratas coincidencias, donde la FIL del Zócalo, la Casa del Poeta, amigos en común de la Fundación para las Letras Mexicanas y el Palacio de Minería han estado ahí.

Hoy día, con su proyecto de nombre LibrObjeto (del cual recibí la edición impresa de A la sombra de una ceiba, cuento infantil de su autoría) sigue a la espera de ganar nuevas batallas y de seguir conjurando encuentros y travesías. Por el momento, agradezco de nueva cuenta su envío, y en cuanto me adentre por El jardín de las certezas ya les contaré más cosas al respecto. (¡Enhorabuena, Diana!)

Libros gratis en San Lázaro. Desde hace varios días, el Consejo Editorial de la H. Cámara de Diputados realiza varias jornadas de donación de libros publicados bajo su seno, desde libros de política e historia hasta de literatura y temas afines. Para quien esté interesado en conseguir algunas publicaciones suyas -que lo mismo van de La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán hasta los volúmenes facsimilares de la revista Regeneración de los hermanos Flores Magón-, pueden acudir a la Puerta 1 de Visitantes (ubicada en Emiliano Zapata 66, a pocas cuadras de la estación San Lázaro del Metro) este viernes 26, de 11 a 14 hrs., o hasta agotar existencias, por sus ejemplares.

Si de algo sirve el consejo, acudan temprano, porque así alcanzan algún ejemplar de su interés. Gracias a ello, tengo en mis manos Los muros de agua de José Revueltas, una antología de poemas sobre el mar, escritos por Carlos Pellicer, y la ya mencionada novela de Martín Luis Guzmán. (Ahora toca a ustedes hacer lo propio…)

Muchas gracias por leerme.

babelises@hotmail.com

@Cliobabelis

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Galería 2

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  • Celebrando la Eternidad
    Celebrando la Eternidad en el Bosque de Chapultepec. Fotografía: Estrella V. Leonor
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    Fotografía: Estrella V. Leonor
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    Ofrenda de Día de muertos Parque Ecológico Xochitla en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
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    Celebrando la Eternidad. Fotografía: Estrella V. Leonor
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    Día de muertos en Tepotzotlán Fotografía: Estrella V. Leonor
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    Fotografía: Irma Váldez
  • Ecos del 15 de septiembre...
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    Fotografía: Carolina Bello
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  • Pirámide del Sol, Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Paisaje panorámico de Teotihuacán
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres
  • Pieza del museo de la Cultura Teotihuacana
    Fotografía: Estrella Vianey Leonor Torres